Ángela Escobar Clarimonda: Mujeres Misterio

Las Mujeres Misterio vivíamos en zonas alejadas de la ciudad. Muchos fueron testigos de los milagros que realizamos, desde curar animales hasta practicar cirugías psíquicas con un simple cuchillo y nuestras manos. Cuando llegó el primer médico para que le explicáramos nuestro procedimiento ancestral, supimos de inmediato que teníamos que huir. Esa mañana no se realizó la ceremonia sagrada. Apagamos las velas, guardamos en costales las hierbas y los cristales sagrados. Debíamos escapar. Realizamos el círculo, nos tomamos de las manos antes del amanecer y con murmullos al unísono entonamos el mantra que nos llevaría hasta el planeta KOI-775. Al … Continúa leyendo Ángela Escobar Clarimonda: Mujeres Misterio

María Alejandra García Mogollón: La Sangre del Origen

Las piedras caen por el risco en donde antes lo hacía el agua. Cada cierto tiempo volvían a soltar el cargamento y el estruendo estremecía el ventanal. No sé cuánto tiempo llevo encerrada en estas paredes blancas. Froto mis manos, y las veo cada vez más arrugadas. Allí en el dorso de la mano izquierda está esa cicatriz en forma de “U”, un recordatorio del Umbral, con esta llave de acceso incrustada en la mano a quienes habíamos sido seleccionadas por ser descendientes de tribus antiguas, pues aún conservamos un porcentaje significativo del material genético de los pobladores antiguos. La … Continúa leyendo María Alejandra García Mogollón: La Sangre del Origen

Liana Pacheco: La memoria del mar

Las sofocantes voces del autobús son un ruido blanco para mi momento disociativo; hasta que una, como aguja en el pajar, capta mi atención: “A las personas les gusta el mar porque el canto de las olas les recuerda el sonido del líquido amniótico en el vientre materno”. Las palabras “mar” y “materno” me arrastran a la profundidad de mi memoria. Llego a la casa y de inmediato me dirijo al mueble de la sala, aquel repleto del desorden de libros y hojas que sobresalen arrugadas. Justo al fondo los encuentro: un álbum de fotos y el cuaderno de mi … Continúa leyendo Liana Pacheco: La memoria del mar

María Gorodentseva: El último pierde

—¡Apúrense! ¡Rápido! ¡Al punto de teletransporte! ¡El temporizador se activará en un minuto y, si no llegamos a tiempo, nos quedaremos aquí para siempre! —gritó un hombre con una insignia naranja en el pecho, que indicaba su estatus de líder en aquel grupo de viajeros en el tiempo. Varios hombres y mujeres corrían tras él, agotando sus últimas fuerzas. Sus pies, calzados con botas pesadas, no dejaban de tropezar, y el sudor les empapaba los rostros, pero tenían que lograrlo. Sus vidas dependían de ello. Obtener la autorización para viajar entre tiempos siempre llevaba largos y tediosos meses. Y no … Continúa leyendo María Gorodentseva: El último pierde

Silvia Carús: Bajo las doce

El reloj llevaba detenido más de cien años, o eso afirmaban los ancianos del pueblo, que evitaban acercarse a la torre derruida donde aún colgaba la esfera dorada, cuarteada por la lluvia y el abandono. Nadie sabía quién lo había construido. Nadie recordaba cuándo dejó de sonar. Excepto ella. Elisa descubrió el reloj la tarde en que decidió no volver a casa. Había discutido con su madre y con ese destino que parecía escrito con tinta ajena. Caminó sin rumbo hasta que el bosque se abrió y la torre emergió ante ella como un vestigio de otra era. Las agujas … Continúa leyendo Silvia Carús: Bajo las doce

Itzel Colin: La porción que le toca

Era una fría tarde de invierno. El reloj marcaba once minutos antes de las dos y las pulsaciones del corazón débil de Catalina se silenciaban en un acto deliberado por dejar atrás su mundanal vida. El tiempo corría deprisa y la sensación de partir se sentía cada vez más cercana. Su familia lloraba al pie de su cama, mientras ella recordaba entre sus labios la aspereza que dejaba en la garganta un cuartito de mezcal. Había tenido una larga vida: conoció el amor, la pasión y la calma. Degustó con placer el dulzor del buen mole, la amargura del café … Continúa leyendo Itzel Colin: La porción que le toca

Luisa Campos – Moroii: Las mujeres que seré

La primera vez que ocurrió, Laila pensó que era insomnio. No había angustia ni pensamientos circulares. Solo una sensación precisa, desfase, como si su conciencia no estuviera completamente alineada con su cuerpo. El techo parecía ligeramente más alto. El sonido distante del tráfico llegaba con un eco extraño, como si hubiera atravesado una capa adicional de aire. Respiró hondo. Había pasado años escuchando variaciones de la misma pregunta: si no temía quedarse sola, si no sentía que algo faltaba. Nunca supo responder sin sentir que debía justificarse. Aquella noche, en lugar de responder, decidió observar. Contó sus inhalaciones hasta que … Continúa leyendo Luisa Campos – Moroii: Las mujeres que seré

Fabiola Morales Gasca: Mi otra yo

En tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo; el futuro, dudoso; el pasado, cierto. Lucio A. Séneca A la otra Fabiola, que gusta saltar tiempos, siempre le ocurren cosas interesantes.  Ella camina por el boulevard Cinco de Mayo rumbo a la calle Juan de Palafox y Mendoza  de forma segura, sonriente. A ella siempre la voltean a ver. Deshace con su sonrisa a la hosquedad más fuerte y el lento servicio de cualquier empleado malhumorado, transformándola en alegre presteza. Es a ella a quien le ocurren las cosas positivas. En … Continúa leyendo Fabiola Morales Gasca: Mi otra yo

Sara Montaño Escobar: Roedores

Mi cuerpo gira dentro del estéreo. De nuevo Juan me hizo correr sobre el CD. Dice que tengo partículas especiales, que puedo hacer retroceder el tiempo o adelantarlo. Todo empezó un día que me sacó de la rueda. Él estaba aburrido, como siempre. Ese día troté asustado. Estaba fuera de mi jaula. Fijé mi vista en un cuadro de la época victoriana. Me concentré lo suficiente para olvidar mi situación. Entonces ocurrió: debajo de mis patas se encendieron unas luces incandescentes. Nuestros cuerpos se disolvieron en partículas y aparecimos en las calles de Inglaterra. Dos horas después se activó el … Continúa leyendo Sara Montaño Escobar: Roedores

Azuena Robledo: Turno nocturno

La 1:00 a.m. A esta hora la terminal era apacible. Las pocas personas que esperaban sus corridas se habían acurrucado entre bultos y cobijas, tratando de dormir hasta su partida. Yo las contemplaba detrás de mi mostrador, me gustaba imaginar sus historias, quiénes eran y a dónde irían, pero lo que realmente hacía que amara este trabajo era este turno nocturno. La terminal era como un enorme animal dócil, tan lleno de vida, con su incesante actividad durante el día, pero por la noche, era ese dejo de nostalgia, modorra y expectación. Pensé que esta noche sería aburrida; hacía tiempo … Continúa leyendo Azuena Robledo: Turno nocturno