Magda Calderón Rodríguez: Llena de vida, Viviana

I

Si te tragas las pepitas de las frutas, te va a crecer un árbol en el estómago, le decían los adultos a Viviana cuando era pequeña. Ella abría mucho los ojos, no por miedo como sus primas, sino por la insaciable curiosidad e imaginación que siempre la caracterizaron. Las mentiras de los adultos se convertían para ella en inspiración durante las noches. Y cuando describía sus sueños, asustaba a todos.

Tenía un sueño recurrente: imaginaba unas raíces que se hundían dentro de su estómago hasta salir por sus pies; y enormes ramas que se asomaban al exterior por sus manos. Sentía cómo su columna vertebral era un tallo robusto anclado a la tierra y fantaseaba con nidos de aves sostenidos por sus brazos-ramas; mientras cientos de pequeños insectos la recorrían entera.

Una vez el sueño fue tan vívido que despertó con la boca muy abierta, y al llevarse las manos al rostro, sintió cómo una mandarina luchaba por salir de su cuerpo. Cuando sus primas la escucharon, tuvieron pesadillas varias noches.  

Viviana creció al mismo ritmo que su mente fantasiosa. Ya adulta, cada vez que comía alguna fruta, recordaba esos sueños y se tragaba una semilla a propósito mientras pensaba: algún día seré un árbol frutal.

II

El cuerpo de Viviana descansa en el fondo de la tierra. En paz, con la misma sonrisa que en la vejez acentuaba sus arrugas alrededor de los ojos.

Los insectos empiezan a llegar y se alojan en cada rincón de su cuerpo. Con delicadeza, con el respeto de quien se sabe invitado a un banquete especial. Toda ella es ahora el hogar de los insectos que tanto amó en su niñez. Escarabajos, hormiguitas, arañas, avispas y polillas la van cubriendo hasta que de Viviana solo quedan los huesos. Su cuerpo está volviendo a la vida dentro del cuerpo de otros seres de la tierra que corren en todas direcciones y se alejan con Viviana, que fue alimento.

III

Al centro del esqueleto de Viviana solo queda un puñado de semillas. Cada insecto que se acercó a ellas, escuchó una voz que decía quedamente: algún día seré un árbol frutal. Entonces, los insectos rodeaban las semillas y seguían su camino.

Ahora aguardan en completa oscuridad. Se contienen esperando las primeras lluvias. Días después, les brotan unas diminutas raíces y un tallo que se alarga hasta salir fuera de la tierra. Crece y crece durante años, como crecía la imaginación de Viviana soñándose árbol.

IV

Corren las niñas y los niños hacia el árbol mágico. Ríen felices mientras trepan por sus ramas para alcanzar esas frutas sorprendentes que se llevan a la boca mientras adivinan su sabor: mandarinas con sabor a manzana, naranjas que saben a pera y limones tan dulces como una papaya madura. Juegan a inventarles nombres. Y, por supuesto, se tragan las pepitas.

Cuando hay viento, se escucha la risa traviesa de Viviana, que sueña ser niña otra vez; y todo, absolutamente todo, vuelve a comenzar.

Magda Calderón Rodríguez (Guatemala, 1962). Escribo para encontrarme a mí misma y conectarme con las voces de otras mujeres. Algunos de mis textos se encuentran en las antologías «El muro desaparece cuando nosotras escribimos» (Ediciones Lluviedad) y en los espacios digitales feministas La Crítica y Salidas del tintero. Soy coautora del poemario Canto de pájaras sin jaula (2024).

Un comentario en “Magda Calderón Rodríguez: Llena de vida, Viviana

Replica a Miguel Montiel Cancelar la respuesta