Miranda Campos: El hogar al que nos dirigimos – Ojos Violetas

“El auto da vuelta a la izquierda y…se fue, listo”, pensó Minoa mientras se aseguraba que ninguna presencia, humana o sobrenatural, estuviera cerca. A esa distancia, podía ver descansando a la vaca café que estaba bajo su cuidado y sería capaz de protegerla si algún granjero pretencioso deseaba llevársela. “En qué bella vaca te has convertido, Delia, siempre te reías imaginando que las diosas te harían un mohicano gracioso, pero no, gran señora, te dejaron un copetito normal. Aun así, te reirías…” una voz pequeña y vivaz interfirió con los pensamientos de Minoa:  —¿Ya la llamo?—, susurró inquieta, la joven … Continúa leyendo Miranda Campos: El hogar al que nos dirigimos – Ojos Violetas

Gema Mateo: ¿Quién me mirará?

Son las tres de la tarde, arriba, las escasas nubes se contonean de un lado a otro, abajo, mis pies cansados e hinchados se sumergen en el asfalto caliente. No he vendido nada, así que regreso al cuarto, a lo lejos diviso el edificio. Un esqueleto más que un cuerpo, tatuado de grietas, en cada centímetro el moho se cuela entre ellas. Al entrar a este cuarto la oscuridad recorre todo el perímetro y percibo el aroma a humedad en las paredes que habito. Me parece que aquí adentro es más sofocante que caminar allá entre toda la gente que … Continúa leyendo Gema Mateo: ¿Quién me mirará?

Samantha Torres: Antónima

El cuerpo celeste que habitamos existía ya antes de mí, pero no era más que suelos áridos y montañas rocosas; por ello mi nacimiento marcó un hito en la historia: antes de mí, nadie había sentido nunca el terciopelo de una celosía entre sus dedos, ni atesorado el delicioso aroma a petricor o el dulce sabor de una manzana. Fue gracias a mí que nacieron abundantes y variadas hierbas, y fui yo quien labró la tierra y recogió la cosecha inicial, quien también horneó la primera hogaza de pan. Fui quien luchó contra un padre tirano sin nada más que … Continúa leyendo Samantha Torres: Antónima

Raquel Hoyos: Reinicio

Es como una resaca. Me duele la cabeza y tengo un sabor metálico en la boca. Toco mi rostro con pánico pero compruebo que no estoy intubada. La habitación es grande. Aunque hay una hilera de camas, no todas están ocupadas. Este hospital parece muy costoso. Mi familia no podrá pagarlo. A mi izquierda reposa un chico con un brazo debajo de la cabeza. Tiene el mismo tipo de pijama que yo y parece despreocupado. Seguro es un hijo de papi con todas las posibilidades de pagar atención médica privada. Varios cables están conectados de su pecho y  sienes a … Continúa leyendo Raquel Hoyos: Reinicio

Yessika María Rengifo Castillo: Se desvanece el universo

De aquel cielo lleno de estrellas que la luna acariciaba en las noches; por las dulces nubes, que jugaban con las flores se esfuman entre la tristeza… Borrosas, perdidas del horizonte, y llenas de lágrimas las montañas agonizan, guardando días de arcoíris, que se han robado, mentes insensibles. Mentes que se han llevado el cristalino que vestían las aguas, que hasta los pescadores suplican; su regreso con pescaditos de colores. ¿Qué días de desolación y melancolía, que llena de agonía a los niños y las mujeres, que hasta los robles se mueren? Las tardes de otoño se han ido; y … Continúa leyendo Yessika María Rengifo Castillo: Se desvanece el universo

Melanie Márquez Adams: Gente civilizada

Si quieren que les cuente mi historia, debo comenzar con aquella que nos enseñan desde niños. Cuando todo empezó a cambiar, cuando el mundo empezó a tambalearse, tres familias supieron que era el principio del fin. No estaban dispuestas a esperar a que desastres y nuevos gobiernos les arrebataran el legado de sus ancestros y entonces reunieron sus recursos y se prepararon. Compraron una montaña y construyeron allí su nuevo hogar. Llenaron el refugio con cosas que les permitirían mantener la vida a la que estaban acostumbradas y llegado el momento, las tres familias se encerraron con sus sirvientes y … Continúa leyendo Melanie Márquez Adams: Gente civilizada

Paula Córdova: Un nuevo bosque

Cuando empecé a salir con Elena y me dijo que estudiaba en un politécnico, no me detuve ni medio segundo a pensar en la distancia entre donde vivía ella y donde vivía yo. Después de algunos meses de salir me invitó a quedarme a dormir en su casa, creo que fue la primera vez que fui consciente de la distancia. La primera vez para llegar tomé el Metro Taxqueña, me bajé en Hidalgo, transbordé a la Línea 3, me bajé en Deportivo 18 marzo, transbordé a la Línea 6, me bajé en Linda Vista, caminé 5 cuadras, tomé un camión, … Continúa leyendo Paula Córdova: Un nuevo bosque

Itzel Rocillo: Vendrán las lluvias suaves

Estabas demasiado cansada para poder seguir maquilando chamarras de lentejuelas, sin querer se iban cerrando tus ojos para poder descansar, aunque sea unos segundos. Es algo normal en el cuerpo humano, necesita descanso, dormir algunas horas para liberar las hormonas necesarias y no enloquecer o morir. No puede ser de otra manera, llevas tres días cosiendo sin parar esas lentejuelas coloridas, solo haz parado un par de minutos para mascar el supuesto alimento que te dejaron los supervisores del área y otro par de segundos para tragar unos buches de agua contaminada, alimento y bebida insuficiente para una jornada laboral … Continúa leyendo Itzel Rocillo: Vendrán las lluvias suaves

Karla Arroyo: El botón

Respiré profundamente, aunque eso podría significar robarme el último aliento de vida dentro del casco ante un percance. Y es que me enfrentaba a la decisión que determinaría la subsistencia de la humanidad, en un simple acto motriz, que cualquiera podría ejecutar: presionar un botón. Aunque, después de todo. ¿Cómo terminé ante semejante responsabilidad? El ser con menos rango en la nave. Cada paso en mi existencia, cada nivel de entrenamiento y acción circunstancial me llevaron justo a este momento, mi propósito fue revelado al final. Los dedos me tiemblan ante la expectación de la cuenta regresiva, llegar a cero … Continúa leyendo Karla Arroyo: El botón

Flor García Rufino: Un nuevo mundo

Tres semanas llevamos en este encierro. Apenas un mes de que la población rompió en histeria por la repentina enfermedad que en unas horas desintegró a millones de personas en todo el mundo. Al principio nadie sabía qué pasaba, un calor asfixiante inundó las costas, avanzando tierra adentro. Muchas personas de todos los continentes, invadidos por el bochorno, comenzaron a sudar profusamente, de tal manera que en pocas horas presentaban una grave deshidratación. Entre más agua y soluciones salinas ingerían, más se aceleraba la sudoración y pronto los cuerpos tenían ya un aspecto lastimoso, la boca fruncida por la sequedad, … Continúa leyendo Flor García Rufino: Un nuevo mundo