Belem Eslava: Recuerdo rojo

Aún recuerdo el último día que estuvimos juntos, fue el día de mi muerte. Cuando te fuiste, se quedaron conmigo las preguntas y una pelota roja y sucia que todavía guarda tu aroma, al que me he aferrado en este infierno porque pensar en ti le da propósito a mis días. Ese día, en el bosque que tantas veces visitamos, lanzaste la pelota roja más lejos que de costumbre, yo corrí tras ella, feliz por sentir la potencia del movimiento en mis piernas, anticipaba tu sonrisa cuando me vieras de regreso con la pelota en el hocico, pero esta vez … Continúa leyendo Belem Eslava: Recuerdo rojo

Laura Evangelista Chacón: Una segunda oportunidad

Abrió los ojos con dificultad. Todo dolía. Intentó respirar pero un dolor punzante le cortó el aliento sin piedad. Tosió y notó la sangre que había salido desde su boca hasta el volante del carro. Detrás del volante había restos de cristal roto. Miró a su alrededor. Mover la cabeza le dolía y la hacía sentir increíblemente mareada. Toda superficie que podía ver estaba cubierta de vidrios rotos. Solo entonces comprendió, con horror, su situación. Por eso respirar dolía. No podía mover el cuello hacia abajo sin sentir como si la estuvieran golpeando con un martillo, pero se esforzó para … Continúa leyendo Laura Evangelista Chacón: Una segunda oportunidad

Velia Zamora: Vivir sin miedo

En unos cuantos meses se cumplirían siete años de matrimonio. Ella pensaba que todo estaba bien, aunque nunca pudo decir que tenía un hogar con él; por el contrario, la casona le resultaba ajena y aterradora. Era grande y estaba situada en pleno centro de la ciudad. Durante los años que había vivido ahí, siempre sintió que estaba llena de fantasmas. Debían provenir de toda la sangre derramada en la Toma de la Alhóndiga de Granaditas, o de la persecución de la Guerra Cristera. Seguro que muchas personas murieron frente a su gran puerta de madera. Los fantasmas rondaban en … Continúa leyendo Velia Zamora: Vivir sin miedo

Raquel Rodríguez: S-mother

Desde hace un tiempo sentía que mi abuela ya no estaba viva. La veía en la cama, en el cuarto del que no se había movido desde hace tres años, y pensaba: es imposible que siga viva. Pasaba horas en su cuarto, escuchando el murmullo del respirador, el zumbido de las moscas, apenas unos rayos de luz inundando la habitación, olía a encerrado, a humedad y a las decenas de velas que mi mamá encendía para la imagen de la virgen a la que cada día sin excepción le pedía por mi abuela. Me le quedaba viendo, convencida de que … Continúa leyendo Raquel Rodríguez: S-mother

Karla Arroyo: La niña y la escoba

I. A Zofí le causaba fascinación el cuadro, era el retrato de una niña con mirada melancólica, parecía desviarla para no encontrarse con ojos extraños, pero el capturador esencial confirmó que estaba concentrada en la idea de huir. La textura en la obra se mimetizaba con la pared que la sostenía, el realismo de la técnica daba la impresión de que era una ventana y que la muchachita simplemente se asomó aferrándose a su escoba. Estaba apoyada en sus codos detrás de un palco apenas perceptible, en la lejanía parecía que el cuadro no estaba terminado, pues no se veían … Continúa leyendo Karla Arroyo: La niña y la escoba

Karla Hernández Jiménez: Naturaleza muerta

Se despertó en medio del campo, con el sol de la tarde dando directamente en sus ojos, con el olor de la hierba recién cortada adhiriéndose a su piel morena a través de la ropa. Aquella tarde únicamente había acudido al riachuelo a refrescarse del calor de la canícula, ¿en qué momento se había quedado dormida en aquel prado? Bueno, poco importaba ponerse a pensar en cuestiones como esas en ese momento. Tanya levantó su cuerpo de manera perezosa, estirando los brazos y las piernas antes de ponerse completamente de pie. Ya era muy tarde, era momento de volver a … Continúa leyendo Karla Hernández Jiménez: Naturaleza muerta

Gabriela Ladrón de Guevara de León: Terrores nocturnos

Despiertas a media noche sudor frío recorre tu espalda respiración agitada miembros tensos sabes que te observa      pero no lo encuentras. Prendes la luz buscas angustiada sientes sus ojos prendidos en tu nuca escalofrío invade tu alma sabes que te sigue      pero no lo ves. Fría caricia en tu cara mano espectral toca tu rostro reconoces su aliento sientes su olor sabes que te quiere      pero no te tiene. Beso helado en tus labios susurro en tus oídos asustados posesión total de los sentidos sabes resistirte      pero está más cerca. Corazón agitado en pánico deseo de … Continúa leyendo Gabriela Ladrón de Guevara de León: Terrores nocturnos

Angélica Santa Olaya: Ellas

Sin muchas ganas, decidió el clásico disfraz de Halloween. Túnica negra y sombrero picudo. El cepillo se deslizó, sin prisa, por sus largos cabellos. Era sábado por la tarde y la mortecina luz del día dormitaba en el cristal. Un grillo, afuera, entre las ramas secas, raspaba su soledad. Debía maquillarse y colocar la pintura en el lugar correcto. Dibujó una larga y roja cicatriz en la mejilla. Nunca antes había escudriñado su cara con detenimiento. Las tímidas cejas, los pómulos que se escondían bajo las mejillas, las dilatadas pupilas como negros túneles que la invitaban a indagar… Los túneles … Continúa leyendo Angélica Santa Olaya: Ellas

Zaira Moreno: Sueño

La urgencia de incendiarse estaba ahí, comenzando en el estómago maltrecho por beber cafeína. El deseo de ver el cielo tornarse púrpura, rasguñaba la superficie llena de ronchas protuberantes. Con un chasquido, saltó hacia el cuadro donde permanecía un lago con puntilladas de vegetación amarillenta. Una criatura descansaba sobre los restos de una maleta. Tenía escamas rosadas y unos cuernos como minotauro. Ronroneaba, levantando su cabeza de óvalo en el proceso. Cuando fue consciente de la presencia de la cosa sangrante, sacó su lengua verdosa y se acercó sigilosamente a ella. La única arma que la cosa tenía era una … Continúa leyendo Zaira Moreno: Sueño

Arely Cadena: Late el miedo

Las piernas te ruegan que te detengas; terminas por frenar a trompicones, apenas te salvan las manos de caer directo al suelo.  Un viento frío te hiela los huesos. ¿Qué pasó? Recuerdas: saliste corriendo de tu casa cuando, después de salir del baño y volver a tu cuarto, te encontraste con otra como tú, sentada en el borde de la cama, con tu misma ropa. Observaste con miedo a la otra y el horror se apoderó de ti cuando viste que algo comenzaba a inflamarle la garganta, como un tumor latente que estaba a punto de hacérsela reventar. Sin gritar, … Continúa leyendo Arely Cadena: Late el miedo