Yolotl Palacios: Menofilia

Día 90                                                                                                

Estoy ansiosa ante el arribo del ciclo.

Día 91

Se ha retrasado, llevo 90 días esperando el sangrado.

Día 93

Me duelen los senos, me siento redonda e hinchada. Estoy preovulatoria. Me duele el ovario izquierdo, folículo en formación.

Día 107-1

Sentada en la silla y atenta al seminario virtual, decido apagar la cámara para ir al baño. En el camino sentí calor en la vagina. Sonrío. El inicio del flujo es mi día favorito. Busco desesperadamente en los cajones la copa menstrual. Huele a silicona. Su color grisáceo me estimula la imaginación, es la marca de mi interior uterino. Hoy hace cuatro años me consagré en el uso de la copa, como lo hacen los sacerdotes con el cáliz cuando celebran la eucaristía. Sigo los pasos de su desinfección. En el baño hago una crónica en voz alta las últimas historias juntas mientras aseo la vulva con agua sin jabón. Deformo la copa como flor de tulipán para introducirla, previo protocolo de limpieza de manos, la empujo lentamente mientras la mantengo en-florecida, siento la rugosidad de mi vagina con mi dedo índice, medio y pulgar derecho. La sensación de placer incita a ausentarme del seminario, intenté regresar a la sección de preguntas y respuestas, pero no me concentro. Cierro la sesión de Zoom.

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Llevo días en turbación total, tengo pensadillas, tal vez a eso se debía la ausencia de mi compañera cíclica.

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El piso pélvico anuncia el peso de la copa llena. Casi llego al baño de un brinco, dejo surcos de la ropa que llevaba puesta. Anhelo el momento impecable. Hago un ritual impoluto con mis manos antes de introducir mis dedos índice y medio en la vagina. Siento como se van haciendo camino entre la copa y las paredes de mis entrañas, todo es cálido y húmedo. Escucho el buh de la ruptura del sello hermético. Mis dedos se hacen uno con la sangre. Me encanta la sensación. Los vellos de los brazos y las piernas se erizan al sentir el hervor del útero y las piernas. Estoy excitada. Todo huele a hierro.

La meta es sacar la copa sin derrames, quiero todos los mililitros de sangre posibles para mí. Afuera la contemplo entre mis manos, su belleza perfecta carmesí-escarlata-borgoña brillante muestran la frescura y la salud del microcosmos interno. Mis papilas gustativas producen saliva. Necesito saciarlas. Primero, jugueteo con la lengua los coágulos en mi boca, saliva y sangre, mezcla predilecta. Esbozo una sonrisa, comienza a deslizarse un hilito rojo por las comisuras de los labios hasta llegar al cuello. Segundo, trago más de la mitad del contenido de la copa. Estoy húmeda. Me consumo como cera sólida en presencia de fuego. Soy una Croton drago en esplendor. Dibujo ondas en mi piel. Inicio en los hombros siguiendo la clavícula para pasar de uno a otro, bajo a los senos e ilumino las areolas mientras presiono con fuerza los pezones, avanzo lento en dirección al vientre. Me detengo en el ombligo para llenarlo de células madres como el Lago Natrón, se desborda hasta llegar al Monte de Venus. El recorrido se convierte en un vigoroso masaje en las piernas.

Mi cuerpo lustroso destella como esfera roja en la bóveda celeste. El clítoris reclama atención. Lo coloreo mientras amaso con cautela. Encuentro, en el reflejo del espejo, mi sonrisa pre-orgásmica favorita. Separo los labios vaginales, introduzco con dos dedos mi cráter rojo, que succiona con fuerza. Los dirijo en dirección a la próstata, me detengo el punto preciso para presionar el clítoris por dentro. Colisiono como tormenta solar con un estridente gemido. Lleno mis pulmones del olor a sexo solitario y sangre antes de entrar a la ducha.

Día 108-2

Entré a nadar en la laguna Kaan Luum, su gradación de color verdeaqua a azulceleste resaltaba bajo del cielo azul grisáceo de Cumulus nimbus que anunciaban la tormenta. No me importó, tenía la laguna sola para mí. Sumergí todo el cuerpo para no sentir el frío del viento húmedo y comencé a nadar en dirección al Sur. Algo había cambiado en la densidad del agua de la laguna y la flotabilidad de mi cuerpo en ella. Necesitaba respirar. Paré. Me sostuve en mis dos piernas mientras sentía el free bleeding. Había un hilito borgoña que marcaba mi paso, verlo me hacía sentir caliente la vagina. Me zambullí. Todo era rojo excepto el cielo.

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El inmaculado albino de las sábanas amaneció con una marca rubí en forma de amebea al igual que las panties y pantalón de pijama. Con el móvil tome tres fotografías a cada objeto teñido antes de guardarlas en la maleta roja. Hace unos días, vendí los últimos calzones usados ¡a muy bien precio!, en www.redwing.net. No hay nada mejor que comenzar el día con el sabor de sangre en la boca, lamo la que está casi seca en el colchón. ¡Mhh! El cosquilleo surge del centro. Abro las piernas en Split e inclino el cuerpo hacía el lado izquierdo en la posición que el clítoris descansa sobre la cama. Me froto con parsimonia mientras jalo los pezones hasta sentir dolor-placer. Avivo la marca con fluidos frescos de sangre y mi humedad. Orgasmo matinal.

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Inicié sesión para subir las fotos, al instante aparece Súcubo interesado en las sábanas usadas con restos de mi endometrio. Acordamos la entrega a la mañana siguiente en el café  RedLove. Lugar de encuentros furtivos de personas menófilas.

Día 109-3

La entrega fue habitual excepto por el hecho, que Súcubo es una mujer, nueva en el ambiente rojo. Comentamos nuestros descubrimientos, el hallazgo en común fue que las referencias del tema en la web son de hombres que tienen erecciones al oler y masturbarse con prendas manchadas, tampones y toallas sanitarias usadas de sus hermanas, novias o madres. Nosotras somos la fuente de nuestro propio placer con nuestros fluidos y con los de otros como nosotras.

Día 110-4

Amanecí decidida que quiero toda la sangre de este periodo para mí. Nos les tocará a las plantas ni pintaré mis sueños en papel para acuarela. De la copa vierto el contenido en las bandejas para hielo, me encanta sentir cómo el hielo se funde al tacto con mi piel caliente. Introducir cubitos de sangre congelada en mi vagina en los días de ovulación, me pone a mil.

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Lubrico al imaginar la infinidad de usos que podría darle a la sangre congelada de Súcubo el siguiente mes. Acordamos intercambiar nuestra lava del último ciclo en lugar de prendas usadas. Mi primer amiga roja.

Ana Palacios (alías Yolotl Palacios) (Ciudad de México, 1985). Ingeniera en Restauración Forestal y Maestra en Ciencias en Estudios del Desarrollo Rural, con especialidad en género: mujer rural. Diplomada en desarrollo humano. Actualmente es directora de Educación Ambiental y Género en Silva mulieribus OMA S.C. y una de las coordinadoras del club de lectura Brujas Literarias.

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