Rosario Castillo Zenteno: Nadie sepa para quién trabaja

I

Rose es mexicana, emigró desde muy pequeña, se casó en Pensilvania con un gringo. Perfecta. Con su falda verde y su suéter azul, acompañada de su esposo y su hermano pequeño. Sabía que estaba enferma pero comenzó a decirme que tenía un cáncer agresivo mientras íbamos en el auto, ella en la parte trasera y yo de copiloto, manejaba su esposo Frank, a punto de llegar a mi clínica. Estudié medicina pero ellos piensan que soy una reportera investigando sobre curaciones milagrosas, sobre santos. Rose quiere ser santa, piensa que su sola fe logrará convertirla en una.

—…primero Dios, voy a salir adelante. Frank me llevó al doctor la semana pasada, me dijeron que está muy avanzado ya, que no hay tratamiento posible- me dice  mientras sonríe beatíficamente, casi orgullosa. 

—¿Eso significa, Rose, que tu enfermedad no ha sido tratada de ninguna forma? ¿Has tomado algún medicamento, alguna cirugía, te has hecho quimioterapia, acupuntura… algo?

No, nada de eso —sonrió— sólo fui a un chequeo porque me dolía bastante. En el hospital me hicieron muchos estudios, querían que me ingresara para iniciar un tratamiento, pero les dije que no, que muchas gracias. Y me salí.

—¿No es un ángel? dijo Frank

—Claro, es un ángel.

La sonrisa de Rose desbordaba orgullo y complacencia —…mi familia me necesita y yo estoy segura de que Dios me va a permitir vivir mucho tiempo sin más que su amorosa guía y el amor de mi esposo…—

—…y pues todo está muy bien, todo salió perfecto— me dijo mientras bajamos la rampa de entrada a mi clínica. El suelo está mojado, llueve ligeramente, hay sol. 

Perfecta.

II

La conocí por teléfono y después de varias conversaciones la convencí de “la entrevista”. Quiere un milagro. Fuimos a su casa a empacar algunas cosas. Ahí miré un niño pequeño, de unos tres años, que jugaba sentado en una silla alta de madera: es Julian, el medio hermano de Rose. La madre de ambos murió poco después de parirlo y el padre del bebé es casado, tiene otra familia, sólo manda dinero cada ciertas semanas. El padre de Rose tiene más de diez años fuera de sus vidas. Ella y Frank se casaron jóvenes, no tienen hijos. Julian estaba inquieto, pedía de comer, aventaba objetos, lloraba. Me acerqué a Rose y le dije: 

—No te preocupes, yo vigilo al bebé en lo que ustedes siguen empacando.

Sin dudarlo me acerqué y le dije al oído:

—¡Mira bebé idiota, deja de hacer pendejadas o te voy a romper la boca!— Mientras apretaba duramente su muñeca. Me miró muy asustado y toda la tarde guardó silencio. Punto para la doctora.

III

En la clínica se hicieron todos los arreglos. Durmieron unos días en un consultorio que se amuebló y acondicionó para su total comodidad. Ella confía en mí, es fabuloso. Todavía estaban convencidos de que médicos especialistas harían análisis para determinar el milagro de su curación, cuando sucediera. No hicieron preguntas.

IV

—¿Hola? 

—Hola mamá ¿cómo estás? ¿Cómo te sientes hoy? 

—Hija, mil disculpas por haberte llamado. He pasado días muy negros, dolores hasta las nubes, depre aguda, llanto, además muchas cosas en casa no funcionan, hay que repararlas. Y pues, mal, estuve llorando todo el día. Mira, ayer falleció mi amiga de toda la vida, la Dra. Aguilar, hace unos quince días me llamó su hijo, que dio positivo para COVID…

—Mamá, yo te juro que te voy a curar.

V

Después de una semana he suspendido incluso el té de 12 flores que toma Rose para dormir todas las noches. Después de la comida, la he visto doblarse por las costillas y gemir discretamente mientras palidece. Pregunta si todo esto es necesario, que se siente mal, desea regresar a casa. Le sugiero que Frank y el bebé Julian podrían regresar a casa por unos días y, extrañamente, acepta. Se irán mañana por la mañana. Todo cuadra, hoy es la noche.

VI

La cité tarde en mi consultorio, pasadas las 11:00 pm. Primero hice algunas preguntas, para suavizar el temblor de su voz. Me asegura de nuevo con estoicismo que sabe que su Dios la sanará, ayer lo escuchó en un sueño: “no te preocupes, hay un plan para ti”. Por primera vez percibe mi indiferencia, lo noto en el arco de sus cejas, hay algo de decepción. 

Sin más preámbulos comencé el ritual, el que he investigado desde hace décadas. Primero administré Somnus amicus como sedante natural y Rose ni siquiera la notó, la usé como tintura, un par de gotas en un vaso de agua que bebió al llegar: produce un potente efecto sedante, podríamos decir que hasta de sumisión, la persona no puede pelear con la sensación tranquilizadora de mi tintura. Cuando miré sus pupilas dilatadas, el enrojecimiento de sus mejillas y el levísimo sudor de su frente, le pedí que entráramos a mi salón privado, donde sólo yo tengo la llave. Esa noche todos se fueron. Sólo Frank y el niño dormían plácida y profundamente en su habitación, con ellos utilicé Dormitat luna que me permite dosis suaves. Apagué la luz, encendí todas las velas intencionadas y armé un círculo de sal gruesa alrededor de la mesa de madera al centro del saloncito. Nos rodeaban todas las imágenes a las cuales pueden pedírseles un favor como éste, nos cercaban los espíritus invocados de mis muertos y los suyos. Incluso pedí permiso al Dios de Rose, que no era el mío, para tomar eso que se gestaba en su cuerpo, aquello que no vive pero dará vida. 

Me desnudé, le pedí que hiciera lo mismo y de buena gana obedeció. Es preciosa. La ayudé a acostarse sobre la mesa, prendí el atado de hierbas secas: Aperta via, Heremita lux, Atropa belladona, Ocimun basilicum, Melissa officinalis y Agastache mexicana. Abierta la ventana, entraba de lleno la luz de la luna. Rezando en voz baja me encaramé sobre Rose, sobre ella dibujé con mi bisturí una línea enrojecida desde el esternón hasta el pubis, separé la piel hasta que pude mirar sus órganos enfermos. Apenas y parpadeó, el semblante en total calma. Encontré lo que estaba buscando: lo separé por capas, seccioné los vasos, lo tomé entre mis dedos y un líquido dorado mezclado con sangre comenzó a escurrir por mis muñecas, a subir increíblemente por mis codos, llegó a mis hombros, a mi cuello. Me asusté, eso no estaba descrito en ninguna de mis investigaciones. 

Creo que me desmayé, porque después de un rato desperté sobre la sangre tibia de Rose. Con mucho dolor en el cuerpo me incorporé, todavía no amanecía. Suturé su herida con paciencia, llevé su cuerpo a la parte de atrás de la clínica y lo lavé con una manguera. Tengo todo planeado para explicarle a Frank lo súbito, lo repentino, sólo tenía que llamar a ese amigo en la fiscalía…Con calma dejaré notas después más detalladas sobre las dosis, el resultado final, lo que he de administrar a mi madre: ya he separado las tres dosis. Por ahora me siento temblorosa, mareada, me duele mucho el costado izquierdo, similar al dolor que describe Rose. 

VII

Ella despertó desnuda junto a Frank, un poco fría pero sin rastro alguno en el cuerpo o en la memoria de la noche anterior. Se sorprendió un poco al ver que eran pasadas las diez de la mañana y tanto su esposo como Julian seguían durmiendo, pero tampoco le dio muchas vueltas al asunto. Esperó despierta un rato, muy tranquila, no sentía hambre, tenía una sensación diferente pero no alcanzaba a describirse cuál. Despertó Frank, se vistieron y salieron para desayunar, sólo encontraron a la secretaria que menciona que no han podido localizar a la doctora, que tal vez salió temprano. Desayunaron los tres en una mesa ocupada como comedor. Al pasar el medio día, se acercó otra persona a mencionarles que la doctora había dejado instrucciones para que el bebé y su padre fueran devueltos a su casa y “apoyados en todo lo necesario”. A Rose se le hizo extraño que no la mencionara, además ¿doctora?…

VIII

…”en el funeral de la Dra. Z se reunieron amigos y familiares. La causa de muerte se estableció como un raro caso asintomático de cáncer avanzado e incurable que le habría provocado complicaciones cardiacas y pulmonares la noche que falleció. Se habla también del curso de sus investigaciones, siendo administrada a su madre, por instrucciones de puño y letra de la misma doctora, un medicamento nuevo, que logra su completa recuperación. Son encontrados datos estadísticos y varias notas, pero desaparecieron los registros donde se detalla la última parte del procedimiento. Se espera que sus colegas puedan sentar las bases de un nuevo y eficaz medicamento…”

IX

—¿Desde dónde se alimenta el mal, Frank? Los sueños extraños continúan llegando. No, ya no hay dolor, el doctor dice que me he curado.

¿Ves Frank? Mi Dios tuvo siempre para mí un plan. Tú, tan desconfiado.

Soy escritora que apenas comienza. Trabajo como psicóloga de hospital, estudié también algunos semestres de Letras, la maestría en Ciencias del Lenguaje.

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