Paloma Muy Kuay: El bloguero solitario

Entrada de enero 2022

Una vez más me encuentro mirando asqueado la biofagia de mi cocina. Sé que ustedes, mis seguidores, también tienen una en sus casas. Es la única forma de alimentarse hoy en día. ¿No les parece extraño, mis solitarios, que comamos de algo vivo que no muere, sino que continua vivo, aprendiendo, dentro de nuestras cocinas? Ella sabe que le robamos todos los días un pedazo de su gelatinoso cuerpo, que lo ponemos al sol para producir comida no para que viva.

Hoy la escuché hablar. No alcancé a entender lo que decía, se escuchaba acuoso, como si estuviera debajo del mar; hablaba a través de la gelatina y esta impedía que salieran las palabras con claridad.

—…me….me —decía una y otra vez.

Mi tía Susana dice que ni modo, que aunque hable se lo va a comer; pero yo he decidido empezar un nuevo movimiento, uno que no involucre comer seres que usan el lenguaje, cualquiera que este sea. Aunque sean seres plásticos, sí.

—Pero, ¿qué comerás? —me dice preocupada—. De por sí ya estás todo flaco y ojeroso. Desde que el mundo exterior se contaminó en diciembre, ni siquiera pudimos hacer nuestro guajolote de año nuevo ni cosechar las papas de nuestro propio jardín. No hay nada más, todo está conspirando para matarnos, ¿no lo ves?

La biofagia se me quedó mirando esta mañana, lo juro. Entonces me acerqué un poco más tarde, esperando escucharle, rogando escucharle.

—Di algo, celulita —o como yo empecé a llamarla la semana pasada, mi Lindsay Lohan—. Mi chica plástica, mi chica pesada, abre tu boca y dime qué quieres, sé que estás viva —pero me responde el brillo mate de su plástico y de sus colores fantásticos y plásticos.

Paso los días, mis solitarios, mirando por la ventana. No hay nada que comer más que sol y nuestros cuerpos tan primitivos no pueden convertirlo en alimento para las células que nos habitan. Merecemos extinguirnos, solitarios. La tierra nos está mandando un mensaje.

Pasan los días y tía Susana se lame los dedos con la gelatina de mi Lindsay Lohan y el estómago se me revuelve. Esta es mi declaración, solitarios: no viviré más en este cuerpo, me voy a donde se van las células que produce Lindsay, a algún lugar de miércoles rosa y cabellos sueltos. Mi cuerpo cada día desaparece y hasta creo que se come a sí mismo. Pero no importa, esta es una declaración política: no me alimentaré más que de mi propio cuerpo.

Lindsay Lohan ha vuelto a hablar. Me acerco con mis últimas fuerzas, pero lo único que escucho es “…ome..me”.

Me concentro en mi alimentación autófaga. Quizás sí hay una manera de transformar el sol en comida para mis células, quizás es la salida. Comer hacia dentro y desaparecer.

—Com…me.

Lindsay continúa hablando, articulando palabras que no entiendo. ¿Qué dices, Lindsay? Ojalá pudiera entenderte antes de morir, saber qué dices, quizás escucharte decir que nada fue en vano, que morí con causa.

—Com…me.

¿Cómeme? ¡Dice cómeme! Con toda la sensualidad que el plástico le permite, Lindsay Lohan sólo desea ser consumida poco a poco hasta desaparecer. De pronto todo tiene sentido, pero mi cuerpo se ha desacostumbrado a comer y prefiere el sabor de mi propia carne. “¡Cómeme!” Grita con ansias de un placer que le ha sido negado por varios días. De su cuerpo brillante y fantástico escurre la gelatina acuosa casi fluorescente, desde su mesita de cristal hasta el piso, denso, profundo. Trato de alcanzarla, presionarla para extraer un poco de gel acuoso envuelto en palabras ahogadas. Pero al llevarlo hasta mi boca y hacer resbalar el denso líquido a mi garganta no lo puedo pasar y vomito mis últimas células comestibles.

Un humano más extinto, pensaría, pero ya no hay células ni neuronas que me piensen.

Paloma Muy Kuay. Estudié la licenciatura en Artes Plásticas y visuales en la ENPEG “La Esmeralda” y la maestría en Pedagogía del sujeto y prácticas educativas en el CESDER-UCIRED. Me interesa el vínculo del arte con la educación, así como proyectos relacionados con la vida cotidiana. Mi trabajo como artista plástica lo hago desde el dibujo y la pintura y últimamente a través de la narrativa gráfica. 

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