Otra vez mamá se enojó porque empecé a llorar. Como siempre, intenté evitarlo, pero no pude; estaba explicándole lo que había sucedido y se me quebró la voz, seguí hablándole pero ya era toda lágrimas y mocos. Dijo que estaba alzando demasiado mi voz, que estaba gritándole, y me regañó. Dijo que, para empezar, no tenía por qué estar rezongándole, que tenía que callarme y ya.
No pude evitar que se me salieran así las lágrimas, simplemente sucedió. No pude evitar que se me quebrara la voz. A mí tampoco me gusta, en la escuela se burlan de mi cuando me pasa, y es peor en mi casa; mi hermano se burla de mí, tuerce mis palabras, mis explicaciones, para burlarse aún más. Me hace sentir como una tonta y después lo que siento es más ira. Y mamá siempre se pone como si la estuviera ofendiendo, yo no entiendo por qué, yo no entiendo cómo estoy ofendiéndola, si sólo estoy llorando, yo no entiendo porqué a todos les molesta algo tan simple; no entiendo pero al final me enojo mucho cuando se ofenden así.
Me fui al cuarto, me senté a ver por la ventana, a ver el jardín mientras se pasaba la sensación de estar enojada.
Mientras miraba el jardín distinguí cómo de entre el follaje surgía una figura verdosa, se formó poco a poco, llovía, y parecía que las gotas que caían le iban dando forma. Se levantó repentinamente una criatura rara, parecía tener dos manos y dos piernas, todo hecho de hojas, y me pareció que me miraba, que se había levantado específicamente a mirarme.
Me tallé los ojos con fuerza, porque se me ocurrió que eran las lágrimas o todo mi enojo, lo que me hacía ver visiones. Me acerqué a la ventana pero no la abrí, tenía miedo. La criatura había desaparecido, le busqué con la vista junto al árbol de donde había salido pero no la encontraba, de repente distinguí esas hojas del otro lado del vidrio, justo frente a mí.
Sentí cómo se me helaba el corazón y luego se aceleró, sentí como empecé a sudar frío; esa figura tenía cara, y me estaba mirando. Sus diminutos ojos verdes, las nervaduras de la hoja que lo atravesaban todo en su constitución. Sentí náusea, quería irme corriendo, quería gritar. Pero no quería que me regañaran otra vez. Solo me quedé ahí, congelada, mirándolo de regreso.
La criatura me miró fijamente, no habló pero escuché una voz, dentro de mi cabeza, mientras la criatura dejaba un trozo de corteza fuera de la ventana; solo el vidrio me separaba de tocarle. Me dijo que tenía que poner la corteza en el agua de ambos, de mamá y de mi hermano, durante toda una noche; una noche de luna nueva, era importante que retirara la corteza antes de que amaneciera, no debían verla. Debía de ser muy cuidadosa de no beber yo de esa agua, ya que podía afectarme de manera muy negativa. Esperé pacientemente a que fuera luna nueva, cuando se hubieron acostado, coloqué la corteza en la garrafa y recité las palabras que la criatura me había susurrado.
“Sólo tengo lágrimas dentro de mi corazón, sólo tengo lágrimas dentro de mi cabeza, ahuyenta éstas lágrimas, evapóralas, yo ya no puedo cargar con ellas. Que se derramen desde otra fuente para que dejen de dolerme a mí, para poder pensar, para poder reír”.
Las recité de todo corazón, deseando con fuerza que se vaya toda la ira que he sentido siempre, toda la ira por no poder hacer algo tan simple como dejar correr mis lágrimas, para no ofender a nadie, para no llamar a risas ni a regaños.
Casi no dormí esa noche, con tantos nervios. A la mañana siguiente, me levanté antes que mamá, con mucho cuidado me fui a la cocina y retiré la corteza, la criatura había dicho que la enterrara en la raíz del árbol de donde provenía, y que tenía que hacerlo antes de que alguien bebiera del agua, así que la enterré en seguida.
Ése dia sucedió algo extraño, por la tarde mientras comíamos, mamá dijo que había tenido un día difícil y así como así se soltó a llorar. Mi hermano solo la miró con extrañeza y no supo qué hacer. Claro, de ella no se iba a burlar. Yo no sabía qué hacer, me daba miedo que si le hablaba se enojara conmigo. Me quedé callada, evité mirarla porque no sabía qué decir.
Más tarde, mi hermano también se soltó a llorar, creo que se frustró por algo de la escuela, no le pregunté; él lloró como nunca lo había visto. Mamá se enojó mucho y mientras le gritaba a mi hermano también lloró.
Yo me escondí; me fui corriendo al jardín porque me dió mucho miedo que todos estuvieran llorando, sentí que me iban a regañar a mí, sentí que adivinarían que yo era la causante de lo que les pasaba.
Cuando llegué al jardín miré el árbol de dónde había salido la criatura y me acerqué a él. No surge sólo una criatura, surgen muchas, todas hechas de hojas como la que me entregó la corteza; me miran desde las ramas del árbol con esos ojillos verdes, que parecen ocultar un secreto, una de ellas me acerca una hoja, sé que tengo que comerla. Me la llevo a la boca y empiezo a escuchar su mensaje mientras mastico.
“Ya nunca volveran a molestarte, ahora ellos tampoco pueden ocultar nada. Cada luna nueva tienes que repetir el hechizo. Si ellos siguen así, tu corazón dejará de pesarte. Ya puedes derramar las lágrimas que tú quieras, ya puedes levantar la voz cuando tú quieras; tu corazón ya no tiene cadenas. El corazón de ellos pronto estará tan exhaltado como el tuyo, si ello tiende un puente entre ustedes, o un abismo, esa será su decisión”.
En mi mente les pregunto si tengo que darles algo a cambio, un pago por el favor que me han hecho.
“Ya comiste la hoja, cuando tengas que venir, lo sabrás. No te preocupes, siempre has sido más como nosotros que como ellos, entre nosotros solo encontrarás deleite”.

Carolina Jiménez Paredes. Soy docente de arte a nivel secundaria, Licenciada en Artes Visuales por la UAEH; transmitir lo que yo conozca de arte y reforzarlo como el espacio seguro que significa es parte integral de mi vida. He trabajado en algunos proyectos de cortometraje ficción y documental, siendo mi labor principal como guionista, misma que me llevó a obtener un lugar en el laboratorio de guión de cortometraje del festival Macabro. Me gusta generar imágenes por medio de líneas o de palabras, animar a la imaginación para que crezca más allá de nosotras mismas.


Hermoso cuento, maravilloso, que bueno que estoy inscrito en especulativas, para sorprenderme con estos cuentos peqqueños que saben como crecer la tensión y finalizarla de esa manera (no voy a contar mas porque esta muy bueno el cuento)
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