Verónica Miranda: Sólo es una canción

México Distrito Federal, 1986.

Mariana camina sobre el puente que atraviesa la concurrida avenida Oceanía. Bajo ella, el tráfico fluye incesante mientras en su Walkman suena Take on me de Aha. Por un par de segundos, no más, cierra los ojos; siente un estremecimiento provocado por un tráiler pesado.

En ese preciso momento, ella parece desvanecerse… aunque solo a sus propios ojos.

Durante dos segundos, el tiempo se estira y se transforma, permitiéndole saltar del puente al techo del tráiler que acaba de pasar. Se aferra, esperando que el vehículo se detenga, pero este sigue su camino. Escucha la misma canción; su casetera no la repite, ni siquiera ha llegado al primer minuto de los 3:45 que dura, el tiempo es oblicuo, se desdobla pegando una esquina en un vacío que permite a Mariana brincar al otro lado. Ahí, la historia se despliega ante sus ojos. En su ciudad, Mariana observa un mundial de fútbol mientras el gobierno conspira un fraude electoral. Casi inmediatamente, el reflejo del tráiler le trae la imagen de la caída del Muro de Berlín. Su camino se tiñe de sangre por el rastro que dejó Bosnia Herzegovina; los ríos se secan, volviéndose desiertos, al tiempo que la deshumanización se extiende por las ciudades. Es testigo del miedo colectivo con el derrumbe de las Torres Gemelas; una fiebre se propaga, desatando una pandemia que mata en silencio. A pesar de todo el caos y los cambios a su alrededor, con los ojos cerrados por dos segundos, Mariana sigue escuchando la misma melodía.

En el umbral del siglo XXI, se detiene en la nota de La Mayor, el acorde que anuncia el cambio. Una nota más, un Mi Sostenido, después, en un parpadeo, el viaje continúa. La gente que la rodea no la percibe; el tiempo se ha distorsionado y sólo existe ella. Al abrir los ojos, se encuentra de nuevo con su yo de 16 años, luciendo su sudadera negra con la A de anarquía, jeans rotos y botas gastadas. El tiempo parece no haber transcurrido. Cada vez que esa canción vuelve, su vida se transforma. En otro regreso, la sorprenderá en la ducha, cerrará los ojos y, al abrirlos, ya será madre, pero también maestra.

Así es el viaje en el tiempo, a través de visitas al otro lado de su mirada, solo perdurará un constante déjà vu cuando le toque vivirlo. Las horas en la fábrica serán ciertas, al igual que los días de huelga y los días sin nada para comer. Y sí, llegará a la universidad después de los treinta años, pero ¿qué más da? De algo tenía que sostenerse mientras podía costear los estudios.

Así se deconstruye una y otra vez mientras la melodía sigue sonando, desbloqueando los recuerdos de lo que aún no ha vivido y sigue siendo una niña de diez años que tararea sin otro pensar que vivir el momento y sí, puede ser esta forma de viajar a través del tiempo.

Verónica Miranda, es escritora y artista multidisciplinaria. Tiene 08 libros publicados y ha participado en diversas antologías. Ganadora del primer lugar en «Historias del Metro: Cuentos desde el Subterráneo» de la Editorial Hilal, 2026.

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