Karla Arroyo: Parasomnia

I

Cierro los ojos, espero al silencio de la noche para que abrace mis pensamientos, pero este no llega. En su lugar se intensifica aquel ruido constante que aun no logro descifrar. Se parece a la vibración de un ventilador, cuyas aspas giran penosamente por algún objeto atorado.

—¿Puedo pasar? ¿Qué haces Ángela? Ya deberías estar dormida. Los desvelos no ayudan con los nervios.

—¿Oyes el ruido, Sara? Ven, acércate a la pared.

—Hija, no lo escucho. Creo que debemos hacerte estudios más específi…

—¡Shhh! ¡Escucha…ahí está! Nunca para, por las noches empeora.

—No escucho nada raro. ¿Qué gano con mentir? Trata de descansar, mañana solicitaré otra cita con tu doctor.

Ignoro desde cuando lo percibo, de lo que estoy segura, es que antes que Leonor se fuera, no existía. En mis sueños también lo escucho, ya es parte de ellos, a veces se manifiesta como una tormenta de nieve o lluvia. Cuando estoy a punto de despertar, se transforma en susurros, como si fuera una voz emitida en frecuencias que no puedo decodificar.

Estoy contigo.

Despierto en la madrugada y dos palabras quedan fijas en mi mente. En la oscuridad se muestra una silueta posada a mi costado, lo primero que pienso es en Leonor. No está aquí, pero mi mente evoca cuando ella y Sara venían a desearme buenas noches, hace varios años atrás; Leonor se sentaba a un lado en la cama y besaba mi frente con ese característico aliento a té de canela, a veces posaba la mano en mi mejilla, apretando apenas con un pellizco cariñoso.

Recuerdo que fue en medio de una crisis, cuando empecé a hurgar en las paredes para detectar de dónde provenía aquel sonido extraño, quité todo lo que estuviera clavado en ellas, moví todos los muebles y no hallé la fuente emisora. Caí rendida en un estado de ensoñación, Sara me encontró con el oído pegado al suelo, en el espacio donde debería estar la cama. No quería causarle más penas, ambas estábamos sufriendo la ausencia de Leonor. Me ayudó a recostarme y al cerrar la puerta tras de sí, suspiró profundamente. Intenté dormir a pesar de todo.

Estoy contigo.

—Lo sé, mamá. Huele a canela.

II

Lo último que recuerdo es que dejé la casa, caminé en medio de la bruma nocturna porque algo me atraía hasta un punto en medio del camino, me llamaban por mi nombre: “Leonor, es hora”.

Tuve visiones de caer en un vacío incesante. Perdí el conocimiento. No hubo túnel, ni una luz cegándome a través de él. Simplemente había llegado hasta aquel valle negro de horizonte sin fin.

Me vi rodeada de siluetas borrosas que avanzaban parsimoniosamente hacia donde yacía. Me veía como ellas, solo que yo aun conservaba un gradiente difuso de colores.

Se comunicaban entre sí por medio de una reverberación conjunta, podía entenderles, aunque no poseía la facultad de expresarme.

Me dijeron que eran Las Juezas y que era mi turno de acudir al llamado.

—¿Acaso morí?—, me pregunté mientras llegaba el recuerdo difuso de Ángela y Sara.

Obtuve una respuesta grupal: “Trascendiste”.

Me explicaron que cada ser, era una pieza del inconmensurable plan galáctico. Formamos parte de una programación superior y se me estaban ofreciendo dos opciones para completar mi proceso evolutivo. La primera; ir al origen de la creación, empezar de cero, aunque, en la era Elíptica, justo en la recién formada Mega Galaxia; o podría regresar como guía, al pasado remoto del planeta Tierra, en el ciclo en el que había nacido por última vez.

No tuve dudas, mi deseo era regresar, no sabía muy bien en qué condiciones, ni en qué consistía eso de ser guía, pero elegí estar lo más cerca posible de quienes amé.

—Tu trabajo consistirá en canalizar a los elegidos y disuadirlos que tomen las medidas necesarias para crear la tecnología que llevará a la especie humana al desarrollo de la siguiente fase de conciencia. Parecerá sencillo, pero debes hacerte entender desde las características incorpóreas de tu nueva entidad. Te comunicarás en sueños porque es la única manera que pueden asimilar tal cantidad de conocimiento astral y cuando logres retroalimentación sabrás efectivamente que son los más aptos para tal propósito.

No te temerán, pues poseen una naturaleza que se acerca mucho a lo que somos nosotras, además, vas a adquirir gradualmente las habilidades necesarias para cumplir con tal misión. Serás capaz de despertar uno a uno, los rudimentarios mecanismos fisiológicos de sensación humana, hasta llegar a la apertura total. Si te preguntas por dónde empezar, tienes toda la razón en seguir la intuición, que no es más que otro de los sentidos de tu orden.

Ve con ellas, una es guardiana y la otra potencialmente una de las elegidas, razón por la cual, te fue encomendada. Esta última, comparte contigo un lazo energético forjado en el principio cósmico y que los terrestres llaman cordón umbilical.

Karla Arroyo, nació en la ciudad de México. Actualmente radica en Cuernavaca, Morelos. Es diseñadora de la comunicación gráfica, egresada de la UAM-Azcapotzalco. Asistió a cursos y talleres de escritura creativa, minificción, cuento gótico y narrativa fantástica. Sus textos se han incluido en diversas antologías de editoriales y revistas independientes, con temáticas como la escritura de identidad, ciencia ficción, terror y fantasía.

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