Anezly Ramírez: La mujer polilla

El frío viento de otoño intensificaba el dolor en las manos artríticas de Antonia. En el último año, cada día que pasaba se esforzaba aún más por abrir la cerradura de su casa luego de llegar de un tedioso día de trabajo. Sus manos siempre fueron la herramienta que le mantuvo, sus dedos, una vez fuertes por teclear en máquina de escribir durante ocho horas al día, ahora se mostraban desviados, casi dislocados, como si en cualquier momento lograran zafarse de su lugar. Se llenaban de arrugas y se forraban con una piel tan fina que lograba desgarrarse con la … Continúa leyendo Anezly Ramírez: La mujer polilla

Kristal M. Rivera González: Transmutar

Hay una mariposa amarilla posada en la válvula mitral de mi corazón. Amarilla como las flores que llovían en Macondo. Cansina en su interés de demostrar su existencia. A esta mariposa le gusta hacerme llorar. Un llanto nocturno que va desgarrando mis angustias y temores. Se mueve por todos mis órganos me observa, me inquieta, me paralizo. Hay una mariposa amarrilla posada en mi cerebro emocional. Me obliga hacer movimientos aéreos. ¡La danza de la sanación! La melancolía del cambio, de lo que se queda atrás y  lo que se desconoce que vendrá. La piel seca se cae y duele … Continúa leyendo Kristal M. Rivera González: Transmutar

María Graciela Etchevarne: La trama

—No iba a parar justo ahora, faltando tan pocas vueltas. Rodeada de madejas exorcizaba el cansancio con sus dos agujas. Una hilera y otra más iban revelando las formas elegidas. En la habitación anochecida era su instinto el que tejía. Una hilera y otra más, la seda se enredaba en un espiral. Le pareció dormirse. O quizás despertó. Desorientada por un instante, percibió la vibración de la tela. Alerta, levantó los ojos de la trama y la vio venir, temblorosa y casi tan oscura como ella. La vio quedar atrapada en la red y, obediente al rito ancestral bien aprendido, … Continúa leyendo María Graciela Etchevarne: La trama

Jimena de los Santos Alamilla: Deseo

Cuentan los relatos de las abuelas que el deseo, cuando no se nombra, se manifiesta en forma de rana, húmeda y viscosa. Dicen de una comunidad desterrada de mujeres que desean.   No bien el gallo más puntual del pueblo había entonado las primeras notas de su canto, cuando Viviana se levantó. Lo primero que hizo fue trenzarse la cascada que se le derramaba por los hombros, acariciaba su espalda y casi le rozaba las caderas. No se lo había confesado a nadie, pero le gustaba dormir con el cabello suelto, pues lo sentía como un tierno y secreto abrazo … Continúa leyendo Jimena de los Santos Alamilla: Deseo

Yessika María Rengifo Castillo: Soy metamorfosis

Me acaricio en las hojas del sauce de las melancólicas y dulces mañanas de septiembre. Tengo antenas bailando con el viento de tardes inciertas. Juego con colores  del arcoíris  de mi frágil y aguerrido corazón.  El néctar de las flores mi alimento que endulza a mi indeciso vientre de anhelo. Soy metamorfosis soy mariposa enamorada de las primaveras   que aventuran con casualidades  de la vida este sábado de lluvias. Yessika María Rengifo Castillo. Soy poeta, narradora, articulista, e investigadora. Docente, colombiana. Licenciada en Humanidades y Lengua Castellana, especialista y Magister en Infancia y Cultura de la Universidad Distrital Francisco José … Continúa leyendo Yessika María Rengifo Castillo: Soy metamorfosis

Salma Caristo: La noche

En la noche miro la playa y me dan ganas que me envuelva con su oscuridad. Camino hacia ella sin fijarme en lo que hay a mi alrededor,  siguiendo los ligeros destellos del agua que,  movidos por las olas, lucen como nenúfares que guían mi camino.  El mar y el cielo que ahora son lo mismo me provocan suspiros y risitas, me incitan a caminar hasta que ya no puedo distinguir mi cuerpo y eso me da paz. Me da paz no saber qué va a suceder, porque siento que tengo todas las posibilidades a mi alcance. Estoy segura de … Continúa leyendo Salma Caristo: La noche

Griselda Córdova: Sea su propio dios

Al signar el consentimiento informado, el arrepentimiento dejó de ser opción. Ahora, en nombre de la ciencia, mi único y último oficio consistía en caer. Eso, y llevar un registro de mis últimas palabras antes de que suceda.   Experimentar el Horizonte sólo había sido posible, hasta el momento, gracias a la precisión casi perfecta de los simuladores, pero sobre todo a partir de la formulación de una metafísica cuántica. Todo en el terreno de la abstracción más verosímil, pero abstracción, a fin de cuentas. Los registros comunales, que comprendían desde sus inicios hasta hace poco más de dos décadas, demostraban … Continúa leyendo Griselda Córdova: Sea su propio dios

Ana Laura Corga: Platillos de placer

Para Marisabel, por enseñarme sobre el erotismo desde la perspectiva feminista  y por inspirarme con su libro “Las Hedonistas”.  Para todas mis amigas, por ayudarme a ser mejor toda la vida.   Nos conocimos en aquel centro de ventas en el que éramos promotoras de artículos para mejorar la apariencia. Yo vendía polvos provenientes de Eris que, según su publicidad, mejoraban el proceso metabólico y te permitían consumir alimentos altos en grasa sin aumentar la talla. Nunca los probé. Eran carísimos y fuera de mi alcance. Me contrataron porque nací siendo una figura pequeña y delgada, por lo que las … Continúa leyendo Ana Laura Corga: Platillos de placer

Miranda Campos: La nave 234

En el sistema estelar más cercano a la Tierra, Alfa Centauri, escondido detrás del exoplaneta Alfa Centauri Bb, la nave 234, encontró un cuerpo celeste del que no se tenía registro. Las tripulantes decidieron descender en este sitio con la esperanza de concluir su viaje de nómadas estelares y construir un nuevo hogar. Este lugar no era una réplica exacta a la Tierra, pero su tecnología podría ayudarles a aprovechar mejor los recursos y la atmósfera parecía amigable. Erigieron este proyecto sobre un páramo que estaba rodeado de arbustos frutales, plantas comestibles y algo similar al agua terrestre, la cual … Continúa leyendo Miranda Campos: La nave 234

Carmen Macedo Odilón: Capas

Mi hora favorita del día era el ocaso, cuando el cielo, atiborrado de rojos y naranjas, le brindaba un tono dorado a mis piernas. Yen me preguntó si tenía frío, pero yo contemplaba la iridiscencia en las nubes, recostada con los brazos detrás de mi nuca, sobre el pasto que me refrescaba la espalda. Se acurrucó más conmigo y descansó su barbilla en el vello de mi axila, para después dar un beso en lo más profundo del pozo de mi brazo, seguido de un “me encantas”. Nuestros hijos corrían cerca del lago, con sus cabelleras largas contra el viento … Continúa leyendo Carmen Macedo Odilón: Capas