Noah: El velo

Estaba en la cocina, preparando los bocadillos, cuando escuché el timbre. —¡Ya voy! —anuncié, enjuagando mis manos, frotándolas contra mi blusa y dirigiéndome a la puerta. Así comenzó el asedio. —¡Bienvenida! —saludé a mi hermana, abrazándola como cada vez que nos veíamos. —¡Hola! —me dijo ella, con igual cariño, besándome ambas mejillas. Y entonces sentí un aroma distinto. Un aroma que no conocía. Olía a lavanda, a pan horneado y a naranja. Dulce y ácido, su aroma me invadió y burbujeó bajo mi piel… —Esta es Sofía —presentó mi hermana a quien la acompañaba. Era una muchacha joven, de cabello … Continúa leyendo Noah: El velo

Mihaela Ionela Badin: El deseo del viento

Anca había escuchado rumores sobre la antigua fuente de deseos, un relicario escondido en el centro de la ciudad donde nadie se atrevía a ir. Aquellos que se acercaban decían que no era el agua lo que cumplía los deseos, sino algo mucho más oscuro, algo que cambiaba la esencia de quienes pedían. Con el tiempo, las historias se habían transformado en leyendas, y las leyendas, en susurros de advertencia. Muchos decían que quienes se acercaban a la fuente regresaban diferentes, pero nunca con lo que realmente querían. En lugar de una satisfacción, sus deseos quedaban vacíos, como si el … Continúa leyendo Mihaela Ionela Badin: El deseo del viento

Giovanna Tovar: Jérémie, el pez malabarista

Francia, año de 1649 Jérémie Alphonse Rousseau, hijo de Bertín Rousseau el mejor nadador contra corriente de la ciudad, y Margot Bernard, escritora y ganadora del premio literario en conmemoración al natalicio de Jaime V, pez de familia real. La familia Rousseau pertenecía a las costas francesas al norte del arrecife, viviendo en una modesta casa construida de conchas y plantas acuáticas de la mejor calidad.  La vida en los mares franceses era tranquila, los habitantes se dedicaban a la recolección de crustáceos y a la crianza de caballitos de mar. Todo transcurría normal, como todos los días, hasta que … Continúa leyendo Giovanna Tovar: Jérémie, el pez malabarista

Desirer Sanchez: Donde nacen las alas

Lynn estaba de pie en la cima de la colina más alta de su aldea, mirando hacia el horizonte donde las luces de Telysia, la ciudad flotante, danzaban en el cielo como estrellas atrapadas en una red. Su resplandor azul y dorado era visible incluso desde la distancia, un recordatorio constante de lo que estaba fuera de su alcance. —¿Sigues soñando con Telysia? —preguntó Kade, su hermano menor, mientras trepaba torpemente la colina para alcanzarla. —No es un sueño, Kade. Es una meta. —Lynn apretó los puños. Kade se dejó caer en la hierba, sacudiéndose el polvo de las botas. … Continúa leyendo Desirer Sanchez: Donde nacen las alas

Mariana Palma Navas: ¿Te acuerdas?

¿Cómo es posible que haya pasado tanto tiempo estando tan sola? Ya no recuerdo mi cara frente al espejo, ni mis ojos, ni mi sonrisa, ni mi hermoso cabello… Solo el tacto de mis manos es la memoria viva de quien soy ahora, paso con delicadeza mis palmas por mi rostro y solo siento más arrugas que antes, unos nudos gigantes en mis crespos, suciedad en mis dientes. No entiendo por qué la vida se me está pasando en este espacio tan pequeño, donde no entra siquiera la luz de las habitaciones aledañas. Con amargura y una pena que me … Continúa leyendo Mariana Palma Navas: ¿Te acuerdas?

Mónica Urbina Lagunas: Prohibido zambullirse

La playa El Caiman estaba abarrotada de familias que les había parecido muy buena idea pasar el domingo lejos de las obligaciones domésticas. El cielo se había empezado a llenar de nubes como el mar de bañistas que, sin temor a la temperatura del agua, se zambullían en ruidosos clavados. El viento sacudía las sombrillas, las mujeres sujetaban sus sombreros, se quitaban los lentes y miraban amenazantes al cielo como si así lo obligaran a despejarse. El ruido de las bocinas, las carcajadas y el crujido de las papitas se volvieron una especie de conjuro colectivo para espantar el pronóstico … Continúa leyendo Mónica Urbina Lagunas: Prohibido zambullirse

Gabriela EG: Soledad

Antes de que todo se oscureciera, recuerdo como limpiaban mis manos delgadas de las cuales solo tenía ya cuatro uñas, mis antebrazos estaban llenos de rasguños por aquella defensa que di, como en la guerra, cuya pelea por la vida debe ser permanente para sobrevivir de los ambientes más hostiles, de la maldad, en este caso de mi peor enemigo, un demonio disfrazado de amor. Esa persona que decía amarme más que a nadie, mi pareja, mi tormento hasta el último minuto, hasta el último suspiro de mi existencia. Ese mismo que algún día me prometió los más grandes y … Continúa leyendo Gabriela EG: Soledad

Amparo Dávila: La señorita Julia

La señorita Julia, como la llamaban sus compañeros de oficina, llevaba más de un mes sin dormir, lo cual empezaba a dejarle huellas. Las mejillas habían perdido aquel tono rosado que Julia conservaba, a pesar de los años, como resultado de una vida sana, metódica y tranquila. Tenía grandes y profundas ojeras y la ropa se le notaba floja. Y sus compañeros habían observado, con bastante alarma, que la memoria de la señorita Julia no era como antes. Olvidaba cosas, sufría frecuentes distracciones y lo que más les preocupaba era verla sentada, ante su escritorio, cabeceando, a punto casi de … Continúa leyendo Amparo Dávila: La señorita Julia

María Alvarado De la Rosa: Juventud

Ana y Leo se amaban, luego de veinticinco años de matrimonio su amor había crecido. Arreglaban cualquier diferencia hablando, llegando a acuerdos, y teniendo sexo. Al día siguiente de una discusión, se les podía ver abrazados, sonrientes, como una pareja joven. Durante años habían tomado vacaciones junto con sus dos hijos, disfrutando verlos divertirse y crecer en cada viaje. Esta vez el paseo cambio de tono, la pequeña familia decidió vacacionar en compañía de la familia de la prometida del hijo mayor, y el menor invitó a su novia al viaje. Este cambio causaba en la pareja enorme nostalgia. Sus … Continúa leyendo María Alvarado De la Rosa: Juventud

María José Escobar: Te esperaba todas las noches

Comenzó a esperar en el balcón dos horas antes de la hora habitual, y observaba cómo el deseo viraba bruscamente dentro de su cuerpo, como un mono enfurecido que se golpeaba contra los barrotes de la jaula. Juana Adcock Un día, cuando se dio por vencida, se dispuso a encontrar un objeto de deseo así fuera algo inasible. Ahí, se dijo, puedo verter todo lo que se desborda. Con esa resolución, por las noches miraba el techo y anhelaba; imaginaba todas las posibilidades y le ponía contentísima saber que su mente era capaz de recrear situaciones y hacer de cuenta … Continúa leyendo María José Escobar: Te esperaba todas las noches