María Gorodentseva: Velorio

La abuela murió de golpe. Lo último que recuerdo de ella es cómo se ajetreó en la cocina preparándonos bocadillos para el tren. Toda la familia había viajado a la ciudad para el jubileo de una tía segunda, solo mi abuela se quedó en casa. Dos días después de nuestra partida, una vecina se preocupó y entró en nuestra casa: la abuelita había yacido sin vida en la cama, las manos cruzadas en el pecho, en una isba helada y vacía. Por supuesto, inmediatamente regresamos al pueblo.  Los padres atónitos, especialmente mi mamá, a quien daba miedo mirar en aquellos … Continúa leyendo María Gorodentseva: Velorio

María del Carmen Trejo Colchado: 24 mujeres

La mesa estaba puesta en el centro del jardín. Aunque hubiéramos cabido todas dentro de la casa, decidimos cocinar afuera. Nuestras ocho invitadas llegaron juntas, a las siete de la mañana. Despuntaba el sol y la casa resplandeció con una blancura inusitada que encendió los corazones de las dieciséis ansiosas que esperamos el maravilloso encuentro. Mi madre ya tenía preparada una gran olla de café con canela y piloncillo. Mis sobrinas, mi hermana y yo llevamos en charolas un montón de piezas de pan dulce y fruta fresca. Abrazos infinitos. Alegría desbordada por los ojos. Palabras y risas nuevas. Caricias … Continúa leyendo María del Carmen Trejo Colchado: 24 mujeres

Diana Hernández: La primera cera

En la víspera del Día de Muertos, acompañaba a mamá y a mi abue al mercado. Al principio íbamos en el coche del tío Juanito. Él era taxista, le gustaba la tomadera y la cantada, era el más alegre de las fiestas y a mí siempre me consentía. Un día se mató en su carro, dijeron que fue por ir manejando borracho, pero luego él me dijo que no era cierto. Entonces tuvimos que ir en taxi porque a mi abue no le gustaba subirse a los camiones, era muy chaparrita y no alcanzaba los escalones. Al llegar al mercado, … Continúa leyendo Diana Hernández: La primera cera

Magda Calderón Rodríguez: Llena de vida, Viviana

I Si te tragas las pepitas de las frutas, te va a crecer un árbol en el estómago, le decían los adultos a Viviana cuando era pequeña. Ella abría mucho los ojos, no por miedo como sus primas, sino por la insaciable curiosidad e imaginación que siempre la caracterizaron. Las mentiras de los adultos se convertían para ella en inspiración durante las noches. Y cuando describía sus sueños, asustaba a todos. Tenía un sueño recurrente: imaginaba unas raíces que se hundían dentro de su estómago hasta salir por sus pies; y enormes ramas que se asomaban al exterior por sus … Continúa leyendo Magda Calderón Rodríguez: Llena de vida, Viviana

Cecilia Mogollón Villar: La señora de las manzanas

Con un cuchillo sin filo y ampollas en los dedos de ambas manos, Beti extrajo las semillas de la última de cinco mil manzanas. Tanta repetición de movimientos irritó su piel y gastó el filo del cuchillo. Pero la tarea estaba conseguida: reunió poco más de la dosis necesaria para que el cianuro contenido en las semillas de tan generosas frutas tuviera efecto letal. Meses hacía desde que la idea llegó a la mente de Beti, sin abandonarla; el mismo tiempo desde que sus vecinos empezaron a disfrutar deliciosas mermeladas y compotas de manzana, pasteles de manzana, almíbar de manzana, … Continúa leyendo Cecilia Mogollón Villar: La señora de las manzanas

Eugenia Nájera Verástegui: Las alas del alma

Es la hora del demonio. Otra vez vuelvo a despertar a esa misma hora. Algunas personas muy  antiguas contaban que a esa hora se abren los portales dimensionales. Un día más que no puedo dormir. Ya di mil vueltas en la cama, me abaniqué porque ya estamos en verano, hace mucho calor y nada que me llega el sueño, aunque sea por unas horas para descansar de tantos problemas, de tanta oscuridad. Ahora ya son las cuatro treinta, comenzó a tronar, menos podré dormir. Y así pasa el tiempo en el reloj. Ya comenzó a cantar una paloma, desde hace … Continúa leyendo Eugenia Nájera Verástegui: Las alas del alma

Liliane Sofía Ortega Ocampo: Euterpe

¿La musa de la música? ¡No me hagan reír! Cuando yo —La Gran Euterpe— soy la misma encarnación de esta. En todos lados me encuentro presente: en el trinar de las aves, en el silbido del viento y hasta en el mismo océano. Yo misma fui quien les dio los instrumentos a los humanos; fui yo quien les dio el conocimiento de la teoría musical para que pudieran construir hermosas melodías sin saber que ese sería el inicio de una pesadilla. Retornemos un poco en el tiempo (mejor dicho bastante), cuando los vi crear sus primeras piezas, cuando escuché sus … Continúa leyendo Liliane Sofía Ortega Ocampo: Euterpe

Susana Torres Cabeza: Jazz

Soledad se levantó de la cama. Calzó primero el pie izquierdo, luego el derecho. Se retiró el largo camisón y se vistió rápidamente. No era cuestión de que la desnudez quedara a la vista de nadie. Ni siquiera de sí misma. A su madre no le gustaba. Hizo dos estiramientos arriba. Después, dos abajo. Tras el ejercicio quedó lista para desayunar. Un café con leche, no muy caliente, y dos huevos cocidos. Se duchó y se vistió. La coleta se la hizo su madre que ella no sabía hacerla bien. Centrada y muy tirante para que ningún cabello escapara. A … Continúa leyendo Susana Torres Cabeza: Jazz

Martha González Díaz. Godiva: mariposa surrealista

Cuenta una leyenda que lady Godiva esposa de Leofric conde de Chester amaba tanto a su pueblo que, al verlo sufrir por la pobreza, suplicó a su marido que disminuyera los impuestos; enojado por el atrevimiento de su mujer, atendió la súplica bajo la condición de que Godiva atravesara la ciudad cabalgando desnuda sobre un corcel. La mujer aceptó, no sin antes pedir a los habitantes del lugar que se encerraran en sus casas para no mirarla pasar; como gesto de agradecimiento su pueblo accedió, de modo que se despojó de sus vestiduras y completamente desnuda lady Godiva soltó su … Continúa leyendo Martha González Díaz. Godiva: mariposa surrealista

Susana Torres Cabeza: El agujero

El día que me dejó María, sí, ya se llamaba María, aunque no hubiese nacido, se me abrió un agujero en el pecho. No en el sentido figurado, no era un recurso poético, se abrió una brecha de verdad a la altura del pecho. El orificio no era un tipo de los que puedas tapar fácilmente. Si mirabas de frente, podías ver a través, si mirabas de perfil en cambio, se disimulaba bastante.  Los días fríos, notaba el aire pasar a través de él haciendo incluso, a veces, ruidos ventosos. Era muy desagradable.  Como cuando pasó era invierno, intentaba ir … Continúa leyendo Susana Torres Cabeza: El agujero