Mariana Palma Navas: ¿Te acuerdas?

¿Cómo es posible que haya pasado tanto tiempo estando tan sola? Ya no recuerdo mi cara frente al espejo, ni mis ojos, ni mi sonrisa, ni mi hermoso cabello… Solo el tacto de mis manos es la memoria viva de quien soy ahora, paso con delicadeza mis palmas por mi rostro y solo siento más arrugas que antes, unos nudos gigantes en mis crespos, suciedad en mis dientes. No entiendo por qué la vida se me está pasando en este espacio tan pequeño, donde no entra siquiera la luz de las habitaciones aledañas. Con amargura y una pena que me … Continúa leyendo Mariana Palma Navas: ¿Te acuerdas?

Mónica Urbina Lagunas: Prohibido zambullirse

La playa El Caiman estaba abarrotada de familias que les había parecido muy buena idea pasar el domingo lejos de las obligaciones domésticas. El cielo se había empezado a llenar de nubes como el mar de bañistas que, sin temor a la temperatura del agua, se zambullían en ruidosos clavados. El viento sacudía las sombrillas, las mujeres sujetaban sus sombreros, se quitaban los lentes y miraban amenazantes al cielo como si así lo obligaran a despejarse. El ruido de las bocinas, las carcajadas y el crujido de las papitas se volvieron una especie de conjuro colectivo para espantar el pronóstico … Continúa leyendo Mónica Urbina Lagunas: Prohibido zambullirse

Gabriela EG: Soledad

Antes de que todo se oscureciera, recuerdo como limpiaban mis manos delgadas de las cuales solo tenía ya cuatro uñas, mis antebrazos estaban llenos de rasguños por aquella defensa que di, como en la guerra, cuya pelea por la vida debe ser permanente para sobrevivir de los ambientes más hostiles, de la maldad, en este caso de mi peor enemigo, un demonio disfrazado de amor. Esa persona que decía amarme más que a nadie, mi pareja, mi tormento hasta el último minuto, hasta el último suspiro de mi existencia. Ese mismo que algún día me prometió los más grandes y … Continúa leyendo Gabriela EG: Soledad

Amparo Dávila: La señorita Julia

La señorita Julia, como la llamaban sus compañeros de oficina, llevaba más de un mes sin dormir, lo cual empezaba a dejarle huellas. Las mejillas habían perdido aquel tono rosado que Julia conservaba, a pesar de los años, como resultado de una vida sana, metódica y tranquila. Tenía grandes y profundas ojeras y la ropa se le notaba floja. Y sus compañeros habían observado, con bastante alarma, que la memoria de la señorita Julia no era como antes. Olvidaba cosas, sufría frecuentes distracciones y lo que más les preocupaba era verla sentada, ante su escritorio, cabeceando, a punto casi de … Continúa leyendo Amparo Dávila: La señorita Julia

María Alvarado De la Rosa: Juventud

Ana y Leo se amaban, luego de veinticinco años de matrimonio su amor había crecido. Arreglaban cualquier diferencia hablando, llegando a acuerdos, y teniendo sexo. Al día siguiente de una discusión, se les podía ver abrazados, sonrientes, como una pareja joven. Durante años habían tomado vacaciones junto con sus dos hijos, disfrutando verlos divertirse y crecer en cada viaje. Esta vez el paseo cambio de tono, la pequeña familia decidió vacacionar en compañía de la familia de la prometida del hijo mayor, y el menor invitó a su novia al viaje. Este cambio causaba en la pareja enorme nostalgia. Sus … Continúa leyendo María Alvarado De la Rosa: Juventud

María José Escobar: Te esperaba todas las noches

Comenzó a esperar en el balcón dos horas antes de la hora habitual, y observaba cómo el deseo viraba bruscamente dentro de su cuerpo, como un mono enfurecido que se golpeaba contra los barrotes de la jaula. Juana Adcock Un día, cuando se dio por vencida, se dispuso a encontrar un objeto de deseo así fuera algo inasible. Ahí, se dijo, puedo verter todo lo que se desborda. Con esa resolución, por las noches miraba el techo y anhelaba; imaginaba todas las posibilidades y le ponía contentísima saber que su mente era capaz de recrear situaciones y hacer de cuenta … Continúa leyendo María José Escobar: Te esperaba todas las noches

Valentina Eboli: Followers

El contenido que Charly solía transmitir era muy diferente, se dedicaba a realizar piezas artísticas  con los objetos que tenía a mano y cuando terminaba, si uno miraba desde lejos o desde arriba, podía ver una imagen casi de calidad fotográfica. Fue por eso que todos los espectadores del live estaban desconcertados preguntándose si era una broma o realmente estaba sucediendo, si alguien obligaba a Charly a realizar ese trend o si estaba bajo el influjo de alguna sustancia. La artista comía su propia mano a mordidas, como si se tratara de una hamburguesa, arrancaba de una tarascada los dedos … Continúa leyendo Valentina Eboli: Followers

Violetta de la Peza: Instinto de Supervivencia

Se tiene la creencia de que las viudas negras devoran al macho después de copular, pero es un mito. En realidad, únicamente lo hacen en condiciones de cautiverio, cuando se sienten atrapadas —le comentó, tratando de hablar de cualquier otra cosa que no fuera lo que ambos estaban sintiendo. Cuando él le preguntó: —¿Te puedo dar un beso? Ella supo que el precipicio estaba ahí, invitándola a saltar, y que, sin duda, lo haría. Su adicción al vértigo era más fuerte. La sensación de volar por unos instantes sobre el abismo y la promiscuidad le excitaban. Aunque la catástrofe era … Continúa leyendo Violetta de la Peza: Instinto de Supervivencia

Barbarella D’Acevedo: Campus Stellae

Nadie en el mundo quiere escuchar la verdad. Nadie en el mundo quiso oírnos. Por eso vagamos en el tiempo del agua, fuera del mundo en que nacimos, porque a nosotras nos mudaron la ciudad, trazaron sus calles como laberinto, a nosotras nos quitaron los mapas para que no pudiéramos encontrarnos, después alzaron las murallas alrededor de la villa, y nos echaron… Yo solo pude salvar mis zapatos rojos, el cinto de cascabeles que anuncia el tránsito de los enfermos, los leprosos, aunque a nosotras la lepra no nos corroe… Rescatamos también la cuchara, fue lo único que extraje de … Continúa leyendo Barbarella D’Acevedo: Campus Stellae

Fanny Salom Arcila: La desnudez de mi vecino

Lo hace sin pudor alguno. Deja caer toda su vestimenta. No se inmuta ante mi mirada. Lleva varios días en su afán de mostrar sus partes íntimas sin recato alguno. La brisa le ayuda en su cometido y él, en medio de su alegría, muestra toda su intimidad para que observemos esa parte de su silueta que siempre está escondida y erguida.   Disfruto observándolo. Voy a darle un vistazo a cada instante para percibir el progreso de esa desnudez que me asombra y entusiasma, en secreto y algo de complacencia, contemplo cómo se despoja de cada una de las piezas … Continúa leyendo Fanny Salom Arcila: La desnudez de mi vecino