Linda Acosta: Exquisitez de Actopan

“Se decía a sí misma (y hacía uso de un lenguaje nuevo, recién aprendido) que cada palabra era como un fruto, la culminación de un árbol de ideas”.

–Veronica Murgía, El fuego verde.

 

Junto a los lagos y ríos viven las hadas. El Agua enseña a estas seres que sus emociones deben fluir. Saludan al sol, respetan al Fuego reconociendo el poder de la alegría, magia, de la fogata interna. Aman vivir en la Tierra, agradecidas con la belleza y riqueza donde reflejan materialmente sus conexiones. Muchas de ellas tienen alas con las que sobrevuelan en torno a las flores, son ligeras y elementales como el Aire. Éter, pistilos, estambres, coronas y cáliz; órganos sensuales de pimpollos, retoños coloridos; iridiscencias rebosantes de polen, aromas afables y penetrantes, son el paisaje de las mujeres mágicas.

Se dice que, hace siglos, a México llegaron las hadas a través de leyendas que acompañaron en barcos la travesía atlántica. Posiblemente las variadas preciosas damas ya habían sido creadas desde el origen mismo. Desde entonces, ya habitaban cuencas, valles, montañas, selvas tropicales o los oasis de desiertos en la geografía del ombligo de la Luna, y de la esfera Azul por entera. Ahí, en Mexika Máxica, es donde se desarrolla entre la ventaja mitológica de aluxes, duendes y chaneques nuestro oculto relato. Entonces, voy a dar luz a una probable historia femenina.

Las diminutas flores del Cafeto, del Theobroma y Vainilla hacen deleite en la piel de las  intensas embajadoras del eterno florecimiento, perfumando y maquillando sus cuerpos con rostros fascinantes. Las hadas son conocidas en diversas culturas por humildes sabias, guardianas de la primavera cíclica. Negadas por el sistema religioso y económico. Sobrevivientes, por siglos del evidente desastre ecológico, intensificado en los últimos años. Ellas, dulces custodias del edén o la floresta, son capaces de reconocer beneficios y propiedades de cada jardín. Así, entre flores de izote, gardenias, cempasúchil, nochebuenas, dalias o magnolias se les puede ver cerca de libélulas y abejas, fecundando la continuidad de la natural exuberancia. A la vista, de amorosas y abiertas voluntades en el encuentro con la totalidad multidimensional.

Las flores de mayo, plumerias, llamadas Sak-Nikté en maya o, Cacaloxóchitl en náhualt, eran desde antaño sus favoritas; con ellas lograban conectar con las mujeres de la tercera dimensión que adornaban sus cabellos y mezclaban con pétalos sus bebidas. También conocida como Súchil o flor de uvero, la flor de mayo es potente regeneradora, cicatrizante, utilizada por las hadas mexicanas para elaborar sus polvos fantásticos con brebajes de Cacao; medicina para las humanas menstruantes; para las nacientes madres; para las climatéricas. Placer de diosas y dioses, que somos todes desde el principio del manantial. En mayo nació Xarlin, protagonista del relato, hace ochenta años la vi aparecer, en plumería rubra fragante celebrada, bienvenida.

Cada mañana de equinoccio florido, una por una las gotas de rocío van discurriendo suavemente sobre los pétalos de las flores. Caprichosamente, en el quinto mes, del calendario gregoriano, con brisa de poniente si hay arcoíris al alba, y una de esas chispas penetra húmeda en el receptáculo de la más bella de las Súchiles de los vergeles fantásticos, nace una nueva hada. Así llego Xarlin, entre el murmullo de los arroyos de Actopan, Veracruz.

Voluptuosa de espíritu, llena de brillo sensual creció Xarlin. Cada que le miraban sus compañeras se llenaban de inspiración. Las hadas no envidian, no buscan poseer, correspondidas miran y son admiradas. En la bendición del agua encuentran reflejos. Se contemplan los dones de la que cada una es portadora. Bailan juntas en noches de junio mirándose desde los ojos, al llegar el solsticio. Ellas juegan a preparar sus pócimas y nubes hechiceras en otoño, al umbral de noviembre, gozan compartir conocimientos. Duermen placenteramente, entre apapachos grupales, y agradecidos besos desprendidos; sobre algodones recolectados a finales de verano.

Xarlin se baña abiertamente cerca de un arroyo del río Actopan. Es acompañada por colibríes fandangueros, chupaflores. Comparten el hábito de la succión del néctar. Aman lamer los delicados miembros de las plantas; sentir en la lengua el bálsamo embriagante para los sentidos. Es deleite apreciar a la jovial virtuosa; los atentos zorritos, los curiosos tlacuaches, los sosegados tamandúas, las observadoras ardillas o, tímidos armadillos. Todo es parte de la esplendorosa sinfonía. Un éxtasis comunal del que Xarlin es consciente, y parte relevante en su modo de moverse y cultivar su espacio personal. Paciencia, los seres elementales enseñan la espera a través del reposo. Palabras, las hadas suelen ser silenciosas; conocen el poder de los vocablos, de los juramentos, y del tejido del lenguaje a través de los diálogos.

Xarlin es poeta, arrulla su misterio y provoca atracción a través de su arte. Convoca con modulada voz al deleite de la imaginación. Cada sonido que ella emite hace respirar a su entorno con satisfacción. Pulsión horizontal, se eleva. 

—¡Buenos días!—, expresa excelsa con sonrisa tersa, para continuar. —El sol cae sereno en transparencias, profundas nuestras sombras al vacío. Ahí, el abismo, llegan experiencias: Orgasmo, sensorial sazón confío. 

Cual ritual, manos al pecho, culmina acariciándose hasta las caderas:

—Gracias…

Xarlin guarda nuevamente silencio, sus palabras han calmado el alma de los seres que le circundan volviendo a sus dimensiones. La fragancia de naranjales y limoneros se expande entre ramificaciones de canela; árboles de mango dejan al descubierto algunas raíces. Serenamente, las hadas recolectan pizcas de colectiva poética para sus medicinas. Una orquídea, al escuchar a Xarlin deja caer sus pétalos; se ofrenda en la petite mort. 

Xarlin es el ícono de complacencia para Yemayá; la diosa de la mar escucha sus versos con el murmullo del viento, desde su efervescencia envía sal en brisa para sus infusiones de lindura. La Luna peina con sus rayos los brotes de fanerógamas o espermatofitas con las que Xarlin crea espuma para sus baños festivos. El sentirse en la entrega de la inmersión es lo que hace esencial su presencia en el círculo vinculante, donde cada ser es en sí extensión del primor vital.

 

Linda Acosta. Viajera, anarquista. Escritora y poeta. Socióloga, Maestra en Relaciones Internacionales. Estudié el doctorado en Ciencias Sociales en la Universidad de Salamanca. Cambié de vida; leo el tarot. He sido guía de turistas, cocinera y eventualmente titiritera para la infancia. Creo en el poder de la palabra. Soy vividora, me gusta vivir. Actualmente me estoy recuperando de una cirugía, ya no tengo útero. Soy mujer feminista.

5 comentarios en “Linda Acosta: Exquisitez de Actopan

  1. Hermoso! Todo un viaje con nuevas experiencias.
    Bellas vistas con una mirada fresca. Todo un oasis para quienes amamos la naturaleza y lo bello de los sueños fantásticos.

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  2. Hermoso! Todo un viaje con nuevas experiencias.
    Bellas vistas con una mirada fresca. Todo un oasis para quienes amamos la naturaleza y lo bello de los sueños fantásticos.

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