Rakel Hoyos: El planeta de las brujas

De regreso a la nave, Ikber pensaba en lo que le diría a la capitana sobre el fracaso de su encomienda. No era el temor a ser reprendida lo que le preocupaba, sino la frustración por no haber logrado su cometido. La confundían también diversos sentimientos que le provocaron los terrestres. Sabía que el planeta era poco avanzado, pero nunca imaginó que en tales dimensiones como las que había tenido que presenciar.

Cuando la tripulación arribó a la Tierra, se planteó que la misión duraría poco tiempo. Adaptaron sus comunicadores a los distintos idiomas que se hablaban en el planeta para poder entrevistarse con cualquier mujer y sabían exactamente los objetivos que perseguían con el proyecto. Sin embargo, Ikber regresaba a la nave con información totalmente diferente a la esperada .

—¿Qué sucedió, Ikber? ¿Dónde están las plantas y los textos? —Preguntó Gunda, la capitana.

—Me apena decirles que he fallado. No pude encontrar a las mujeres que me revelarían esos conocimientos.

—¿Cómo es eso posible? ¿Acaso no son las gobernantas? ¿No viven en palacios especiales a donde van a rendirles tributo? 

—No, no es así. La primera sorpresa que me llevé fue que al intentar ir con cada representante, la mayoría de las naciones son gobernadas por hombres.

—¿Hombres? ¿En verdad? Sabíamos que este planeta aún se divide por géneros, pero de eso a que ellos gobiernen… Me es difícil entenderlo.

—Lo lamento, pero sólo obtuve respuestas negativas. Nadie ha podido decirme con certeza dónde están ellas. Le fallé a nuestra misión.

—No te culpes, Ikber. Creo que debimos investigar más la Tierra antes de venir con la seguridad de que las encontraríamos fácilmente. Esta misión nos llevará más tiempo de lo que calculamos. Estábamos seguras de que la raza humana tendría a sus mujeres más sabías en un lugar especial, cuidándolas como lo más valioso que poseen.

—¿Cree que las están ocultando? Preguntó Zayn, la tercera mujer en la tripulación, encargada de conducir la nave.

—No lo creo. Noté completa ignorancia en sus respuestas. De hecho, no creen en ellas. Afirman que son un mito. Aquí les llaman Brujas.

—Pero no podemos regresar sin las recetas que necesitamos. Debemos llevarnos las plantas que no crecen en nuestro planeta. Sólo las brujas tienen esos conocimientos —reclamó Zayn.

—Es verdad. Tendremos que replantear nuestra estrategia —respondió Gunda.

—Hay más que contarles —dijo Ikber con una expresión de pesar.

—Habla, hermana —respondieron sus compañeras.

—Descubrí que en este planeta las brujas siempre han sido odiadas. Los humanos crearon historias para que la gente les tuviera miedo y las aborreciera. Han sido maltratadas y humilladas por siglos.

Los ojos de Gunda y Zayn se llenaron de lágrimas con cada detalle que Ikber les narraba de su investigación. Les contó que miles de ellas fueron quemadas, lapidadas y exhibidas como una aberración.

—¿Miedo a sus conocimientos, dijiste? —interrumpió sorprendida Zayn durante la explicación.

—Así es. Encontré que los varones de esta raza han oprimido desde siempre a las mujeres. Y las que se han rebelado han sido castigadas. Las brujas tenían un gran conocimiento, como ustedes ya saben, pero los hombres tuvieron miedo y celos del poder de estas mujeres.

—No entiendo. ¿Por qué no compartir el poder?

—Tampoco termino de entenderlo. Los hombres de la Tierra pelean por acaparar el poder. Ven a las mujeres como seres inferiores, como objetos.

—No puedo creer que aún existan los hombres en este planeta —exclamó Zayn.

—Debemos concentrarnos en el nuevo proyecto —dijo Gunda.

—Estoy de acuerdo. Pero sugiero que sea con el menor contacto con los varones terrestres. No saben ustedes lo que pasé durante mi investigación.

—¿Hay más todavía?

—Sí, capitana. Mientras estaba infiltrada entre los humanos observé comportamientos bestiales por parte de ellos. En las calles, observan a las mujeres como trozos de carne, sin discreción alguna. Algunos las tocan o, por lo que pude interpretar, les dicen comentarios inapropiados y ofensivos.

—¿Aunque no las conozcan?

—No, no las conocen. Sólo lo hacen. Es ya como una costumbre de los hombres. También me subí a un rudimentario sistema de transporte, donde me percaté de que ellos utilizan una especie de código animal de apareamiento con cualquier mujer: acercan sus genitales a las hembras para frotarse en ellas. Pero las mujeres detestan eso. Además, los hombres son agresivos, sucios y hacen sus necesidades fisiológicas en cualquier lado. Por eso, capitana, le ruego que no convivamos con estas bestias de instinto primario que se comportan como animales. Las tres estuvieron de acuerdo con la propuesta de Ikber.

Pasaron varios meses investigando dónde estaban las brujas de la Tierra. Les alegró saber que eran todavía muchas las sobrevivientes. Varias de ellas jóvenes con conocimientos sorprendentes. Las brujas de mayor edad eran menos, pero con invaluable sabiduría ancestral. Todas tenían lo que la tripulación estaba buscando para llevar a su planeta.

Al principio, el plan era obtener las plantas y las recetas que sólo conocían las brujas, pero al contactarlas, éstas pidieron también ir al otro planeta. Gunda sabía que llevar a todas era imposible por el espacio de la nave. Pensaba también en la violenta reacción de los hombres de la Tierra, pues después de tanto tiempo de observarlos, estaba segura de que una misión así desataría su furia.

El proyecto se concretó en diversos viajes realizados durante una década. Las brujas fueron transportadas poco a poco en misiones secretas, perfectamente planeadas. La gente de la Tierra estaba tan acostumbrada a que todos los días desaparecieran mujeres, que la noticia de estos sucesos les eran indiferentes.

En el planeta de las brujas no existe el sexo masculino. Los conocimientos de las mujeres terrestres se conjuntaron con los que ya existían, creando una perfecta sociedad de brujas sabias que no necesitan nada más que a ellas mismas y a su comunidad. Ahora trabajan en su siguiente misión: regresar por todas las mujeres de la Tierra.

Raquel Hoyos Guzmán nació en Puebla. Es feminista, escritora, editora y correctora de estilo. Escribe cuento, poesía y artículos de opinión. Ganó el primer lugar en el concurso de cuento de Rock Parménides García Saldaña; el segundo lugar en el concurso de cuento Mujeres en Vida 2019 y el primer lugar en la convocatoria de cuento Los Excéntricos de la editorial Lapicero Rojo. Ama leer a otras mujeres, la música, el cine y a sus perrhijos.

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