Katya López: Bajo el puente

Miro alrededor, no hay más que simple basura, objetos perdidos, sueños e ilusiones rotas. Entre ese montón me encuentro yo. Sin un peso en el bolsillo y un viejo libro que me acompaña para no caer en la vesania. Doy un vistazo entre la inmundicia, en espera de encontrar algo de valor: un sorbo de agua, restos de comida, diez pesos, un nuevo pantalón; zapatos más cómodos o una cobija para cubrirme de la helada vecina. Anhelo una vida lejana, de lujos y grandes banquetes, con amigos, o quizás una familia… pero no. Imagino lo que hubiera sido de mí. … Continúa leyendo Katya López: Bajo el puente

Laura V. Medel: Día Cero

El planeta estaba deshabitado. La vida había terminado hace siglos. El único viaje en el tiempo posible ahora, sabían, era el rescate de los documentos.  Encontraron una nube con datos conservada en un “dispositivo inteligente”, la primera que habían logrado desentrañar.   ¿Qué fue de sus otras ancestras? Las  que se quedaron a vivir (¿condenadas?) en aquel planeta del que otras cuantas sí lograron escapar.  Revisaron la base de datos una vez estuvieron de regreso en la Nave Origen. Atónitas; el lector de lenguas muertas comenzó a leer la primer “noticia web” rescatada, escrita en español mexicano del siglo XXI: “3 … Continúa leyendo Laura V. Medel: Día Cero

Mayla Galilea Martínez: Matrioska

Llego tan temprano que afuera apenas amanece. Destellos naranjas, delgados y tenues, se asoman tras los ventanales del edificio y disparan directo hacia mis pies. Luz que veo, pero no puedo sentir, piernas heladas que me advierten de un posible calambre, manos tensas que deben moverse. Levanto el dedo índice y, con firmeza, toco la pantalla verde neón, hasta que el Sistema Biométrico para Control de Asistencia (SBCA) muestra mi nombre. La voz femenina me recibe. Bienvenida, gracias. Bienvenida, gracias. No despego el dedo durante un rato porque 1): La voz me resulta impersonal, aburrida y, por algún motivo que … Continúa leyendo Mayla Galilea Martínez: Matrioska

Miriam Roque: Encadenada del tiempo

Me absorbía mi propia sangre algo dentro de mí hacía explosión el reloj, ¡Tic-tac!, ¡Tic-tac!, me perseguía quería huir, concentrarme en aquello que desvanecía. No podía, encima de mí seguía ¡Tic-tac!, ¡Tic-tac!, como todos los días Las horas me querían tragar, llenas de archivos, máquinas y voces que no dejaban de cuestionar. Al tiempo por fin pude mirar oscuro, terrible, pavoroso; me reclamaba mi ser, me reclamaba mi cuerpo La explosión no cedía la sangre corriendo seguía “Treinta minutos más”, oí al horrible tiempo. Volví a la silla y al escritorio ¡Tic-tac!, ¡Tic-tac!, así permanecía su estruendo no desaparecía. Por … Continúa leyendo Miriam Roque: Encadenada del tiempo

Lorena Belmont Velázquez: Hilos bordados

¡Hoy por fin pude regresar en el tiempo! Ustedes se preguntarán cómo lo logré, tengo que decir con toda sinceridad y decepción que ni yo sé, creo que lo soñé. También se preguntarán a qué año y a dónde volví, por eso les pido que se queden y me acompañen a escuchar esta historia llena de respuestas. No es un día cualquiera en 1872 en la bellísima Oaxaca, era un día importantísimo para todas… Tengo que admitir que ya estaba muy cansada de tener pegada la aguja a los dedos de tanto bordar, casi no podíamos descansar, pero el descanso … Continúa leyendo Lorena Belmont Velázquez: Hilos bordados

Alejandra Tello: Lugares embrujados y Correspondencia

El lugar embrujado es mi sueño. Ese que se repite y me devuelve al mismo sitio. Aquella casa pequeña —muy pequeña— que me ahoga. Hay goteras en el techo, el suelo se desmorona y yo me asomo por los huecos y miro los trozos de concreto estrellándose en el piso de abajo. Siempre es la misma sensación de incredulidad —¿por qué estoy aquí otra vez?—, no asimilo que sea posible. Miro y vuelvo a mirar las cosas queriendo entender. Me golpea darme cuenta que todo sigue igual: las paredes blancas, las cortinas blancas, el baño sin puerta, las cajas apiladas … Continúa leyendo Alejandra Tello: Lugares embrujados y Correspondencia

Bárbara Santana Rocha: ¿Cuántas alas tienen las abejas?

—¿Y te casaste? —Sí, para toda la vida. —¿Para toda, todita? —Sí, me casé para siempre. —Bueno, eres bonita, debió ser fácil. —Lo fue, fue muy, muy fácil. Lo conocí en el gym, ¿dónde iba a ser si no? Todavía ahora, de casada, voy al menos dos horas diarias para mantenerme en esta forma, mira… ni muy marcada, ni muy delgada. Toca… ni un gramo de grasa fuera de lugar; ya sabes, al final el volumen siempre se puede recuperar, hoy hacen un silicón quirúrgico que no le pide nada a la naturaleza. —¿Cómo, te operaste? —¡Claro, todo! Mío, mío, … Continúa leyendo Bárbara Santana Rocha: ¿Cuántas alas tienen las abejas?

Carol Sanjuan: Zombi

Llevo tres días trabajando en este reporte y no veo el maldito final. Tengo ganas de escribir un cuento, una novela, ¿por qué no? Aunque me quede igual de fea que la de los vampiritos esos, que después se hizo película y de tan mala se volvió de culto (ya casi nadie recuerda el libro), sería famosa, ganaría lo suficiente para irme al carajo. Porque no quiero trabajar aquí. Quiero que me deje de doler la estúpida cabeza. Quiero dejar de ver estos videos estúpidos para concentrarme en el reporte. Quiero dejar de despellejarme los labios que comienzan a arder. … Continúa leyendo Carol Sanjuan: Zombi

Cecilia Mogollón Villar: Fecha de caducidad

Cerraron la puerta de entrada con ella afuera. Su encrucijada estaba resuelta porque no había más opciones, solo un camino: el de la libertad. Y lo tomó tranquilamente, porque sabía que las jaulas no hacían cantar a las aves, sino llorar. Las húmedas paredes del sótano donde moría cada lunes conservaron su cartelera de corcho donde pendía una amarillenta hoja suelta de calendario. Marcaba la fecha de cierre para inscribirse en la universidad: 31 de enero del año 1996. Su horario de labores le impidió inscribirse hacia tantas primaveras y veranos, pero nunca más postergaría la vida. 25 años de … Continúa leyendo Cecilia Mogollón Villar: Fecha de caducidad

Karla Bautista: ¿Cuándo viviré?

Recorres la ciudad esperanzada Cosechas tus sueños en el camino Un trabajo que te deja sin tiempo de nada Sembradíos quemados del campesino Enajenada, con el corazón vacío La mente se vuelve un terreno baldío Sueñas con hacer arte llegando a tu casa Pero violento es el salario y te arrasa No hay tiempo para tu familia y eso te espanta Las jornadas crecen, eso les encanta Sentada, llamada tras llamada ¿Y las horas extras? Pagadas con una palmada Ellos no pierden su vida Siempre recuerdan la mirada de sus hijos Disfrutan la comida en sus platos Mientras uno se … Continúa leyendo Karla Bautista: ¿Cuándo viviré?