Diana Amador: La casita de los hongos de colores

Llevaba largo rato planeando desaparecer. El mundo humano le había mostrado ya su fea cara, una imagen bonita pero hueca como las fachadas antiguas que son patrimonio de la humanidad cuyo interior disociado de la construcción frontal puede ser moderno y funcional pero carece de calidez humana, de historia que la sustente. Intentaría morir a la antigua, dormir suavemente sin intervención de ningún instrumento. Logró pagar por adelantado los gastos de la casa por seis meses, pidió sus largamente postergadas vacaciones, aviso, por si las dudas que se iba de viaje. Tendría tiempo suficiente para morir irremediablemente. Fue a la … Continúa leyendo Diana Amador: La casita de los hongos de colores

Yameli Aguilar Duarte: ¡A zapear!

Una hada vuela alegremente, mientras visita los cuerpos fructíferos de las setas para saltar sobre sus “sombreritos” abiertos y “zapear” o dispersar las esporas para continuar el legado del micelio. Esta obra es un collage donde predominan elementos naturales: plumas, piedras y de fondo, acuarelas realizadas con suelos de diferentes colores. Destaca el “azul maya”, suelos rojos, cafés, grises, de la península de Yucatán y sedimentos de cantera verde de una roca volcánica de Oaxaca. Soy bióloga con posgrado en geografía.  Amante de la Naturaleza, la música y el café. Desde niña colecciono rocas. Soy también una mezcla equilibrada de … Continúa leyendo Yameli Aguilar Duarte: ¡A zapear!

Jacko Aguila: Cosecha

La mayoría de las personas venían por soluciones rápidas, siempre con la necesidad de urgencia. Remedios inmediatos. Venganzas furtivas. Y resultados inmediatos. Pero la magia se cultiva, requiere paciencia, cuidado, y no entiende los caprichos de los tiempos humanos, solo sigue los tiempos de la tierra. En ocasiones llegan jovencitas, con su piscacha, de facciones tiernas y redondeadas. Me piden entre llanto que cure su mal de amores. Vienen por un amarre. No les digo nada, les preparo un té de romero con naranjo. Eso les curará las penas, pero se requiere más que un brebaje para curar un corazón … Continúa leyendo Jacko Aguila: Cosecha

Rocío Sáenz Luna: El anillo de hadas

Nunca había sentido algo así. La primera vez que la vi desnuda pensé que necesitaba más ojos para abarcarla entera: su piel de durazno era un imán que arrastraba mis yemas, mi hambre, mi fe. Tocarla fue sentir al universo, y pronto entendí que eso fue: un contacto con algo mucho más vasto que ella y que yo. Conocí a Amanita en un taller de poesía para mujeres. Desde que vi su cabello rojo sentí que sus esporas se colaban por mis pupilas, instalándose detrás de mis córneas. Era misteriosa, hermosa, todo lo que siempre quise ser. Soñaba con quedarme … Continúa leyendo Rocío Sáenz Luna: El anillo de hadas

Itzel Colin: El camino al teonanácatl

“Prometió que me iba a curar”. Fueron esas las palabras que resonaron en el alma resplandeciente de aquel otoño naciente, cuando los árboles dejaban caer sus hojas y la luz se deslizaba sigilosamente con el último ocaso. Era la época del cambio: lo que parecía eterno se entregaba a la transformación, y Tonalli, con el corazón inquieto, buscaba deshacerse de lo que la hacía distinta, como si pudiera moldear su esencia para encajar en un mundo que no estaba hecho para ella. Había acudido a la bidxaa con la esperanza de hallar respuestas para sobrevivir a un entorno que devoraba … Continúa leyendo Itzel Colin: El camino al teonanácatl

Ana Gabriela Morales Rios: Hongosto Photo-Haiku

En Japón, a grandes rasgos, el Haiga es una pintura tradicional que se complementa con un Haiku. Actualmente se utilizan las fotografías, para dar esa sensación de sinergia simbólica. Quise intentar algo diferente a los cuentos —que son mi fascinación— y crear un Haiku para una bella imagen con la que tropecé en la colonia Narvarte de la Ciudad de México: árboles que fácilmente pueden transportarte al más frondoso bosque. Ana Gabriela Morales Rios. Nací en Chihuahua y radico en la Ciudad de México. Soy psicóloga y habitante de lo incierto. Algunos de mis textos se han publicado en antologías, … Continúa leyendo Ana Gabriela Morales Rios: Hongosto Photo-Haiku

Kaory Nieto: Libertad entre hongos y raíces

Había una vez alguien que me llenó de veneno, me hizo encogerme y sentir diminuta, tan pequeña como del tamaño de una catarina, sí, una catarina de esas que dice mi abuelita que dan buena suerte según el color que tengan. Pero yo no me sentía de la suerte, tampoco volaba ni tenía adorables puntos en mi espalda. No me sentía radiante revoloteando entre las flores en primavera. Más bien me sentía bajo una tormenta que me ahogaba, que no me dejaba respirar, en una lluvia intensa de esas que empañan la vista, que te sofocan, que te asfixian, que … Continúa leyendo Kaory Nieto: Libertad entre hongos y raíces

Marcia Ramos Lozoya: Las formas del hongo

La cicatriz de la cesárea sería la huella de tu cuerpecito que también era mío, las manitas que se refugiaron en mis senos forman las pericias de un hueco naciente en el corazón y antes de que pudieras decirme madre, yo te dije hija.  Me subí la falda y sentí a tu padre, se llevó mi cabeza; nunca me contestó las llamadas, tenía quince años y la canción de Shakira me asustó. La escuché a escondidas de mi propia madre. Hasta que se lo dije, me enseñó la cruz y me obligó a permanecer bajo la sombra de un embarazo. … Continúa leyendo Marcia Ramos Lozoya: Las formas del hongo

Kiara-Li Adler: Niña elefante

El niño no paró. Por más que la niña exigió, pidió y rogó, él continuó, día tras día, recreo tras recreo, él siguió diciéndole: «elefante». ¡Elefante! ¡Elefante! ¡Elefante! Se hacía el eco dentro de ella, un eco vivo, que a veces respiraba bajito, y ella casi no lo escuchaba; y otras veces sonaba tan fuerte, que retumbaba en su cabeza y la hacía vibrar, hasta hacerla gritar, correr, girar. Y giró y gritó, tan rápido, tan fuerte, que creció y creció en un musth tan intenso que en uno de los giros con su pata derecha al niño aplastó. Kiara-Li … Continúa leyendo Kiara-Li Adler: Niña elefante

Liliana Santiago Ramírez: Oye, Xime

Se nos había vuelto rutina ver anime todos los viernes. A pesar de que éramos tan diferentes, preferías quedarte conmigo en lugar de salir con tus amigas. Empezó cuando cursábamos tercero y segundo de secundaria y fue “Trinity Blood”, un anime de vampiros, que nos atrapó en ese mundo gótico y futurista, con un opening que aún recuerdo y escribimos en una libreta para memorizar cada palabra que siempre cantabas conmigo como si supiéramos japonés. “Buck tick”… Así se llama el grupo que interpretaba la canción de Dress. Esos fueron nuestros inicios. La mayoría de las veces yo compraba los … Continúa leyendo Liliana Santiago Ramírez: Oye, Xime