María Gorodentseva: El último pierde
—¡Apúrense! ¡Rápido! ¡Al punto de teletransporte! ¡El temporizador se activará en un minuto y, si no llegamos a tiempo, nos quedaremos aquí para siempre! —gritó un hombre con una insignia naranja en el pecho, que indicaba su estatus de líder en aquel grupo de viajeros en el tiempo. Varios hombres y mujeres corrían tras él, agotando sus últimas fuerzas. Sus pies, calzados con botas pesadas, no dejaban de tropezar, y el sudor les empapaba los rostros, pero tenían que lograrlo. Sus vidas dependían de ello. Obtener la autorización para viajar entre tiempos siempre llevaba largos y tediosos meses. Y no … Continúa leyendo María Gorodentseva: El último pierde

