Carolina: Libre
En el calor concentrado del medio día, el olor de las flores resultaba más penetrante; había muchísimas, como si su marido no hubiera sido un rajadiablos, pero era también un hombre poderoso y rico. Medio pueblo esperaba en su casa la salida del cortejo. Enfundada en su traje negro, de luto riguroso, con el moño tirante, se esforzaba por mantener la cordura. Un poco más, se decía. Sobria, recta, acalorada, mareada, pero consciente de las miradas que la escudriñaban, calibrando sus más mínimos gestos, evaluando su compostura, midiendo su dolor, erigiéndose en jueces que no pasan nada por alto, en … Continúa leyendo Carolina: Libre

