Mijal Montelongo Huberman: Yo no soy yo

Querido Diario,

Creo que nunca ha pasado tanto tiempo sin que te cuente lo que me ha sucedido, pero las pastillas me han cansado y mareado tanto que no puedo concentrarme por mucho rato.

Leo lo último que te escribí y no puedo creer lo emocionada que estaba. Bueno, primero te daré un resumen de lo que ha pasado porque prometí contártelo todo.

Todos me acompañaron al Centro de Modificación. Mamá y Lila fueron conmigo y la modificadora auxiliar (quien parecía el modelo de la Modificación perfecta) me llevó al compartimento que me habían asignado mientras papá firmaba los papeles. Después de un rato, la auxiliar me dijo que me iba a anestesiar y despertaría en unos días con algunas molestias pero que rápido se pasarían.

Mamá parecía estar a punto de llorar de la felicidad y Lila no paraba de hablar, pero su voz se fue acallando mientras me quedaba inconsciente.

Cuando desperté, Lila me dijo que estuve dormida por cuatro días. Me sentí un poco rara, como entumida. Varias auxiliares venían a revisarme y darme medicamentos. Una vez vino un modificador oficial, me vio, leyó las anotaciones sobre mi condición y dijo que no parecía haber ningún rechazo o infección y que me podría ir al día siguiente. 

Ya tenía ganas de ir a mi unidad para verme en el espejo porque donde estaba, no había. Sólo estaba echada en la cama sin moverme, escuchando la voz de Lila que no paraba.

Después de un par de días, por fin me dieron de alta y dejaron que me fuera a mi unidad con muchas pastillas y un folleto con consejos sobre qué hacer en caso de algún problema.

Tan pronto llegamos a la unidad, fui lo más rápido que pude a mi compartimiento. Y, ¿qué crees? Mamá había quitado el espejo de allí y del baño. Ya sé que uno no debería verse en el espejo a tan poco tiempo después de que se hicieran las modificaciones, pero ya quería verme. 

Me enojé con mamá y me encerré en mi compartimento hasta que empecé a sentirme adolorida y me di cuenta de que no había tomado las pastillas. Después de tomarlas, me dio sueño y me dormí.

Así pasé varios días, tumbada, tomando pastillas, adolorida, mareada, hinchada y durmiendo. Nadie había mencionado que habría tanto dolor. 

Me había estado tocando la cara y el cuerpo (ya sé que no debería hacerlo), pero me sentía diferente y quería saber cómo me veía con las modificaciones que había tenido. Sabía que mis pechos, mis piernas y mis nalgas estaban modificados por cómo se sentían. 

Pero, como tenía tantas ganas de verme, me metí al compartimento de mamá mientras todos comían y me vi en su espejo.

¿Qué te puedo decir? Ya no era yo, ya no soy yo. La persona que veía reflejada en el espejo no coincidía con la imagen que yo tenía de mí.

Mira, te hago una lista de todo:

  • Mi pelo: yo siempre quejándome de que se me esponjaba y que era mucho. Pues, ¡me quitaron pelo! Ahora siento que casi no tengo (sí tengo, pero ya no se siente como se sentía el mío).
  • ¡Mi nariz! ¿Qué tenía mi nariz? Ahora está para arriba: parezco un elfo raro o una caricatura exagerada.
  • OK, mis dientes quedaron muy bien, muy derechos, pero parece que tengo picaduras de abejas en los labios porque no se deshinchan.
  • ¿Sabes algo raro? Ya no tengo la cicatriz de la pierna, fue de lo primero que me di cuenta. Creo que cuando me fijé en eso, empecé a sentirme diferente. También borraron mis estrías. Cada cicatriz, por minúscula que fuera, ya no está. ¿Seguirá siendo mi piel? Bueno, sí lo es, porque se ven las marcas borradas que se van desvaneciendo con el tiempo, pero a la vez, siento que no lo es.
  • Siempre he querido pechos más grandes y redondos, y Lila y yo estábamos seguras de que me los iban a ajustar como a ella, pero no pensé que estuvieran tan pesados y que estorbaran tanto.
  • Igual con mis nalgas. Se siente chistoso sentarse, parece que me estoy sentando sobre algo entre duro y gelatinoso. 
  • Está raro no tener mis lonjas y mi panza. Siempre he pensado lo mejor que me vería sin ellas, pero me siento rara al moverme, como que me hacen falta… 
  • Hablando de moverme, ¡ahora soy más alta! Estoy a la altura de papá y Lila, pero se me olvida y me pego con algo que antes no alcanzaba o no me agacho lo suficiente.

Además, está todo lo que me hicieron por dentro. Como que no voy a poder embarazarme hasta que se me asigne una pareja de reproducción compatible y que no voy a poder transmitir rasgos o genes indeseables a la siguiente generación, y cosas así.

Pero no sabes lo insoportable que es el dolor. No sé cuál es el peor: el de las piernas, el de los dientes o el de los pómulos, porque allí también me modificaron algo, aunque no sé bien qué, pero duele. Ahorita me acabo de tomar unas pastillas porque ya me estaba empezando a doler todo otra vez.

Cuando les digo que me duele mucho y que estoy mareada, mamá y Lila sólo me dicen que me tome las pastillas. No sé… No pensé que pasaría, pero extraño mi cuerpo, extraño mi cara. Se supone que cada día que me desinflamo más y se van desvaneciendo los moretones me debería de ver mejor. Pero no soy yo, ¿cómo puedo verme mejor si no soy yo?

No puedo creer lo emocionada que estaba las últimas veces que te escribí y hasta cuando llegué al Centro. Pienso en todos esos descansos durante el adoctrinamiento intermedio que pasábamos las chicas y yo hablando sobre las modificaciones que nos harían cuando cumpliéramos unos cuantos años más, y pienso en lo inocente que era, lo inocentes que éramos. 

¿Te acuerdas de Ria? Hace mucho que no escribo de ella, pero últimamente pienso mucho en ella… ¿Ella sí habrá sabido del dolor que se siente después de las modificaciones? ¿Sabría de lo diferente y horrible que quedaba una después? ¿Por eso se habrá ido con las no modificadas?

Siento que mamá y Lila no pasaron por esto o no se acuerdan o no sé… Creo que podría hablar con Ria. Me gustaría poder contactarla, pero desde que dejó de ser parte de nuestra unidad familiar no hemos sabido de ella.

No sé con quién más hablar además de ti…

Oye, ya me están empezando a hacer efecto las pastillas y me estoy sintiendo cansada, voy a acostarme. Intentaré escribirte pronto, si tengo ánimos.

Nati 

Mijal Montelongo Huberman. Nací el 25 de agosto de 1996 en la Ciudad de México. Crecí en Tampico, Tamaulipas, hasta que fui a la Ciudad de México a estudiar la carrera de Biología en la UNAM. Ahora estudio una maestría en Ecología. Me interesa la literatura y los idiomas, por lo que me estoy formando para ser traductora. Siempre estoy acompañada de libros, perros y gatos.

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