Ana Gabriela Morales Ríos: Los designios del padre

¡Es una lástima verte en este calabozo! Aquí los días, los meses, son como miasmas que irán inundándote por dentro, hasta que sientas que los muros de tu piel, esos que antes te protegían, se van desquebrajando poco a poco y cada vez más, si intentas resanarlos. Eres muy joven pero ya irás entendiendo que les urgía borrarte de su universo perfecto, te condenaron al abandono y al juicio de los demás, somos lo que se esconde debajo de la alfombra. ¿Has pensado cuáles son tus existimentos? Esos motivos o porqués para imaginar con júbilo que un día saldrás de … Continúa leyendo Ana Gabriela Morales Ríos: Los designios del padre

Verónica Zamora: Querida Tali

Querida Tali: Desperté recostada sobre la cobertura de gel blanco con la que rellenan el ataúd de criogenización, no fue diferente que en los ejercicios de simulación: te puedo confirmar que se siente lo mismo despertar de una suspensión de una semana, que más de cien años. Leíste bien: cien. Se lo escuché decir al general Hernández durante el proceso de descriogenización, mientras el doctor en jefe argumentaba en vano que yo servía más como experimento en laboratorio que en campo. Hernández se salió con la suya recordándole que eran ellos, los militares quienes tomaban las decisiones, no importando si … Continúa leyendo Verónica Zamora: Querida Tali

Alondra Isabel: El monumento espacial

Levantarse del trono será todo un reto. Tiene la cara colorada y las piernas acalambradas. Puja mientras sujeta la revista. El aire es espeso y caliente. Sin aliento y cansada, Sofía se levanta del baño. Ganó la guerra, pero perdió las fuerzas. Limpia el sudor de su frente y, feliz, besa la revista que la acompañó durante la batalla. Entre las páginas, huevos de larva esperan continuar su ciclo de vida. Una gotita de sudor baja por su labio y su lengua la intercepta. Sofía saborea el líquido salado, sin imaginar qué más ingería en esos momentos. En su mundo … Continúa leyendo Alondra Isabel: El monumento espacial

Alejandra Marlene Morales: Gerald

Dieciocho años atrás, una mujer llamada Casandra caminaba por el único sendero que la llevaba a su casa. Era una joven muy bella, inocente y de corazón muy noble. La noche caía sobre sus hombros y una espesa neblina cubría sus pies. De pronto a medio camino, escuchó un silbido proveniente del frondoso follaje de árboles que la rodeaban, percibe un frío que sube de sus pies a su pecho y la deja petrificada, sin poder avanzar. El miedo le impedía moverse, respirar le resultaba cada vez más difícil. Cuatro sujetos de extraña apariencia se presentan ante ella, cubriendo sus … Continúa leyendo Alejandra Marlene Morales: Gerald

Alma Mancilla: Lo que se sueña

Martha recordaba bien el sueño: caminaba por un prado entre penachos de yerba que le rozaban los talones. Su padre iba a su lado y la llevaba de la mano y ésa era la única señal de que el sueño ocurría mucho tiempo atrás. En el borde del mundo se levantaba un resplandor amarillento que se lo llevaba todo. Despertaba siempre aterrada, con el corazón agitado. Ahora ya sabía, claro, que no era así como tenía que ocurrir: su padre estaba muerto desde hacía tiempo, no había manera de que la escena del sueño se pudiera reproducir. Esa mañana llamó … Continúa leyendo Alma Mancilla: Lo que se sueña

Andrea Danae Ramírez Rivera: Mientras todo parece derrumbarse

En estos últimos meses la vida ha cambiado tanto, son pocas veces en las que salir es una opción viable. Recuerdo aquella vez, sentada en la terraza de mi madre pensaba en cuánto calor sentía, un vapor que no se disipaba, la espalda sudada, mi ropa mojada, no pensé que todo podría ponerse peor, ahora entre el calor y el frío la vida es más difícil, salir es un reto y lo dejamos a saber si se podrá o no. Fernanda se asoma a la ventana, hace frío y afuera llueve, sostiene con las dos manos una enorme y caliente … Continúa leyendo Andrea Danae Ramírez Rivera: Mientras todo parece derrumbarse

Itzel Espinosa: Aún estaban resplandeciendo

Apenas el agua tibia tocó la punta de su pie, el calor reconfortante comenzó a invadirla, hasta que quedó sumergida por completo en aquella tina. Con la mano tomó una de las florecillas que nadaban a su alrededor. No se parecía a ninguna que hubiera visto antes, pensó que quizá solo crecía en las montañas verdosas de esa región. De pronto, alguien entró en la habitación. ¿Cada día vendría una distinta? No lo sabía, ni entendía muy bien ese lugar al que sus padres la llevaron como último recurso. Esta mujer le era conocida: la notó por ser una de … Continúa leyendo Itzel Espinosa: Aún estaban resplandeciendo