Salma Caristo: La noche

En la noche miro la playa y me dan ganas que me envuelva con su oscuridad.

Camino hacia ella sin fijarme en lo que hay a mi alrededor, 

siguiendo los ligeros destellos del agua que, 

movidos por las olas, lucen como nenúfares que guían mi camino. 

El mar y el cielo que ahora son lo mismo me provocan suspiros y risitas, me incitan a caminar hasta que ya no puedo distinguir mi cuerpo y eso me da paz. Me da paz no saber qué va a suceder, porque siento que tengo todas las posibilidades a mi alcance.

Estoy segura de que mis ojos están brillando al unísono con el rocío del oleaje, 

sólo veo un manto sombrío, pero sigo caminando en un vals dirigido por la marea. 

De pronto vislumbro ligeros matices de colores, creo que son otros seres porque los escucho cerca, sus susurros revolotean alrededor de mí.

El sosiego de este lugar me deja escucharme desde dentro. Escucharlo. Escuchar. 

Los susurros del viento, 

                       el estruendo del cielo, 

                                              el vaivén de las olas, 

                                                        de mi respiración, 

                                                                               los crujidos de las piedras, 

                                                                                           de los fósiles, 

                                                                                                       de mis pasos.

Embelesada a merced de la penumbra, 

siento que puedo fusionar mi voz con el murmullo del océano, 

con los zumbidos de los animales,

disponer mis movimientos a los relámpagos, a las estrellas, 

a la brisa que musita en mi cabeza y en mis pies.

Mientras camino percibo el rumor de los árboles que limitan la playa, 

cubiertos por un disfraz verde que les asfixia 

y a la vez les adorna de forma sublime, 

tan ensordecedor estar vivo y muerto a la vez.

Y como si se tratara de un encanto de la naturaleza, 

quiero sentir lo mismo, 

al viento, al agua, a seres que están y no están conmigo. 

Todo. 

Oliéndonos, acariciándonos, estrujándonos, atravesándonos…

Obnubilada, vistiendo una túnica creada por las gotas del cielo-mar, 

que se amolda a la perfección con mi cuerpo y se fusiona con cada parte de mí.

Emito una última risita antes de evanescerme. 

Nos esparcimos, nos impregnamos en este lugar 

y ahora somos la noche.

Salma Caristo. Soy psicóloga egresada de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), realicé una movilidad estudiantil en la Universidad de La Frontera (UFRO), en Chile. Soy artista plástica y escritora, integrante de Talentos Universitarios UAEMéx, del Colectivo artístico Ameyalli, la Colectiva Mujeres en el Arte y el Taller de narrativa de Grafógrafxs UAEMéx. Participé en la Estancia literaria “Material de los sueños” en las Islas Marías. Textos míos han sido publicados en revistas como Grafógrafxs, Penumbria y Red Universitaria de Mujeres Escritoras. Además imparto cursos, talleres y charlas sobre la salud mental y la psicología relacionada con las artes.

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