Betty Júpiter: Revelación del sueño

La tierra se apila en mi cara. No logro ver nada, pero puedo escuchar el choque de las herramientas de hierro con el suelo y cuando estas son sacadas. Puedo sentir cómo arrojan la tierra hacia mí de forma violenta; mis dedos comienzan a quitarla de mi rostro con desesperación para poder respirar. Puedo sentir cómo penetra en mis uñas, áspera y fría. Separo mis labios un poco para tomar aire, pero el polvo hiere mi garganta. Despierto y sigo manoteando, tomo aire de forma sedienta, hasta que mi sistema nervioso comprende que fue una pesadilla y poco a poco comienzo a respirar de manera normal.

—Otra semana que sueño lo mismo, te juro que no lo soporto. Desde que comencé a trabajar aquí no paro de soñar lo mismo.

—Tranquila, quizá es porque no habías tenido tanto estrés. Estuviste desempleada mucho tiempo, es normal.

—Tienes razón. Me está costando acostumbrarme aquí. Ya sabes, yo no soy católica… y nunca había trabajado en una escuela religiosa.

—Te entiendo, pero mira, trabajo es trabajo y nosotras no les hablamos de religión a las alumnas. No hay de qué preocuparse. Tómate las pastillas de valeriana y con eso de seguro duermes muy bien.

Salimos del salón de juntas, las estudiantes desocupan el patio para ir a sus aulas. Yo aprovecho mi hora libre para ir a calificar exámenes a la biblioteca. Trabajar aquí me preocupa, esta escuela no me da paz, me da escalofríos. Los religiosos hacen cosas en nombre de dios que son atroces, pero espero que aquí no hayan pasado esas cosas.

Al subir las escaleras una alumna me llama.

—¡Maestra, ven!

Venía tan distraída que no me di cuenta que ella estaba detrás de mí. Volteo para dirigirme a mi alumna. No hay nadie, solo se escuchan las palomas que vuelan sobre el patio.

No dormir bien me hace mal. Sostengo el vaso de agua con mi mano y esta tiembla; el agua comienza a moverse hasta que se derrama. Dejo las pastillas sobre el buró y comienzo a sollozar. De mis ojos comienza a salir arena. Me estoy secando por dentro y los sollozos comienzan a agrietar mis venas. Digiero las pastillas con el agua que logró quedarse en el vaso.

El temblor de mis manos se redujo gracias a las pastillas y a que hoy no tuve esa horrible pesadilla. Es medio día y las alumnas juegan fútbol para la clase de educación física. Lu golpea el balón con fuerza y se va hasta la jardinera. Como estoy cerca, me ofrezco a pasarles el balón. Cruzo la cerca de madera, el balón está detrás de los geranios. Al tomarlo, noto que la tierra de la jardinera es igual a la de mis pesadillas. La toco y penetra en mis uñas, áspera y fría. Comienzo a escarbar con mis manos desesperadamente y sin racionalizar mi acción. Debajo de la tierra me topo con una especie de piso. Retiro toda la tierra que hay encima y observo unas letras marcadas en el concreto en las que puedo leer: Diana, 1986.

El sueño es ahora una revelación. Tú no tratabas de asustarme, me estabas buscando.

Soy Betty Júpiter. Nací en Texcoco, pero actualmente vivo en Saltillo, Coahuila. Imparto clases de inglés y recién volví al teatro. Me gusta escribir cuentos y poesía.

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