Nelly Miguel: Maribel

Yo ya no soy Maribel. Yo era ella antes de lo que me hizo. Maribel es otra, una perfecta yo. Una con mi apariencia, con mi voz y mis ojos. Aunque nuestra mirada es distinta, la suya es encantadora. Maribel es encantadora. Es lo que deseaba ser, lo que siempre quise ser. Maribel, la bonita; Maribel, la inteligente; Maribel, la dulce. ¡Es falsa! Yo soy la original, la callada y retraída Maribel. Nadie se acuerda de mí. Bueno, excepto tú. Tú sí sabes que ella es una impostora. Solo tú nos puedes distinguir, ¿verdad? Eso me consuela, aunque sea un … Continúa leyendo Nelly Miguel: Maribel

Gloria de la Soledad López Perera: La desconocida

No era la clásica mujer por la que los hombres se volverían locos. De baja estatura y rasgos comunes, se alejaba del prototipo exhibido en revistas y pasarelas. Pero cuando la conoció y la trató personalmente, supo que tenía algo que atrapaba, que seducía. No sabía si era su oscura e intensa mirada o la forma de apartar el pelo de su rostro. Tal vez fueran los lunares que se dibujaban en su mejilla o sus finos dedos que no paraban de jugar con el vaso de frío cristal. Aquella noche ella se hizo de rogar y, por mucho que … Continúa leyendo Gloria de la Soledad López Perera: La desconocida

Mariana Palma Navas: ¿Te acuerdas?

¿Cómo es posible que haya pasado tanto tiempo estando tan sola? Ya no recuerdo mi cara frente al espejo, ni mis ojos, ni mi sonrisa, ni mi hermoso cabello… Solo el tacto de mis manos es la memoria viva de quien soy ahora, paso con delicadeza mis palmas por mi rostro y solo siento más arrugas que antes, unos nudos gigantes en mis crespos, suciedad en mis dientes. No entiendo por qué la vida se me está pasando en este espacio tan pequeño, donde no entra siquiera la luz de las habitaciones aledañas. Con amargura y una pena que me … Continúa leyendo Mariana Palma Navas: ¿Te acuerdas?

Gabriela EG: Soledad

Antes de que todo se oscureciera, recuerdo como limpiaban mis manos delgadas de las cuales solo tenía ya cuatro uñas, mis antebrazos estaban llenos de rasguños por aquella defensa que di, como en la guerra, cuya pelea por la vida debe ser permanente para sobrevivir de los ambientes más hostiles, de la maldad, en este caso de mi peor enemigo, un demonio disfrazado de amor. Esa persona que decía amarme más que a nadie, mi pareja, mi tormento hasta el último minuto, hasta el último suspiro de mi existencia. Ese mismo que algún día me prometió los más grandes y … Continúa leyendo Gabriela EG: Soledad

María José Escobar: Te esperaba todas las noches

Comenzó a esperar en el balcón dos horas antes de la hora habitual, y observaba cómo el deseo viraba bruscamente dentro de su cuerpo, como un mono enfurecido que se golpeaba contra los barrotes de la jaula. Juana Adcock Un día, cuando se dio por vencida, se dispuso a encontrar un objeto de deseo así fuera algo inasible. Ahí, se dijo, puedo verter todo lo que se desborda. Con esa resolución, por las noches miraba el techo y anhelaba; imaginaba todas las posibilidades y le ponía contentísima saber que su mente era capaz de recrear situaciones y hacer de cuenta … Continúa leyendo María José Escobar: Te esperaba todas las noches

Valentina Eboli: Followers

El contenido que Charly solía transmitir era muy diferente, se dedicaba a realizar piezas artísticas  con los objetos que tenía a mano y cuando terminaba, si uno miraba desde lejos o desde arriba, podía ver una imagen casi de calidad fotográfica. Fue por eso que todos los espectadores del live estaban desconcertados preguntándose si era una broma o realmente estaba sucediendo, si alguien obligaba a Charly a realizar ese trend o si estaba bajo el influjo de alguna sustancia. La artista comía su propia mano a mordidas, como si se tratara de una hamburguesa, arrancaba de una tarascada los dedos … Continúa leyendo Valentina Eboli: Followers

Violetta de la Peza: Instinto de Supervivencia

Se tiene la creencia de que las viudas negras devoran al macho después de copular, pero es un mito. En realidad, únicamente lo hacen en condiciones de cautiverio, cuando se sienten atrapadas —le comentó, tratando de hablar de cualquier otra cosa que no fuera lo que ambos estaban sintiendo. Cuando él le preguntó: —¿Te puedo dar un beso? Ella supo que el precipicio estaba ahí, invitándola a saltar, y que, sin duda, lo haría. Su adicción al vértigo era más fuerte. La sensación de volar por unos instantes sobre el abismo y la promiscuidad le excitaban. Aunque la catástrofe era … Continúa leyendo Violetta de la Peza: Instinto de Supervivencia

Irene Gabriela Ramírez Muñoa: Posesión

Nunca supo exactamente cuándo ni cómo pasó. Todo resultó tan gradual que fue difícil darse cuenta de lo que realmente acontecía. Próximamente, se hubiera cumplido su aniversario de bodas, pero la celebración nunca llegó. Estela era una mujer difícil de descifrar, era fría y misteriosa, así que cuando todo aquello sucedió, él ni siquiera logró darse cuenta a tiempo, quizá hubiera podido impedirlo… Simplemente, un día Estela desapareció. La desaparición fue precedida por largas caminatas nocturnas en las que volvía desorientada, sin habla y con los ojos perdidos. Él en su enojo por las constantes evasivas de su mujer, y … Continúa leyendo Irene Gabriela Ramírez Muñoa: Posesión

Valeria Hernández Romero: La comida no debería sangrar

Hace un tiempo que Marita se cuestionaba si realmente necesitaba la carne de otro ser para sobrevivir. Ese pensamiento continuo la atormentó por días, hasta que, como buena carnívora, decidió ignorarlo. En un día lluvioso, mientras comía de su plato el cadáver de otro animal, se dio cuenta de que su comida comenzó a sangrar. “Eso es normal en los cortes de carne”, pensó. Quizá solo hacía falta cocerlo un poquito más. Intentó otra vez. Cuando volvió a hundir en el pedazo de cadáver de ternero su tenedor, de este salieron borbotones de sangre que le salpicaron la ropa, y … Continúa leyendo Valeria Hernández Romero: La comida no debería sangrar

Karen Hernández: Buñuelos

El velorio comenzó en punto de las cuatro de la tarde. Nadie había llegado aún, pero casi todo estaba listo, a excepción de la cena especial. Humedecí mis manos con un poco de leche para compilar las migajas de pan duro que estaban sobre la mesa y formé pequeñas bolitas para preparar unos ricos buñuelos. Mientras hacía las bolitas de pan, me di cuenta de que tenía ampollas en la palma de mis manos y una que otra quemadura entre mis dedos. No recordé el momento exacto en el que me había lastimado, así que sólo me sorprendió el hecho … Continúa leyendo Karen Hernández: Buñuelos