Ana Laura Corga: El señor del costal

Para Miris con todo mi corazón (como tú decías). Hasta donde te encuentres, descansa en paz. Una vez me encontré con una pequeña niña con cabello quebrado, sonrisa cálida y ojos soñadores. Las personas adultas decían que sería abogada, pues siempre argumentaba con astucia a su favor. Un buen día, sus travesuras la llevaron demasiado lejos: pintó toda la casa con los cosméticos de su madre, maquilló hasta a su perrita Reina. La madre furiosa la amenazó con que le hablaría al señor del costal. Yo, que siempre estoy atento a mi llamado, decidí intervenir. Llegué a la casa con … Continúa leyendo Ana Laura Corga: El señor del costal

Belén Fernández: Atuendo

Bajo la luz amarilla del clóset, la carne se ve anaranjada. Pese al tamaño del foco, la luz sólo alcanza a iluminar apenas algo que no podría llamarse un pedazo. Las vetas ensombrecidas por las mesetas que las humillan han configurado un paisaje cada vez más irregular. Ponerse este traje se vuelve una tarea incómoda, pero las reglas dictan que el traje sea el mismo y que las modificaciones que el uso genere, deberán ser conservadas. Como en cualquier regulación de archivos y monumentos, es imperativo evitar modificaciones, a menos claro, que éstas sean evidentes. Lo más difícil es despertar. … Continúa leyendo Belén Fernández: Atuendo

Brenda Rosey: Egoísta

A él le gustaba ver atardeceres desde su nido. Un día vio el reflejo del sol en unas alas de hermosos colores, pero lo que lo cautivó fue la libertad que había en ella, la deseó tanto que la quería tener, no sabía si la envidiaba o la admiraba, pero la quería sólo para él.  Él la alcanzó en el vuelo y mientras sobrevolaban los cielos juntos, ella le contó de sus sueños y lo lejos que pensaba viajar, él le pidió acompañarla, ella aceptó que viajaran juntos.  Él no aguantó el ritmo de ella, le pidió que regresaran, la … Continúa leyendo Brenda Rosey: Egoísta

Margarita Mantilla Chávez: Un universo propio

Ella creyó durante muchos años que era pequeñita, más que Almendrita del cuento de hadas. Se le ocurrió que homologándose a los grandes ilustres impuestos por la historia androcéntrica se haría grande, pero no fue así. No aceptar su diferencia le causó insatisfacción e infinita frustración.  Un día frente al espejo miró su verdad:  —Mi cabello es el cielo nocturno, mis labios son la buganvilia magenta que florece en los árboles y cae para besar la tierra, mis ojos las ventanas donde mi libertad se asoma. Saber que mi cuerpo es mi universo es gozarme en la plenitud consciente de … Continúa leyendo Margarita Mantilla Chávez: Un universo propio

Sara García Granados: Genealogía multiespecie

Soy la Pantera Negra, hija de la Buganvilia y la Elefanta Parda, nieta de la Zarigüeya y nuera de la Leona Dorada. Mis abuelas, en coro, cantaron y crearon una comunidad multiespecie. Ancianas, guardianas de la vida y poseedoras de gran sabiduría, convivieron y convidaron en nuestros jardines de buganvilias multicolores. Recorrieron diversos planetas, viajaron por varias constelaciones, y sólo aquí, en las dunas lunares, sembraron nuestro maíz sagrado, de diversas formas y colores, porque esta tierra fértil fue bendecida por ríos salvajes. Las ancianas multiespecie tejieron sus historias y cultura, convidaron sus conocimientos ancestrales; sabias, hilando y deshilando, crearon … Continúa leyendo Sara García Granados: Genealogía multiespecie

Karla Arroyo: Legado

La abuela Cordelia dice que aquello que nos causa más miedo, es lo que nos mató en la vida pasada y que las marcas de nacimiento son pistas del lugar en el cuerpo que quedó como reminiscencia de un suceso trágico. No dejo de pensar en el par de lunares gemelos que tengo en el cuello, ni el pavor que le tengo a todo lo que revolotee a mi alrededor.Yo creo que inventó todo eso para evadir su responsabilidad de matriarca en esta familia tan peculiar. He visto retratos en blanco y negro, guardados en cajas viejas y ella no … Continúa leyendo Karla Arroyo: Legado

Fabiola Morales Gasca: Aceptación

Había pasado largas horas observando a Ángela. Acompañando sus viajes circulares aprendió a amar sus carcajadas e introducir cada palabra emitida en su mente perspicaz. Hizo suyo el zumbido de abeja y el crepitar de sus alas de mosca que le irritaban pero a ella la divertían. Amó el movimiento de sus antenas y el mirar de sus cientos de ojos traviesos. El psiquiatra cayó rendido por las metamorfosis de su joven paciente. Ángela no estaba loca, sólo se transformaba en graciosos y coloridos insectos. Fabiola Morales Gasca: Maestra en Literatura Aplicada (Universidad Iberoamericana) Exalumna de Casa del Escritor y … Continúa leyendo Fabiola Morales Gasca: Aceptación

Abigail Guerrero: Extinción programada

Las cajas eran de cristal reforzado y tenían pequeños orificios a los lados. Cada una contenía carne cruda, tanto fresca como podrida, y también fruta, semillas, y un jarrón lleno de insectos. Al lado de cada caja estaba su llave.Los vigilantes encendieron sus cámaras y esperaron a que los animales respondieran. Linces, coyotes, liebres y ardillas. Todos intentaron romper la caja y llegar a la comida, todos fallaron. Sólo los cuervos encontraron las llaves, las colocaron dentro de los cerrojos, y lograron abrir las cajas. Los vigilantes llamaron de inmediato a las autoridades para reportar el hallazgo y que fuese … Continúa leyendo Abigail Guerrero: Extinción programada

Linda Acosta: Por la mañana

Sale una liebre, muy temprano, a tomar brotes de diente de león con rocío. Se asoman desde la puerta de la madriguera tres crías pequeñas, que esperan el conocido sonido de peculiar aleteo, para sentirse seguras. Cuando escuchan posarse a la criatura muy cerca de su madre saben que es hora de salir por néctares florales, y pequeñas hojas verdes de trébol. Ven pasar a la pareja de mariposas monarcas que saludan con piruetas de tres giros. Una por una salen las tres pequeñas liebres, se acercan al murmullo de la cascada, se detienen a observar a Xarlin, el hada … Continúa leyendo Linda Acosta: Por la mañana

Angélica Ramos: Hombres sombra

Desde pequeña los hombres sombra siempre estuvieron acechándola: se formaban desde un punto diminuto, prendiéndose de un pensamiento, devorando toda su luz, volviéndose grandes, pesados. A veces bastaba con una fuerte sacudida de cabeza para desvanecerlos en el aire, otras con un estímulo intenso: un sonido fuerte, chasquidos de dedos o la amorosa voz de su madre. Pero también estaban los más insidiosos, los que aguardaban a la hora de dormir para atarla con cuerdas tejidas de pesadillas, amordazándola con visiones catastróficas mientras pegaban sus hirvientes bocas en su nuca y sienes para saciarse; solo el abrazo cálido de papá … Continúa leyendo Angélica Ramos: Hombres sombra