Mirza Patricia Mendoza Cerna: Una parte de ella

Sangraba y el olor del fluido incitaba el apetito de la bestia. Esta la perseguía y la cazaba a lo largo de las calles destruidas. Las enredaderas y lianas fueron ideales para escabullirse, pero no por mucho tiempo. Venía escapando por días. Estaba exhausta, molesta y también hambrienta. El corte que la bestia le infligió días antes no cicatrizaba. Las gotas furtivas indicaban su posición. Su baja estatura era propicia para esconderse entre el follaje que cubría como manto las construcciones arrasadas por los combates, el tiempo y la falta de habitantes en la ciudad. Sacó las vendas que cubrían … Continúa leyendo Mirza Patricia Mendoza Cerna: Una parte de ella

Alejandra García Campos: Creación

Fue en diciembre cuando tomó consciencia. Sus brazos y piernas ya habían comenzado a moverse desde varios meses atrás, incluso su boca había pronunciado palabras y frases completas de un tiempo para acá. Pero ahora las frases tenían sentido. Ahora todo lo que decía tenía sentido, e incluso, parecía que su línea de pensamiento seguía un camino guiado por algo, como una personalidad. Al verlo girar sobre sí mismo una y otra vez como una pirinola que come, no pudo más y corrió al baño donde cerró con el pestillo. —Oh, por Dios. ¿Qué he hecho?—. Se repetía mentalmente con … Continúa leyendo Alejandra García Campos: Creación

Yuri Bautista: La madre sumergida

Cuando quiso despertar a su bebé como cada mañana, Hilda encontró en su lugar a un pequeño y pestilente monstruo viscoso. Verlo no fue tan terrorífico como darse cuenta que su hija no estaba donde la había dejado. Dio un paso hacia atrás levantando las manos para alejarlas del usurpador; con prisa buscó en los rincones de la recámara y después en el resto de la casa. Al no encontrarla, hizo llamadas, gritó auxilios, tocó puertas, mientras el usurpador se desgarraba los pulmones por el hambre. Inspeccionaron su domicilio y alrededores. Familiares y amigos hicieron acto de presencia, pero al … Continúa leyendo Yuri Bautista: La madre sumergida

Olivia Carmona Hernández: Un anhelo

Dentro de ella persistía un vacío, una pieza del rompecabezas que simplemente no lograba encajar. Desde hace años el interés de Luisa era solo uno, por más que sus allegados trataran de consolarla, nada lograba atenuar su dolor. Había escuchado de todo: “pon tu corazón en paz y sucederá”, “no insistas, ya solito llegará”, “prueba el té de tal hierba, a mi amiga le funcionó”, “llama a tal clínica, es cara, pero te ayudarán”. Todas esas frases, huecas y despersonalizadas, que la gente suele usar en el intento por empatizar con una mujer en esas circunstancias, Luisa las había escuchado. … Continúa leyendo Olivia Carmona Hernández: Un anhelo

Karla Arroyo: Parasomnia

I Cierro los ojos, espero al silencio de la noche para que abrace mis pensamientos, pero este no llega. En su lugar se intensifica aquel ruido constante que aun no logro descifrar. Se parece a la vibración de un ventilador, cuyas aspas giran penosamente por algún objeto atorado. —¿Puedo pasar? ¿Qué haces Ángela? Ya deberías estar dormida. Los desvelos no ayudan con los nervios. —¿Oyes el ruido, Sara? Ven, acércate a la pared. —Hija, no lo escucho. Creo que debemos hacerte estudios más específi… —¡Shhh! ¡Escucha…ahí está! Nunca para, por las noches empeora. —No escucho nada raro. ¿Qué gano con … Continúa leyendo Karla Arroyo: Parasomnia

Claudia Saraí Fernández López: María Engracia

La noche tiene un árbol, y en su fronda se ensortija la luz desamparada; el roce de la sombra es quieta espada que vida y muerte con su filo ahonda J.E. Pacheco, “Soneto para Lupita Dueñas”   El embarazo fue difícil. Mi cuerpo cambió de forma. Miraba mis venas hinchadas. Tenía las encías sensibles y sangre en los dientes. Cada día sentía las manos entumecidas y un dolor en la columna. Pasé meses con los senos abultados y con ganas de morir. Miguel quiso llamarla María Engracia, como su madre. El nombre era demasiado largo y preferimos decirle Mariquita. Miguel … Continúa leyendo Claudia Saraí Fernández López: María Engracia

Manuela Herazo: Fugacidad

Eol corrió a buscar a Sel; Nim había desaparecido del cinturón de Orión, sin ella la teraeta quedaba fragmentada y los hombres olvidarían el rumbo, jamás podrían llegar al reino de Fob. La reina Sel sabía que si no llegaban los hombres al reino de la luz sería el pretexto perfecto para que Fob invadiera su cielo, así que abrió su pecho y lanzó a su hijo Cron para que detuviera el mundo de los hombres hasta que Nim apareciera. Se desplegó un ejército de estéridas para que buscaran en cada rincón, en las casas de cada constelación y obligaran … Continúa leyendo Manuela Herazo: Fugacidad

Linda Acosta : Arcano VIII

…la Justicia, tal como aparece en nuestra tradición y en el Tarot, es una mujer, y estos temas de conciencia caen en los dominios tradicionales de la mujer, que son los del sentimiento. —Sallie Nichols, en Jung y el Tarot— Equilibrio y perfección. Un ocho acostado, infinito, símbolo del recorrido cíclico. Ninguna vuelta es igual a otra, la curva y el retorno, hacia adelante, nuevamente. La gitana te enseña la carta, tus ojos se vinculan con la balanza, y la espada. Doble cuatro, doble cuadrado, estabilidad en el mundo material y espiritual. —La perfección no es sinónimo de simetría— te … Continúa leyendo Linda Acosta : Arcano VIII

Alejandra Marlene Morales: Gerald

Dieciocho años atrás, una mujer llamada Casandra caminaba por el único sendero que la llevaba a su casa. Era una joven muy bella, inocente y de corazón muy noble. La noche caía sobre sus hombros y una espesa neblina cubría sus pies. De pronto a medio camino, escuchó un silbido proveniente del frondoso follaje de árboles que la rodeaban, percibe un frío que sube de sus pies a su pecho y la deja petrificada, sin poder avanzar. El miedo le impedía moverse, respirar le resultaba cada vez más difícil. Cuatro sujetos de extraña apariencia se presentan ante ella, cubriendo sus … Continúa leyendo Alejandra Marlene Morales: Gerald

Alma Mancilla: Lo que se sueña

Martha recordaba bien el sueño: caminaba por un prado entre penachos de yerba que le rozaban los talones. Su padre iba a su lado y la llevaba de la mano y ésa era la única señal de que el sueño ocurría mucho tiempo atrás. En el borde del mundo se levantaba un resplandor amarillento que se lo llevaba todo. Despertaba siempre aterrada, con el corazón agitado. Ahora ya sabía, claro, que no era así como tenía que ocurrir: su padre estaba muerto desde hacía tiempo, no había manera de que la escena del sueño se pudiera reproducir. Esa mañana llamó … Continúa leyendo Alma Mancilla: Lo que se sueña