Dora Parra: Los tiempos de la vida

—Figúrate que uno de ellos dijo una vez “el tiempo es vida”, muy enojado por cierto, pues reclamaba que al quitarle su tiempo, era como estarlo matando lentamente. ¡Vaya drama! —Dijo una de las entidades, con tono de desprecio y después soltó una carcajada espontánea. —No, espera… si te vas a reír con ganas, ríete de esto: “el tiempo es dinero”. —Ambas entidades inconmensurables lloraban de la risa y se sujetaban sus cósmicos estómagos. —Pues, ¿qué te puedo decir? Me han llamado de tantas maneras, que ya estoy olvidando yo mismo mi propio nombre. Los griegos me llamaron “Cronos”. Se … Continúa leyendo Dora Parra: Los tiempos de la vida

Kimberly Patricia Juárez: Gerónimo

En el asiento trasero del auto tocó mi corazón, no de forma violenta, si no tan lento que me llevó a preguntarme si fue un sueño o de verdad esa noche me encontré con mi verdadero amor, Gerónimo, su nombre es todo lo que tengo en mi mente. Antes de salir de casa decidí llamar a mamá para hacer mi promesa habitual de tener cuidado al conducir. Mamá odiaba el viaje que realizaba cada vez que visitaba el estudio de fotografía, pero su cara de orgullo en cada exposición de mi trabajo siempre lo recompensaba. Mucho tiempo pasé preguntándome si … Continúa leyendo Kimberly Patricia Juárez: Gerónimo

Sara Pizarro: El trabajo de todos los días

Corría a toda velocidad. Que emocionante es verla ir contra el viento con tanto apuro, dejando una estela de rojo y azul en las calles, con su sirena tan potente interrumpiendo la calma. ¿Llegaría a tiempo? Un espectacular accidente de tránsito ocurrió seis cuadras más allá. Sí, sé lo que pasó pues yo lo provoqué. ¡Fue divertido! Un niño iba de la mano de su madre, con una pelota azul debajo de su otro brazo. En un descuido del pequeño, le di un leve empujón a la pelota y cayó el piso. Recordar el momento mágico en cámara lenta es … Continúa leyendo Sara Pizarro: El trabajo de todos los días

Francia Coronel: Encarnación

Al abrir mis ojos me sentí cansada. Otro día. Mi cuerpo duele y mis ojos arden. Los días y las horas parecen lo mismo, y yo no sé qué más hacer. No siento tristeza, ni soledad. Mas bien aburrimiento y nostalgia, mucha nostalgia de lo que fui, de lo que no soy y de lo que nunca seré. Yo ya nací triste, por eso no lloro, porque el sentimiento eterno me lleva y me trae y yo nunca supe cómo quitármelo. Y en vez de eso la abracé. Mi tristeza, tan cálida. Pero lo que yo siento ya no es … Continúa leyendo Francia Coronel: Encarnación

Elsa Maile Landa: Brujería

Nunca fui una persona que se asusta con facilidad, desde que era una niña podía caminar por la obscuridad sin problema y me paseaba por los panteones de la ciudad con una gran calma; tampoco me considero supersticiosa, a pesar de que crecí en una zona famosa entre los creyentes por estar llena de brujas, curanderas, nahuales y otras criaturas mágicas. Sin embargo, las últimas semanas una serie de eventos que, al haber sucedido en un momento específico y conectados por circunstancias fuera de lo común han terminado por convencerme de que algo muy malo está por suceder. Hace aproximadamente … Continúa leyendo Elsa Maile Landa: Brujería

Jenifer N. Luna: Ascalapha odorata

Las mariposas negras son señal de muerte, recuerda Esteban al ver una en la pared de la cocina. Hace caso omiso del insecto, toma la bolsa con los encargos, y sale de su departamento para encontrarse con su madre. Unos metros antes de llegar al panteón, encuentra un puesto de flores de cempasúchil. —¿A cuánto? —pregunta, interesado. —A treinta la docena. Esteban mira a la vendedora que está sentada entre los dos canastos de flores. Su cabello, recogido en dos largas trenzas, refleja los años que han pasado sobre ella. Un rebozo negro le cubre los hombros y el pecho. … Continúa leyendo Jenifer N. Luna: Ascalapha odorata

Ana Gabriela Morales: Zona del Silencio

La fantasía se va confundiendo con la realidad a cada paso. Cuando la hicieron entrar casi a rastras a ese cuarto frío y le pidieron identificar su cuerpo, Cora se acercó demasiado, con los ojos llorosos muy abiertos. Parecía él, pero necesitaba buscarle las pestañas de aguacero tupido, necesitaba acercar su nariz a esa zona del cuello, casi detrás del oído. Dame un sorbito de felicidad, déjame acercarme para percibir nuestro aroma en tu piel. ¿Dónde terminas, canija, en qué parte de mi ser? Juega conmigo a oler los recuerdos de nuestra historia. ¿Quieres un cafecito con canela? No. No … Continúa leyendo Ana Gabriela Morales: Zona del Silencio