Noah: El velo

Estaba en la cocina, preparando los bocadillos, cuando escuché el timbre. —¡Ya voy! —anuncié, enjuagando mis manos, frotándolas contra mi blusa y dirigiéndome a la puerta. Así comenzó el asedio. —¡Bienvenida! —saludé a mi hermana, abrazándola como cada vez que nos veíamos. —¡Hola! —me dijo ella, con igual cariño, besándome ambas mejillas. Y entonces sentí un aroma distinto. Un aroma que no conocía. Olía a lavanda, a pan horneado y a naranja. Dulce y ácido, su aroma me invadió y burbujeó bajo mi piel… —Esta es Sofía —presentó mi hermana a quien la acompañaba. Era una muchacha joven, de cabello … Continúa leyendo Noah: El velo

Luz Guerrero: Lecciones de vuelo para un pichón

Manu: No te dije lo que pasó esa noche porque eras muy pequeño. Estabas ahí conmigo en el colchón, sentadito. Ignoro cómo pude entretenerte mientras tu padre llegaba, y mientras yo, para asirme a la cordura, anotaba en un cuaderno todas las sensaciones y pensamientos que daban vuelta al cuerpo sobre la cama. Llevaba casi cinco años siendo la madre, la esposa, la ama de casa. No lo niego, Manu, hubo momentos hermosos y felices en la entrega, en esa inversión de vida, pero satisfacer las necesidades de los otros día tras día, desdibuja la propia imagen, y el deseo … Continúa leyendo Luz Guerrero: Lecciones de vuelo para un pichón

Alondra Itzel Vega Cardoso: La tormenta

¿Sientes esta lluvia? Porque las lluvias como esta no se ven, ni se escuchan, ni se huelen, ¡se sienten! Como una estocada en la entrepierna… ¿Qué vas a saber tú de eso, Liliana…? Tú que no te arde el cuerpo ni cuando se te quema la lengua con el café de olla que te endulzas como buñuelo en las mañanas. ¿Sabes, querida? Yo he hecho muchas cosas en esta vida y me han juzgado por todas, hasta por las que no he hecho, pero hay una que me falta, es esa fantasía… que a fuerza de no realizarla se me … Continúa leyendo Alondra Itzel Vega Cardoso: La tormenta

Paola Fioretti: Telequinesis

A una distancia de seis kilómetros a la redonda había un poste de luz que alumbraba la cuadra y las casas circundantes. Clive estaba de pie sobre el techo plano de un hogar ajeno, quitándose la bufanda para dejarla colgar en un hombro. Miraba fijamente el destellante resplandor del foco y entornaba sus ojos para aguzar la vista. Asimismo, blanqueaba la mente de cualquier distracción periférica, inclusive de la suave brisa que rozaba la piel del rostro. Mantuvo su concentración firme, que se potenciaba cada vez más de forma armoniosa, sin despertar ninguna clase de emoción bestial. Luego de tres … Continúa leyendo Paola Fioretti: Telequinesis

Nickte Ollin: Mi deseo

En la penumbra de la nocheuna llama incandescente despierta,susurros de pasión que latenentre los confines de mi ser. El deseo, ardiente misterio,rompe el silencio con su canto,tejiendo sueños y anhelosen cada suspiro de mi piel. Es un fuego que no se apaga,una brisa que acaricia el alma,la fuerza que me guía y envuelveen su embrujo inagotable. Entre la sombra y la luz,el deseo florece, vibrante,una promesa de eternidaden el ocaso de la realidad. Mi nombre es Silvia y me considero una apasionada del arte, estudie en la universidad de México la carrera de diseño gráfico, y recientemente acabe la carrera … Continúa leyendo Nickte Ollin: Mi deseo

Giovanna Tovar: Jérémie, el pez malabarista

Francia, año de 1649 Jérémie Alphonse Rousseau, hijo de Bertín Rousseau el mejor nadador contra corriente de la ciudad, y Margot Bernard, escritora y ganadora del premio literario en conmemoración al natalicio de Jaime V, pez de familia real. La familia Rousseau pertenecía a las costas francesas al norte del arrecife, viviendo en una modesta casa construida de conchas y plantas acuáticas de la mejor calidad.  La vida en los mares franceses era tranquila, los habitantes se dedicaban a la recolección de crustáceos y a la crianza de caballitos de mar. Todo transcurría normal, como todos los días, hasta que … Continúa leyendo Giovanna Tovar: Jérémie, el pez malabarista

Melissa Nungaray: Aprendizaje

Entre las cuatro paredes de avalanchas  estoy llamando al Yeti. Wislawa Szymborska  En ausencia de las flores el jardín hace del verde follaje un camposanto. Cada cosa está en su lugar después de dejar ir. Las noches son más claras, y la naturaleza sigue su curso. La espera de los mil soles borra en el cielo su brillo eterno. Basta volver a ver las ruinas en el mazo de diablo  para saber que en el ayer nada construimos. La necesidad de una voz, la razón de un poema. En todas las pantallas, en cada ventana, se advertía: El miedo olía … Continúa leyendo Melissa Nungaray: Aprendizaje

Sirena Celeste: Deseo

Soy más animal que mujer en mi desnudez solar y mis piernas abiertas mis labios se tensan en sonidos rituales de humedades secretas me presiento escondida más allá de la tinta el autoconocimiento es un camino de piedras filosas profundas oscuridades a plena luz rugen en el sacro soy naranja ardiente fuego de mediodía desgranando en el maíz ¿poema u orgasmo lucido? Soy Sirena Celeste, heterónimo de Glenys (Gill) Arévalo Fontalvo, nacida frente al Caribe en 1988 con luna llena y mar de leva. de esa fascinación por el territorio y el deseo de plasmar verdades en palabras. Colombia, tierra … Continúa leyendo Sirena Celeste: Deseo

Cecilia Mogollón Villar: Delicia

Me gusta un café tranquilo; el café de las tardes de lluvia recién tostado en el comal de mi abuela después de que el sol, el agua y el mortero hicieron su trabajo. Así, mientras el crujir de la leña de encino seduce al comal y el petricor inunda los poros del patio, la maquinita de acero sucumbe a la pasión ardorosa que su bronceado suscita y besa cada grano, lo aprieta contra sí y lo suelta transformado. La lluvia arrecia y la lumbre ha puesto el agua a punto tan encendida de pasión que lanza besos, borbotones de besos … Continúa leyendo Cecilia Mogollón Villar: Delicia

Jasmín Cacheux: Fibonacci

“Todos estamos rotos, así es como entra la luz.” Ernest Hemingway Aída mira al espejo, toca el vidrio, la sensación de calor que le provoca. “¿Quién eres?”, pregunta con la voz entrecortada. No busca una respuesta, porque sólo tiene preguntas. Ahí, a solas con el espejo, Aída piensa en las figuras cóncavas que puede recordar, una cueva, una cuchara, el tazón de su infancia, los brazos de su madre. La boca abierta de su primer amor, el deseo contenido que se le escapara entre las piernas; los “te amos” en susurros que se resbalaron por su pecho, espalda, vientre. Toda … Continúa leyendo Jasmín Cacheux: Fibonacci