Elsa Maile Landa: Brujería

Nunca fui una persona que se asusta con facilidad, desde que era una niña podía caminar por la obscuridad sin problema y me paseaba por los panteones de la ciudad con una gran calma; tampoco me considero supersticiosa, a pesar de que crecí en una zona famosa entre los creyentes por estar llena de brujas, curanderas, nahuales y otras criaturas mágicas.

Sin embargo, las últimas semanas una serie de eventos que, al haber sucedido en un momento específico y conectados por circunstancias fuera de lo común han terminado por convencerme de que algo muy malo está por suceder.

Hace aproximadamente una semana estaba acostada en mi cama revisando mi celular, antes de dormir, cuando una polilla negra del tamaño de la palma de mi mano apareció de repente; aleteó sobre mi y se paró sobre mi mesa de noche. Al verla no pude evitar empezar a gritar y esconder mi cara en la almohada, tanto fue mi escándalo que mi mamá entró a la habitación. Al ver la polilla tomó un libro y la mató de un golpe mientras cerraba los ojos y me decía con un tono de legítima preocupación “alguien de esta casa se va a morir”. Intenté calmarla y le aseguré que una polilla aparece buscando la luz durante la noche y que no tiene ningún sentido preocuparse por la aparición de un simple insecto.

Al día siguiente, me encontraba esperando a una amiga afuera de su casa cuando, de repente otra polilla idéntica a la de la noche anterior apareció justo sobre mi cabeza y se paró en el techo arriba de mi. En esta ocasión mi reacción fue diferente, me quedé inmóvil y en silencio viendo a la polilla; admirando las formas de sus alas y los colores café y negro que se mezclaban de tal forma que le daban un aspecto fúnebre, después de unos segundos la polilla continuo con su camino dejándome con una sensación extraña en el pecho. Después de esa tarde la sensación fue en aumento; no sé cómo describir con palabras lo que sentía pero puedo decir que era una presión similar a la que se siente cuando después de tener un gran día llegas a casa y te encuentras con malas noticias. Aunado a eso, cada vez que cerraba los ojos podía ver los patrones de las alas de la polilla moviéndose lentamente, haciéndose más grandes y nítidos antes de desaparecer lentamente. Por días me despertaba en la mitad de la noche segura de haber escuchado un leve aleteo junto a mi oído.

Mi mamá, preocupada por la situación decidió que lo mejor era buscar a alguien que “me hiciera una limpia”; a regañadientes acepté ir, más por la curiosidad de ver por dentro la casa de una bruja. Nos sentamos en una pequeña mesa redonda que se encontraba cerca de la cocina y una mujer de mediana edad, con cabello corto y unos pantalones negros amplios nos sirvió un café y se sentó con nosotros. Mi mamá fue la encargada de contar los eventos, haciendo énfasis en el tamaño y color de las polillas que me habían visitado; al finalizar la historia la señora se levantó entró a la cocina y salió con un plato lleno de agua y una veladora, me tomó una mano y me acercó un cerillo encendido a la otra mano, prendí la vela y ambas cerramos los ojos tomadas de las manos. Después de unos minutos me soltó y comenzó a hablar, dijo que definitivamente algo no estaba bien con mi energía, que había personas que me estaban haciendo daño, que alguien quería quitarme del camino y lo que estaba viendo era consecuencia de un trabajo muy fuerte de magia negra en mi contra. Me dio unos ramos de flores, escribió mi nombre en una veladora blanca y me dijo que no saliera de mi casa sin llevar conmigo una bolsa de tela roja que tenía en su interior todo tipo de hojas y flores para protegerme.

Siendo sincera ignoré todas sus recomendaciones, lo único en lo que no podía dejar de pensar era en la idea de que alguien quería hacerme daño, finalmente decidí que la señora había dicho solamente lo necesario para convencernos de pagar por las cosas y salir convencidas de que nuestra visita había sido necesaria.

Una vez que abandoné estos pensamientos tuve unos días de calma hasta que ayer, de regreso del trabajo, mi automóvil se apagó a la mitad de la calle sin sentido alguno.  Después de unos cuantos minutos tomé la decisión de abrir el cofre del coche sin saber realmente qué esperar o si era posible solucionar algo. Cuando levanté la tapa lo primero que ví fueron dos pájaros muertos. Estaban uno de cada lado del motor, acostados en la parte de arriba, daban la impresión de que alguien les había roto el cuello y los había puesto con su cuidado en esa posición específica. Di dos pasos hacia atrás mientras mi cabeza comenzaba a dar de vueltas. No sé cuánto tiempo esperé a los mecánicos pero cuando llegaron estaba sentada en la banqueta con la cabeza entre las piernas y completamente incapaz de moverme.

Todos interpretaron mi estado como un golpe de calor, pero desde entonces todo ha sido peor, no soy capaz de moverme sin sentir un vértigo horrible y a pesar de que siento un frío horrible no dejo de sudar. El médico no encuentra ningún problema y solo me ha recetado reposo. Tengo sueño, cerrar los ojos y ver las alas de las polillas es ahora lo único que me tranquiliza, escucho el aleteo acercarse pero esta vez ese ruido es reconfortante y me arrulla, me llama y me obliga a volver a cerrar los ojos.

Elsa Maile Landa, joven mexicana, licenciada en ciencia política y relaciones internacionales, especialista en medios y política.  Apasionada de la escritura y el fomento de la lectura. Busco impulsar la cultura mexicana; así como incluir elementos sociales y culturales en mis textos. 

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