Angela Eunice Sacalxot: Las que vuelan

El calor del sol ya era un recuerdo lejano y entendió que su magia se agotaba. Tocó una última vez los barrotes, se acostó con una respiración profunda, se envolvió en la oscuridad de esa profunda caverna; se había convertido en estatua para no sentir cómo se le escapa la magia ni cómo se ensombrecía más su esperanza. Parecía que dormía.

Pasaron los siglos y encontraron otra vez la caverna. Se asomaron los curiosos imaginando monumentales tesoros. Llegaron hasta el fondo y vieron la jaula. Algo importante tendrá dentro, pensaron. Afuera, vieron a la estatua tan tosca y sin gracia que terminó a un lado, recostada mirando hacia el cielo en donde el sol casi no se vería por el resto del día.

Mientras todos se concentraban en arrastrar y registrar, llegó una extraña mujer con una pequeña bolsa colgando del cuello y de ella salía un brillo que acarreó cuchicheos. Se sentó a un lado de la estatua y tocó ese frío rostro al mismo tiempo que hablaba.

—Vamos, despierta—, le dijo acercándose más para que solo ella la oyera. —Estoy aquí y los años de profunda se desvanecen.

—¿Quién eres?—, le respondió la estatua con una voz apenas perceptible.

—Soy alguien que vuela—, se irguió y lo dijo más alto sin importar que otros la oyeran.

—En este lugar les temen a las que vuelan, les desagrada saber que no estarán siempre con los pies en la tierra—. En su voz se adivinaba un llanto de años. —A las quieren ocultar con capas y capas de rocas y negándoles la luz para volar sin miedo.

Algunos ya observaban consternados desde lejos.

—Eso ya no importa, he venido y no estarás sola—, le secó las lágrimas que imaginaba buscaban salir de esos ojos fríos. Tomó de su pequeña bolsa un rayo de sol tan brillante que causó un revuelo, la gente con prontitud se formó en un círculo para encarar una posible fuga.

Dejó caer el rayo sobre la estatua que desapareció dejando a una mujer pálida y asustada. La mujer del rayo de sol la tomó de la mano. —¡Vuela conmigo!—, gritó. Fue necesario solo un pequeño salto para que el viento las elevara sin decir nada. Las amenazas y los gritos ya eran murmullos lejanos. El sol les regaló otro de sus rayos al salir discretamente por unos segundos detrás de las nubes.

Las que vuelan se abrazan, lloran, ríen y vuelan juntas. Tienen fuerza para aquellas a las que se les arrebató la luz.

fbt

Soy Angela Eunice Sacalxot, nací en la ciudad de Quetzaltenango, Guatemala. Estudio psicología y soy ama de casa. La mayor parte de mi escritura se dirige a la poesía dentro de la cual he publicado el libro Noche en mi Ventana (Editorial POE, 2018) y estoy incluida en las antologías: Efluvio Poético (Club de Poesía Casa los Altos,2014), Versos Incompletos (Poetry Slam Xela, 2014), Per-Versos (Poetry Slam Xela, 2017), Para cuando nos volvamos a juntar en la cafetería a tomar café, antología poética hispanoamericana de mujeres menores de 30 años (Chuleta de Cerdo Editorial, 2020), Poetas de Quetzaltenango (Sión Editorial, 2021), Una palabra que perfora el tiempo (Metáfora Editores, 2021), Guatemala: antología literaria contemporánea (Flores de fuego Editorial, 2021). También algunos de mis poemas se encuentran en revistas electrónicas como Revista Literaria Flor de Azalea, Revista Luna: Versos de Plata, Revista Carruaje de Pájaros y en el espacio virtual de difusión para escritoras Especulativas.

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