Cecilia Mogollón Villar: La señora de las manzanas

Con un cuchillo sin filo y ampollas en los dedos de ambas manos, Beti extrajo las semillas de la última de cinco mil manzanas. Tanta repetición de movimientos irritó su piel y gastó el filo del cuchillo. Pero la tarea estaba conseguida: reunió poco más de la dosis necesaria para que el cianuro contenido en las semillas de tan generosas frutas tuviera efecto letal.

Meses hacía desde que la idea llegó a la mente de Beti, sin abandonarla; el mismo tiempo desde que sus vecinos empezaron a disfrutar deliciosas mermeladas y compotas de manzana, pasteles de manzana, almíbar de manzana, néctar de manzana, ensalada de manzana, crumble de manzana, ¡en fin! Todo cuanto producto derivara de esa bondadosa fruta.

Los primeros intentos de Beti por reunir poco a poco la cantidad de semillas no funcionaban porque, al guardarlas, unas se secaban y otras se enmohecían, así que, tras varios meses y ya aburrida del fruto, decidió conseguir tantas manzanas como fuera menester para que le rindieran una buena dosis de cianuro.

El plan consistía en machacarlas tanto que, una vez pulverizadas, fueran indetectables en un delicioso vaso de néctar, o en el cuerpo. Claro está, el néctar sería mortal para quien lo bebiera. ¡Y Beti no deseaba ser implicada en un crimen! Finalmente, el néctar letal era una prueba de amor…

Acomodó una suave mecedora frente a la ventana del jardín, colocó un hermoso florero lleno de ilusiones, las favoritas de su pareja, preparó una infusión de azahar con hierba limón y miel, dos fragantes tartaletas rellenas de higo con melcocha de coco, y un par de tortillas chiclosas.

Con sus bocados preferidos al lado, Beti ayudó a su querido amor para colocarse en la mecedora, abrazarse viendo al horizonte mientras los celajes despedían al sol, degustar los aromas de la mesita y beber un vaso del mágico néctar de semillas que con tanto dolor preparó para complacerlo. Él rogaba que alguien lo ayudara a separarse de ese cuerpo maltrecho sin perder la dignidad. Que alguien lo ayudara a separarse de todos los dolores.

Epílogo

Después de conocer esta historia, en un lugar muy lejano, una anciana que observaba cómo siete hombrecitos esclavizaban a una joven decidió ayudarla para que escapara del sometimiento y tocó a su puerta con una canasta de manzanas. La jovencita y la bruja mantuvieron en secreto la colecta de semillas de manzanas para alcanzar siete dosis letales. Sin embargo, la muchacha casi muere con un trozo de manzana atorado en su garganta y cuando la venerable anciana llevó más frutos, los hombrecillos la acusaron por intento de asesinar a la chica de labios rojos como la sangre.

Y colorín colorado, es el cuento que nos han contado.

Mestiza, feminista, amante de la vida y de aprender. Leo y escribo lo que puedo; a veces, vivo de hacerlo.

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