Ana Laura Corga: Altagracia

El día que la conocí de cerca me vio de reojo, apenas y me dirigió la mirada, como si no le importara verme o no quisiera hacerlo, como si al hacerlo algo le doliera y evitarme la hiciera sentirse un poco ajena a mí; sentí que por alguna razón no quería aprenderse mi rostro. ― Isela, cámbiate y pásate por ahí, métete en el temazcal ―, me inquirió. Voltee a ver a mi mamá con mis ojos vidriosos a punto del llanto, le pedí sollozando que no me dejara sola con esa señora, tenía pavor, las rodillas me empezaban a … Continúa leyendo Ana Laura Corga: Altagracia

Manuela Herazo Martínez: Tancredi

Yo soy Tancredi y esta es la historia de cómo me convertí en fuego. Fue en el año 2510, trescientos años antes de la Rebelión de las mujeres Taigú. Siempre estuve muy orgullosa de mi piel morada, la bruja que me crío me decía también que yo llevaba el fuego en el cabello, por eso siempre iba ensortijado, y su resplandor anaranjado bailaba salvaje con el viento. Yo hacía bailar a las flores, a los árboles y ellos me cantaban, me susurraban secretos, me compartían su alma, entonces yo podía construir un puente de energía entre la naturaleza y los … Continúa leyendo Manuela Herazo Martínez: Tancredi

Miranda Campos: Ojos violetas

Para Clau. Mi abuela tenía su casa llena de dos cosas: de libros y de vacas. Figuras, cuadros, pinturas, tapices, esculturas de diferentes tamaños, colores, y materiales. Visitar su hogar era llegar a un establo de vacas multicolor que olían a biblioteca. Ávida lectora desde joven, disfrutaba con pasión del té y nunca le conocí pareja. Poco sabía de mi abuelo quien la abandonó misteriosamente poco después de que nació mi madre, nunca hizo falta, ciertamente la calidez de mi abuela iluminaba todo, sus historias y saberes fueron mi mayor diversión al crecer y la duda más evidente se apoderó … Continúa leyendo Miranda Campos: Ojos violetas

Stephanie Burckhard: Dos lunas nuevas

«El tiempo era este día, este único día del año inmenso…» Úrsula K Le Guin Planeta de exilio (1966) Ningún pueblo nos vio nacer, pero somos brujas. Transcurridos mil años nuestra familia viajó en una nave interestelar y aparentamos ser humanas. Mi hija y yo nos abrazamos, pálidas, al enterarnos de la última noticia de la nave. El resto de la tripulación se abrazaban, gritaba y celebraba. Lloramos de felicidad y luego, incertidumbre y desesperación.  —¿A qué hora aterrizaremos? —preguntaban las personas en los pasillos. —¿Cómo sabremos? —Ningún habitante de la nave conocía el exterior. Aprendimos a navegar entre el … Continúa leyendo Stephanie Burckhard: Dos lunas nuevas

 Laura Elena Cáceres: La ruptura

Su teléfono suena constantemente. Procura ignorarlo, su cabeza está en muchas situaciones a la vez. Recibe mensajes, Franky le avisa que no puede impedirles el paso. No puede renegar, Astrid es el puente de comunicación con los dioses que les guían en las decisiones de Laguna Madre. Está vestida para el momento, cómoda pero ligera: un vestido rojo corte imperio porque sabe que es atrayente. Les hace creer que ellos tienen la ventaja, deja a la vista los tatuajes de su serpiente en el brazo izquierdo. Se suelta el cabello negro que llega a los hombros, se pinta los labios … Continúa leyendo  Laura Elena Cáceres: La ruptura

Kimberly Patricia Juárez : Plegaria a mis hermanas

La magia y el poder nos mantienen en pie de lucha. Muchos piensan que nos tienen congeladas o atrapadas en los libros de cuentos, que nuestra existencia sólo es para asustar a los niños o para atraer algún ser a su lado. Pero quién diría que nosotras seríamos las primeras en levantarse, listas hacia la batalla; así como fuimos las primeras en caer, en ser oprimidas, estigmatizadas, maldecidas y asesinadas por nuestra naturaleza mágica. Ahora, sin importar nuestro andar, nos mantendremos en el camino; ya no permitiremos que ningún ser sobre la tierra vea sólo lo que sus ojos quieren. … Continúa leyendo Kimberly Patricia Juárez : Plegaria a mis hermanas

Sara Pizarro Romero: Guerra

A la orilla de un río estaba sentada una mujer, acariciando una rosa blanca aún sin abrir.  Era realmente hermosa: su larga cabellera bailaba al son del viento y por su piel blanca, rizos rubios y su largo vestido turquesa contrastaba con el bosque a su alrededor. Era una imagen casi etérea, hechizante, pero el encanto de la vista se rompió al oír unos pasos. El crujir de ramas anunciaba que estábamos por tener compañía. —Recibiste mi mensaje —.  La voz melodiosa de la joven llenó el lugar. El recién llegado sonreía a medida que iba acercándose. —Claro que sí. … Continúa leyendo Sara Pizarro Romero: Guerra