Andy Ruiz: Rojo sangre

Ese humo grisáceo se eleva hasta desvanecerse sin apenas tocar el techo del cuarto, emerge de la ceniza de aquel cigarro a medio camino de consumirse, se enciende en rojo y naranja vivo quemando la hierba contenida en su interior. 

La mente de Suna divaga, sin prisa, entre los poros detenidos de Henri y las ondas de ese humo danzante que comienza a tomar la forma de los recuerdos que se anidan en sus pensamientos, entre los hilillos blanquecinos comienza a asomarse la silueta de la sonrisa de ese hombre, esa mueca provocadora que le nacía en la comisura de los labios mientras su cuerpo se posaba sobre el suyo y una sombra crecía sobre su espalda.

Él le susurraba al oído lo mucho que la quería, lo mucho que su cuerpo le fascinaba, mientras besaba su cuello entre las palabras; sus hábiles manos recorrían cada centímetro de piel por debajo de la ropa, avivando las corrientes eléctricas que terminaban en su húmeda entrepierna, las caricias despertaban sensaciones placenteras, la saliva se mezclaba con el calor de las sábanas y los fluidos que de ambos emanaban, él le decía entre suspiros cuánto quería que ese día nunca se acabara, eso a ella le excitaba, su fogosidad iba en aumento mientras se acercaba al pensamiento: “Sí, este día será eterno”.

Los ojos de Suna brillaron a la luz de las velas con un intenso resplandor antinatural que le aceleró el corazón a Henri. Una profunda oscuridad se apropió de los pensamientos de ella y le nublo la razón. Sus movimientos se sucedieron en automático, clavó las uñas en la espalda de él, quién se quejó levemente mientras sonreía pensando que todo era producto del momento. Ella rodó su cuerpo colocándose sobre él, le ató las manos a la cama, por encima de su cabeza con su corbata, mientras su cadera subía y bajaba, deslizó las manos sobre el pecho del muchacho, sudor blanco que se arquea en su último acto. Ella abrió la boca, en señal de deseo y hundió la cabeza en el hueco entre su cuello y su hombro hincando los dientes con mayor fuerza cada vez. Lentamente el rojo de las velas se mezcló con la sangre que corría sobre las telas y Henri daba su último aliento mirando los labios de Suna empapados en el rojo de sus venas.

Suna se levantó de la orilla de la cama, se vistió la bata de terciopelo escarlata, se acercó solemne al inmóvil Henri y retirándole un mechón de la cara le susurró al oído

Ahora sí cariño, qué esta noche sea eterna.

Andy Ruiz. Mi nombre es Andrea Ruiz Molina, pero todos me conocen como Andy Ruiz, orgullosa yucateca y feminista nacida un 15 de marzo bajo la luna llena de una noche nublada. Actualmente, como amante de las letras y la expresión escrita he publicado textos de mi autoría en la Antología “Onírica” y “Mujeres con voz de tinta” en la editorial Voz de tinta.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s