Laura V. Medel: Latido

Me incorporo bruscamente, perturbado mi sueño quedó. ¿Alguien tocó a la puerta? Se perpetúa una percusión. No hay rayo de sol atravesando mi ventana, el temor mis piernas tulló. Toc, ¿tocan la puerta?  Toc, toc, se escuchó.  Me encapsulo con torpeza bajo las sábanas, mi refugio nocturno son. El sonido agita su ritmo, más intenso se oye, “toc toc, toc toc…”. Toc ¿tocan la puerta?  Toc toc se escuchó.  Toc toc ¿en mi pecho?  Toc toc, ¡mi corazón! Laura V. Medel (Nezahualcóyotl, México, 1992). Soy escritora de microficción, ensayo y otros géneros literarios. Ilustradora amateur. Profesora de literatura. Estudié Filosofía … Continúa leyendo Laura V. Medel: Latido

Nohemi Damian de Paz: Sueño

Seguía moviendo los dedos erráticos en las cuerdas del violín. No podía dejar de disfrutar la música que se producía debajo de ellos. Tenía los ojos cerrados para centrarme en mis otros sentidos. Cuando finalmente decidí abrirlos, pude darme cuenta de que seguía encerrado en este lúgubre lugar. Fue un sueño, pensé, uno donde mis manos todavía estaban conmigo y no encerrados en aquel frasco de cristal que ese adefesio antropomórfico abre para acompañar su putrefacta comida. Hoy decidió comer mi dedo anular. Nohemi Damian de Paz. Soy licenciada en Literatura Hispanomexicana y estudiante de Ingeniería en Manufactura por la … Continúa leyendo Nohemi Damian de Paz: Sueño

Candy Risco: Mariposas rojas

En un pueblo rodeado de bosques y ríos murmurantes Alba, una joven de doce años, conocida por su conexión profunda con la naturaleza, despertó en su habitación sintiendo el palpitar del mundo en su vientre.  “¿Que me sucede?” se preguntó, sin atreverse a compartir este misterioso acontecimiento con nadie por temor a la incertidumbre que rodeaba su cuerpo. La primavera trajo consigo un cambio dentro de Alba, un cambio que resonaba con el pulso mismo de la tierra. Sentía que mariposas rojas danzaban en su estómago, presentía que este era un anuncio a un nuevo inicio, el flujo de la … Continúa leyendo Candy Risco: Mariposas rojas

Alyssa Quintana Espejel: La flor triste

Estoy en este parque, al que niñas y niños vienen a correr, a divertirse. Últimamente hay más, eso significa más peligro. No piensan en el dolor que nos causan cuando nos pisan, o cuando nos arrancan. No quiero. No quiero morir arrancada por una niña que le lleve flores a su mami para que luego se pongan todas marchitas, feas, y las tiren. Ese es el final. Mis temores se cumplen. Un niño pequeño viene a toda velocidad, seguro quiere arrancar flores.  Se acerca a mí… Alyssa Quintana Espejel. Soy una niña normal que le gusta escribir y leer dramas, … Continúa leyendo Alyssa Quintana Espejel: La flor triste

Jacko Aguila: 4 de marzo

Miré los restos sanguinolentos. Contrario a lo que creía, no eran de un rojo brillante; tenían más bien un tono quemado. La fragancia metálica apenas se percibía, pero lo acompañaba un toque agrio que me recordó la leche materna. Había deseado que esto ocurriera por la mañana, cuando fuera al baño; podría ser un asunto olvidado al quedar cubierto con el resto de mis desechos, uniéndose a la tierra y quizás florecer en un futuro no tan lejano. Mi compañera había repasado los riesgos de hacerlo durante el día; los lienzos blancos, sin duda, nos delatarían. Nunca ha sido seguro … Continúa leyendo Jacko Aguila: 4 de marzo

Yuri Bautista: Invasión

Estamos seguras de que los depositaron en nuestra matriz cuando las armas químicas cayeron del cielo. La población se desvaneció como en un hechizo. Al despertar, nuestros cuerpos sufrían. Temibles tropas inundaron las calles controlando cada movimiento. Las personas morían con grotescas deformaciones, por eso cuando nuestro abdomen comenzó a crecer pensamos que éramos las próximas. Creímos en la posibilidad de estar encintas, aunque era como tener púas por dentro. No obstante, después de meses, vimos a muchas de nosotras parir alimañas. Salían cientos por las vaginas rojas y les incrustaban sus aguijones para someterlas con dolor, impidiéndoles escapar. Las … Continúa leyendo Yuri Bautista: Invasión

Zaira Moreno: Compañía

Como una sola, sus largos brazos me envuelven en una mezcla de olores que causan respiraciones profundas. Entre el sueño y el despertar, escucho un tarareo suave.  Esta tarde, a mi regreso del trabajo, corrí a la cama mullida para sacar el grito que tenía atascado desde que la carga se hizo más pesada. Cuando la habitación dejó de dar vueltas, bajé al sótano sin usar. Encendí la luz tenue para encontrar a mi acompañante de mis peores días. Un bulto se agazapaba detrás de un sofá desgastado. Cerré los ojos y extendí los brazos. Después de unos segundos, sentí … Continúa leyendo Zaira Moreno: Compañía

Karla Hernández Jiménez: Cuarto creciente

La luna llena se asomaba pálida en el horizonte nocturno, mientras su luz iluminaba un par de colmillos bañados en sangre que se iban retrayendo lentamente. El pelo de la cara retornaba a su lugar debajo de la piel, igual que el resto del vello que se expandía por todo su cuerpo. Las garras se achicaban igual que la cola de un vivo tono plateado, los ojos perdían su lucidez nocturna, y el hocico regresaba a ser chato mientras avanzaba entre las ceibas que rodeaban la zona. Sonya se limpió la boca con el dorso de la mano, intentando remover … Continúa leyendo Karla Hernández Jiménez: Cuarto creciente

Angélica Santa Olaya: Ellas

Sin muchas ganas, decidió el clásico disfraz de Halloween. Túnica negra y sombrero picudo. El cepillo se deslizó, sin prisa, por sus largos cabellos. Era sábado por la tarde y la mortecina luz del día dormitaba en el cristal. Un grillo, afuera, entre las ramas secas, raspaba su soledad. Debía maquillarse y colocar la pintura en el lugar correcto. Dibujó una larga y roja cicatriz en la mejilla. Nunca antes había escudriñado su cara con detenimiento. Las tímidas cejas, los pómulos que se escondían bajo las mejillas, las dilatadas pupilas como negros túneles que la invitaban a indagar… Los túneles … Continúa leyendo Angélica Santa Olaya: Ellas

Ana Delia Mejía Quiroga: Primera victoria de la oscuridad

Una noche antes de mi cita con la matrona que me practicaría el aborto, escuché una voz que me susurró entre sueños que lo tuviera, que ya vería cómo una vez nacido, el amor de madre fluiría cual catarata incontenible desde mi interior. Hoy, que alimento a esta niña con lo único que ha logrado hacer fluir de mí, noto que de rato en rato, hace una pausa para mirarme con ojos burlones y triunfante sonrisa. Ana Delia Mejía Quiroga. Soy peruana, maestra, feminista y escritora (en ese orden se dieron las cosas) . He publicado dos libros dirigidos al … Continúa leyendo Ana Delia Mejía Quiroga: Primera victoria de la oscuridad