Andrea Jocelyn Mora Méndez: No estamos solas

El mundo se paralizó estos meses, por algunos meses. Las calles se quedaron vacías, y aunque afuera el mundo parecía detenido, nuestras emociones, nuestras alegrías, nuestros dolores, nuestros miedos y nuestras angustias no se detenían y estaban al acecho, mas activas que nunca. Entre cuatro paredes nuestros fantasmas se veían más grandes y nosotras más pequeñas, más vulnerables.

He olvidado las veces que lloré pensando en todo lo que pasaba, en lo agobiada que me sentía, en lo confundida que estaba y en lo perdida que sentía mi vida. Mis planes se habían ido, y mis sueños no se cumplieron; muchos quedaron detenidos en un montón de documentos y de burocracia que no supo darnos respuestas y entre tantos silencios y ausencias tuvimos que seguir, porque, aunque me cayera, el mundo seguía, el mundo siempre sigue.

Y la verdad es que cuando más pérdida te sientes más sola te sientes, más vacía. Muchos días me sentí así, como la persona más sola del mundo, me sentí librando una batalla en la que la única que estaba de mi lado era yo, pero entonces basto con mirar a mi lado y ver que había otras mujeres ahí. Otras mujeres que aún con sus propias batallas se daban tiempo para acompañarme a librar las mías: mis amigas. Ellas también estaban sufriendo o pasando por sus propios procesos y eso no significó que me dejaran, sólo que su presencia se transformaba, porque la final todo se transformó.

Mis amigas estaban ahí para recordarme que no estaba sola y que podía compartir mis lagrimas y mis dolores y que no era “exagerada” o que no era “intensa”. Mis amigas me ayudaron a darme cuenta que mis emociones eran y son válidas, que se vale sentir que no puedes y decir “ya no quiero”. Mis amigas me recordaron que, aunque el mundo gire hay cariños que giran contigo y que hay personas que se sientan a llorar a tu lado o detrás de una pantalla. Mis amigas me enseñaron que a veces tenemos que decir “ayuda” o “te necesito” porque a veces las otras personas no saben lo que sentimos y necesitamos externarlo.

A veces me sentía sola, muchas veces, pero después de que la tormenta se quedaba por días, me daba cuenta que ahí estaban mis amigas, siendo un paraguas o siendo un refugio. Que no estaba sola y que ellas estaban conmigo, aunque no de la manera que quería, si de la manera en que ellas podían estar, porque ellas como yo, tenían sus propios procesos.

Este año aprendí que tengo amigas que están, que no se van, que me apoyan, que me cuidan, que me apapachan, que me abrazan, que lloran mis penas, que sufren mis dolores y que también, así como yo, esperan mis risas. Aprendí que tengo amigas que entienden que a veces me quedo sin hojas y que están ahí a mi lado para verme florecer, así como estoy yo, viéndolas florecer y pasar por todas sus estaciones.

Andrea Jocelyn Mora Méndez (Ciudad de México, 1994). Tesista en la Lic. En Estudios Latinoamericanos. Buscando mis propias flores, aceptando mis inviernos y aprendiendo a disfruta mis primaveras.

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