Ángeles Sanlópez: Ordalía

Al bajar del autobús Luisa no pudo evitar llorar, pensaba que no regresaría al pueblo, pero ya estaba ahí. No podía evitar la idea de que en realidad su tía Angela, hermana de su madre, y su familia, no la querían ahí; entendía que ninguna familia recibiría con gusto a una adolescente con una madre muerta y un padre asesino.

Al acercarse a ellos, su tío tomó la caja de huevo en la que llevaba su ropa y Nicol tomó su mano. Se fueron caminando a la casa. Luisa vio: el palacio municipal, las canchas, el cementerio, la primaria, la iglesia. Parecía que nada había cambiado.  

—Pasemos a comprar las tortillas de una vez —dijo el padre.

Se desviaron del camino y se metieron en una calle.  

Luisa miró atrás. Su casa aún estaba ahí, quemada. Recordó las llamas, a su padre y su madre. Nicol al verla la tomó de la mano más fuerte y se la llevó a la tortillería. Mientras viviera en el pueblo no regresaría a ese lugar.

Llegaron a la casa.

—El fin de semana limpiaremos el cuarto que tenía la abuela Tomasa. Ese será tu espacio.

—Sí, tía Angela.

***

De la limpieza salieron varios libros, entre ellos estaban: El arte de la Alquimia, El largo viaje de Cándida, Cuentos soviéticos, Las mil y una historias para no morir y El Libro mágico de María Bell. Los padres les dijeron a las chicas que podían conservar los libros que quisieran. Cada una tomó los que quiso.

***

Tras las vacaciones Luisa entró a tercer año de secundaria junto con Nicol, ahí se hizo amiga de Diana y Coral. Los días en los que no podía dormir recordando a su madre desangrándose en el piso fueron quedando atrás, poco a poco empezó a recobrar su antigua personalidad.

Nicol se hizo novia del chico de la herrería, Patricio de dieciocho años. Luisa dejó de verla tan seguido, ésta se la pasaba en el celular o buscaba cualquier pretexto para salir a la calle. Luisa se encerró con sus libros.

Un día Luisa entró al cuarto de Nicol a sacar la ropa sucia, pensando que no la encontraría vio a Nicol sin su suéter como normalmente estaba. Notó los moretones y rasguños que tenía en los brazos.

¿O lo dejas o le digo a tus padres? —dijo Luisa.

—No te preocupes, ya lo dejé. Ahora esta con Imelda.

***

Las amigas organizaron una excursión por los alrededores del pueblo para distraer a Nicol. El día convenido todas se reunieron en el río y después visitaron el convento abandonado. La entrada principal estaba sellada desde el último temblor así que entraron por un hoyo que alguien había hecho. Coral sacó su machete y empezó a cortar la maleza que se encontraba a su paso.

Las chicas se quedaron en el patio, el musgo rodeaba los arcos y las columnas que aún sobrevivían. Decidieron sentarse alrededor de los restos de la fuente.

Una nube negra que provenía del oriente iba tapando poco a poco los rayos del sol.

Luisa sacó un libro de su mochila.

—Chicas, les quería enseñar este libro, se llama: El Libro mágico de María Bell.

Mientras lo hojeaba comentó: “Aquí vienen varios hechizos, hay desde cómo conseguir amor y dinero, hasta venganza y justicia. ¿Quieren probar alguno?”

—Sí, pero que elija Nicol —dijo Diana.

Nicol tomó el libro, cerró sus ojos y le dio vueltas a su dedo hasta que lo puso en el índice.

—Salió Ordalía. Alguien sabe qué significa.

—Significa juicio —dijo Luisa.

—Sabes muchas cosas —dijo Coral.

—En realidad no, lo investigué en internet antes de venir aquí.

Todas rieron.

¿Y a quién enjuiciaremos? —Preguntó Diana.

Puedo elegir—preguntó Luisa

Las chicas asintieron con la cabeza.

Acérquense, lo leeremos juntas —les dijo Luisa.

Empezó a hacer mucho viento. Las hojas de los árboles empezaron a caer sobre las chicas. Leyeron al unísono:

—Invocamos el favor de los espíritus ancestrales de las Asirs para cumplir con esta ordalía. Juzguen si nuestra petición es digna de ser atendida para dar justicia a…

Todas vieron a Luisa, quien mencionó:

—Las mujeres que fueron asesinadas en el pueblo Valle de la Alianza.

Ninguna miró con desaprobación a Luisa, sabían que su padre había matado a su madre y que decían que estaba escondido en el pueblo.

Las chicas terminaron de leer.

—Pedimos que sus cuerpos salgan de sus tumbas por una noche para obtener justicia. Que este hechizo sirva como candil en la oscuridad de la otra vida.

Una vez que terminaron, Diana empezó a llorar. Nicol se acercó a abrazarla.

Entre sollozos Diana dijo:

—Me gustaría que este hechizo fuera verdad. Mi tía fue asesinada por su novio y nadie hizo nada.

Todas se acercaron y la abrazaron.

Al notar que empezaba a llover tomaron sus mochilas y salieron del convento.

***

Tras las campanadas de la medianoche un ruido estruendoso se escuchó en todo el pueblo. Hubo un apagón generalizado. La luna llena no era de ayuda. Del cementerio comenzaron a escucharse ruidos cada vez más cerca. Varios vecinos que apenas llegaban a sus casas rumbo al panteón regresaban corriendo y gritando:

—¡Mujeres muertas! ¡Mujeres muertas! ¡Corran! —dijo don Mario, el sacristán de la iglesia. No sé qué pasa, pero las muertitas se salieron de sus tumbas y ahí vienen.

Varias mujeres descalzas, de piel marchita, amarillenta, uñas enormes, con ropa desgarrada, y otras irreconocibles por la putrefacción, venían en fila. Líquidos putrefactos y pestilencia dejaban a su paso.

Pasaron de largo por las primeras casas, pero más adelante comenzaron a meterse en algunas.

Los vecinos taparon sus puertas y ventanas con madera. Las muertas se metían a las casas sin mayor esfuerzo. Una vez adentro sacaban a algunos hombres, no a todos, nadie sabía por qué. Muchos trataron de defenderse con patadas, puñetazos, palas, martillos y pistolas, pero a ellas nada las detenía.

Los vecinos empezaron a reconocer a las muertas: Es mi hermana, mi esposa, mi hija, — decían— La ropa las delataba.

Nicol se asustó y le contó a sus padres lo que habían hecho.

—¿Dónde está el libro? —preguntó el padre.

Luisa subió a su cuarto por él. Al notar que no regresaba subieron a su cuarto y no estaba ella ni el libro.

—¿A dónde fue? —preguntó la madre.

Supongo que, al convento, ahí se dijo el hechizo —respondió Nicol.

La familia fue en su búsqueda.

Las muertas también se fueron hacia el convento, cada una llevaba un hombre o dos en sus manos. Todo el pueblo vio su peregrinar. Se empezó a decir que habían venido por sus verdugos.

Nicol y sus padres llegaron al convento, las puertas habían sido derribadas. El libro se encontraba en medio de la fuente. Luisa estaba tras una columna.

—¿Qué haces aquí? —preguntó su tía.

—Espero a mi mamá, ella va a venir.

—Ella no vendrá.

—¿Por qué no?

— Hija, tú papá se ahorcó días después de que asesinó a tu madre.

Luisa comenzó a llorar, Nicol la abrazó.

Las muertas colocaron a los hombres alrededor del libro. Nicol vio que Patricio estaba ahí. Él no la miró.

La familia se fue.

Algunos hombres trataron de unir fuerzas para romper el círculo, pero fue inútil. Las muertas se tomaron de la mano, agacharon la cabeza, dieron un gran suspiro y después gritaron viendo al cielo.

Cada una fue levantando al hombre u hombres que habían llevado. Con una mano lo tomaban del cuello y con la otra le sacaban el corazón, después los tiraban al suelo.

Patricio estaba sentado encima de los cuerpos, les gritaba:

—Pinches viejas. Qué se creen, van a valer verga ahora que los hombres del pueblo vengan a acabar con ustedes. Las vamos a enterrar bien hondo para que no vuelvan a salir, hijas de la chingada. Ni muertas dejan de molestar.

Mientras él seguía gritando, por atrás llegó una chica de quince años. Le sacó el corazón y lo arrojó con los demás cuerpos.

Las muertas regresaron a sus tumbas. El libro desapareció.

Los vecinos no sabían qué hacer con el convento, se acordó que al día siguiente se tomaría una decisión. Antes de que amaneciera, el convento comenzó a arder. La gente salió y solo vio como aquel lugar era consumido por las llamas.

Ángeles Sanlópez (Chimalhuacán, Estado de México, 1988). Historiadora, profesora y escritora. Ha tomado cursos de escritura creativa que la llevaron a publicar en el Círculo literario de Mujeres, Femfutura, Especulativas y Penumbria. Organiza círculos de lectura, cursos y talleres sobre la relación entre el feminismo, la ciencia ficción y la fantasía. En sus análisis reflexiona desde el reconocimiento de las experiencias individuales y las ciencias sociales.

Le encanta compartir sus sentipensares con otras mujeres. Cree en formar comunidades tal y como lo aprendió de su madre. Le gusta impulsar la escritura, la creatividad y la imaginación. Co-coordina el proyecto de Difusión de la literatura escrita por mujeres en los géneros de fantasía, terror y ciencia ficción: Especulativas.

Instagram: @angeles_sanlopez

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