Ángeles Sanlópez: Gorgona, La Gran Roja

Llegará y todo se teñirá de rojo,

su sangre y la de ustedes las liberarán.

Rin, La Gran Roja

Después del Gran Colapso, el mundo volvió a reorganizarse. Entre los grupos de personas que surgieron, se encontraban las Russus, mujeres que decidieron vivir sin hombres.

A lo largo de cincuenta años, sufrieron ataques por parte del grupo más cercano, los Poseins. Ellos las desplazaron de Renain, su lugar de origen. Si ellas eran capturadas, las violaban; torturaban; las recluían en los días de sangrado sin comer, beber, ni dormir; las asesinaban o las usaban para embarazarlas constantemente en busca de tener más hombres. Las mujeres que nacían en su sociedad inmediatamente eran consideradas esclavas.

Las ancianas sabias, las Asirs, rezaban cada día para que la mítica Gran Roja volviera a reencarnar y las ayudara a librarse del asedio de los Poseins.

Un día, la marca de nacimiento se hizo presente. En la mitad de la cara de una bebé apareció una mancha de tono rojizo; esta era la señal, ella era la elegida. La Gran Roja había regresado, su reencarnación fue celebrada con un ritual. Primero se colocaron fogatas que rodearon el campamento; después el Templo de Rin, la primera Gran Roja, fue rodeado de flores, frutas, incienso y música.

Las ancianas Asirs iniciaron el ritual de La Gran Roja. La colocaron en la pileta que estaba dentro del templo y la bañaron con sangre menstrual recolectada de cada una de las Russus. Después fue ataviada con un vestido teñido con grana cochinilla y una diadema de cuarzo rojo. Las madres de la Gran Roja, Ix y Flora, le pusieron el nombre de Gorgona. Las mujeres, de rodillas, viendo a su nueva líder estaban listas para los enfrentamientos venideros. Sabían que los Poseins al enterarse de la reencarnación de La Gran Roja irían a buscarla.

El grupo principal de guerreras se alistó por si iniciaba un enfrentamiento. Las demás siguieron el festejo hasta el amanecer, las fogatas se apagaron, la ceniza y el humo se hicieron presentes.

Se escuchó un grito.

—¡Gorgona!

—¡Gorgona, he venido por ti!

—Es Inax —dijo Ix mientras amamantaba a Gorgona. Entregó a la bebé a las Asirs, tomó sus armas y salió de la tienda. Flora se quedarían a defenderla.

Ix, recién parida, organizó a su ejército, las barricadas de adobe no los detendrían, sabían que el ataque sería rápido. Los Poseins eran guerrilleros, estaban acostumbrados a ataques certeros y continuos. Ellas lo sabían y estaban preparadas.

Flechas con lumbre caían del cielo. Las Russus bañaron todo el campamento con la sangre en la que habían sumergido a Gorgona para protegerse. Al mando de Ix, contratacaron con catapultas, flechas y lanzas.

Las bajas se hicieron presentes, pero no del lado de ellas. Al ver que no podrían llevarse a Gorgona, los Poseins se retiraron, nadie sabría cuando volverían, sólo que tenían que estar preparadas.

A lo largo de doce años las luchas sucedieron. Gorgona fue educada en la filosofía y el respeto por la Madre Tierra. Sus madres le enseñaron todo lo que sabían sobre la guerra.

A los doce años, Gorgona tuvo su Primer Día Rojo. Su sangre fue disuelta con agua del río y flores sagradas. Las Russus pintaron sus rostros con ella en señal de hermandad.

Las Asirs la vistieron con una túnica de color carmín, la misma que todas las Russus usaban; sobre ésta le colocaron una armadura y se le entregó un escudo y una lanza. Según las ancianas, después de este día varios poderes se harían presentes.

Los Poseins gritaban desde los alrededores:

—¡Monstruos impuros!

—¡Por su culpa no ha habido cosechas! ¡Deben ser purificadas!

—¡Gorgona debe morir!

Las Russus se alistaron para la batalla, Gorgona por primera vez las lideraría. Tras días de lucha y tras ver las docenas de heridas en batalla, las ancianas probaron algunos de los poderes que según los mitos Gorgona tendría. Usaron su sangre para curar a las heridas. Las Russus no se sorprendieron, no esperaban menos de la heredera del poder de la Gran Roja.

Algunos grupos de mujeres que no eran parte de las Russus, al saber del poder de Gorgona se unieron al grupo. Estaban hartas de ver como las suyas eran usadas y desechadas.

Gorgona, a sus doce años, lideró un ejército de más de mil mujeres. Las batallas no serían fáciles, pero ellas preferían ser guerreras a mujeres sin libertad.


Cuento publicado originalmente en Penumbria 50.

 

(Chimalhuacán, 1988). Feminista, historiadora y escritora. Me gustan las historias.

Coordinadora de Especulativas.

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