Cinco rituales para sobrevivir: Paula Guillén

Ritual matutino: me baño, me visto, pongo dos dedos de bloqueador sobre mi rostro, me empolvo el rostro con maquillaje y me unto un lipstick rojo cereza. Tomo café con dos cucharadas de azúcar, como una manzana, me lavo la boca y procedo a abrir las ventanas del departamento para ventilar el ambiente… Debí hacerle caso a mis amigas cuando Guillermo se molestó muchísimo el día me puse una falda para ir a una fiesta con ellas.

Ritual para llegar al trabajo: dejo caer dos pequeñas gotas de esencia de lavanda anti-ansiedad en mi surco subnasal, subo mi cubrebocas y tomo el RTP, una vez dentro, coloco el audífono derecho, luego el izquierdo, pongo mi Spotify en aleatorio: hoy empieza con Killer Queen de Queen. Me pongo a repasar los pendientes que tengo mientras mi existencia se comprime entre tanta gente, adentro del vehículo… Recuerdo la primera vez, tuve que usar lentes todo el día y fingir que me dolía el cuerpo por haberme aventado dos horas en el gym, pero en realidad me dolían hasta las pestañas de tanto llorar. El dolor psicológico también se siente en el cuerpo.

Ritual durante el trabajo: Llego, tomo el elevador y subo al cuarto piso donde está mi oficina, procedo a ir al baño, el que está hasta el fondo, así nadie se da cuenta que llevo media hora ahí, salgo. Prendo mi computadora, tomo el segundo café del día, ahora sin azúcar, y lo acompaño con un sándwich de queso con jamón. Me dispongo a responder correos y organizar la apretada agenda del jefe que llega a las 11:30… Todo cambió sutilmente, casi sin darme cuenta un día, tú eras el que tenía control total de mi tiempo, mi cuerpo; a la semana siguiente, ya controlabas mis finanzas y decidías que era mejor gastar en las fiestas del fin de semana que en mi tratamiento contra la ansiedad. Yo sólo buscaba correctores y bases de alta cobertura. Nos casamos en marzo.

Ritual después del trabajo: Me cambio la ropa, voy a la alberca municipal a nadar en el primer horario de la noche, quince vueltas, ni una más, ni una menos. Todo es cuestión de rutina que se convierte en un ritual. Una vez en el departamento, procedo a preparar mi cena y la de Mandarina, ella es una gata especial, odia el atún, es alérgica a la comida especial para su especie… Ya no te aguantaba, estaba segura de que un día, durante tus arranques de furia, me ibas a pegar un tiro en la cabeza y mi rostro iba a aparecer en los medios de comunicación con la patética leyenda “La mató porque no soportaba que hablara con otros hombres”.

Ritual nocturno: Cepillo mi cabello, lavo mi cara y hago mi rutina de skincare. Organizo mis actividades del día siguiente en la agenda, veo 30 minutos de la serie en turno y tomo mis pastillas para dormir, para la ansiedad y para las alergias. Lo último que hago antes de dormir es prender una veladora con aroma a vainilla con naranja y procedo a tapar el espejo del baño y el de mi tocador. Sé que en cualquier momento llegarás. Los muertos viajan rápido porque no tienen el peso del cuerpo. Te espero cada noche, me consuela saber que no es mi culpa porque lo que hice fue adelantarme a los planes que tú ya tenías: usar tu pistola en mi contra. El problema fue que me deshice de tu cuerpo, mas no de tu espíritu ni de las huellas que dejaste para siempre en mí.

Paula Guillén es licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM. Ha trabajado como maestra de Literatura, archivista, godín y vendedora de libros y maquillaje. Es lectora, escritora y ve en ello, así como en el maquillaje y la música, distintas formas de expresión que la ayudan a sobrevivir día a día.

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