“El auto da vuelta a la izquierda y…se fue, listo”, pensó Minoa mientras se aseguraba que ninguna presencia, humana o sobrenatural, estuviera cerca. A esa distancia, podía ver descansando a la vaca café que estaba bajo su cuidado y sería capaz de protegerla si algún granjero pretencioso deseaba llevársela. “En qué bella vaca te has convertido, Delia, siempre te reías imaginando que las diosas te harían un mohicano gracioso, pero no, gran señora, te dejaron un copetito normal. Aun así, te reirías…” una voz pequeña y vivaz interfirió con los pensamientos de Minoa: —¿Ya la llamo?—, susurró inquieta, la joven … Continúa leyendo Miranda Campos: El hogar al que nos dirigimos – Ojos Violetas