Carol Sanjuan: Zombi

Llevo tres días trabajando en este reporte y no veo el maldito final. Tengo ganas de escribir un cuento, una novela, ¿por qué no? Aunque me quede igual de fea que la de los vampiritos esos, que después se hizo película y de tan mala se volvió de culto (ya casi nadie recuerda el libro), sería famosa, ganaría lo suficiente para irme al carajo. Porque no quiero trabajar aquí. Quiero que me deje de doler la estúpida cabeza. Quiero dejar de ver estos videos estúpidos para concentrarme en el reporte. Quiero dejar de despellejarme los labios que comienzan a arder. … Continúa leyendo Carol Sanjuan: Zombi

Belem Eslava: Pasarela de abordaje

Mi trabajo de ventas de máquinas de rayo láser me obliga a viajar constantemente. Por lo menos tres de las cuatro semanas del mes debo estar fuera, no me quejo, elegí esta profesión para poder conocer el mundo. No soy la única que viaja así, toda persona que vende algo sabe que para vender lo importante es ir a donde está la oportunidad, así que constantemente me encuentro con gente conocida en el aeropuerto y eventos sobre máquinas y láseres, sobre todo hombres, aún somos pocas mujeres haciendo este trabajo, la mayoría muy jóvenes, pues la maternidad sigue siendo castigada … Continúa leyendo Belem Eslava: Pasarela de abordaje

Estelí Morales Huitzil: Ximena

Ximena se va del bar a las dos de la mañana. El frío la hace detenerse a la salida para sacar de su bolso un par de guantes negros y una bufanda morada que hacen juego con sus botas. Sale aquella noche para relajarse con un poco de música y un par de tragos. Tiene que replantearse si debe continuar en su empleo. Esa tarde ha sido imposible. Le gusta su trabajo, pero está cansada de las insolencias de su jefe. Las últimas semanas el acoso es tan descarado que sus compañeros creen que le sigue el juego, o que … Continúa leyendo Estelí Morales Huitzil: Ximena

Itzel Colin: Sabina, la costurera

En una lúgubre noche de alguna tierra sin nombre, una luz se vislumbra a lo lejos. Es el sonido de un pedal, marcado por el cansancio de los siglos, que se mueve con ímpetu, mientras las agrietadas manos de Sabina deslizan la tela con destreza sobre la agitada aguja, que forma puntadas de recuerdos. Tejidos de memorias que se conservan en cada costura, unidos meticulosamente para formar historias; remembranzas de una vida. Con astucia, los hilos se entrelazan en un intento por preservar el presente, ahuyentar el olvido y atrapar los recuerdos que se escapan, implacables, dentro de aquella habitación … Continúa leyendo Itzel Colin: Sabina, la costurera

Alba Celeste López Huerta: La cuidadora

En mi madre se sostenía toda la acumulación del capital, aquella que les pertenecía a unas cuantas manos. Ella cuidaba de los enfermos y de los viejitos de la casa. Ella lavaba y planchaba, hacía de comer y cuidaba de nosotras. Ella sostenía la riqueza de las grandes familias con su trabajo no remunerado, en una jornada de más de 14 horas, sin prestaciones, sin vacaciones, sin conteo de horas extras.   Sostenía a las grandes, medianas y pequeñas empresas. Y aunque, por una extraña razón su trabajo no era valuado en dinero, aun así, era el núcleo más importante … Continúa leyendo Alba Celeste López Huerta: La cuidadora

Viridiana Ponce: Lista de pendientes

Parada en el tráfico mientras cambiaban las luces del semáforo, primero verde, luego roja, comencé a pensar el día que completé la lista, nunca lo hacía porque jamás contemplaba el tráfico, las horas extra del trabajo, los imprevistos, los pendientes que no anotaba y un largo etcétera. Escuchaba los “claxons”, ruidosos, los conductores gritando, acelerando y frenando de golpe para avanzar un metro, pero atascada ahí me acordé cuántas veces tuve que malabarear entre el trabajo y todas las responsabilidades. Cambió el semáforo, un coche se me metió. ¿Devolví la llamada al cardiólogo? ¿Me había modificado la cita o solo … Continúa leyendo Viridiana Ponce: Lista de pendientes

Joan Malinalli: Sobre el trabajo

Me pregunto, ¿quién inventó la expresión “ganarse la vida” como sinónimo de “trabajar”? ¿En dónde está ese idiota? Alejandra Pizarnik Mis ojos tristes en el fondo del retrete. Mis ojos turbios que devoran vacíos. Ávidas aguas estremecen mi carne. Aromas siniestros que revelan el hastío. Llega la noche extasiada de flores. Mi amor se tiende lejos de este mar cautivo. No pido al sol que sea más tiempo amable. La luna sabe de la soledad y el sueño. Estoy cansada de todo lo malo. Hombres que juegan a ser exorcistas. Beben alcohol como si fueran liendres. Hablan de mí con … Continúa leyendo Joan Malinalli: Sobre el trabajo

Verónica Miranda: La Tejedora

El zumbido persistía, un eco fantasmal que se colaba en el silencio que envolvía mi mundo desde el Gran Pulso Sónico del ’23. Tenía nueve años entonces, y el edificio donde vivía se había derrumbado, convirtiendo a mi madre en una de las novecientas víctimas de aquella catástrofe. Sobreviví bebiendo mi propia orina y comiendo tierra hasta que fui rescatada por una arañaboth. Logré superar los golpes y las heridas, pero la sordera fue una secuela inevitable. Ahora, a mis casi 41 años, La Neo CDMX aún exhibía las cicatrices de aquel evento, al igual que yo. Fui trasladada al … Continúa leyendo Verónica Miranda: La Tejedora

Evelyn Vega Gutiérrez: Anna

Anna era una chica muy simpática y alegre, de cuerpo esbelto, ojos verdes y cabello rojizo. Todo el que la conocía quedaba encantado. Trabajaba en el “Circo Invisible”, una compañía famosa que tenía muchos tipos de espectáculos. Las personas que iban a ver los actos quedaban fascinados, así que muchos regresaban al día siguiente para volver a ver todas las funciones. Anna era trapecista, usaba un leotardo amarillo de lentejuelas y se peinaba con flores. Siempre se veía en su espejo, aunque extrañamente había veces donde no se veía reflejada. Sabía que el espejo tenía algo raro, y eso la … Continúa leyendo Evelyn Vega Gutiérrez: Anna

Dulce Maow: La vasija de nadie

¿Alguna vez has sentido con gran fuerza no querer algo? Sólo queda la sensación de salir corriendo, lo más lejos que se pueda, sin mirar atrás, y esperar no volver, pero tienes que regresar porque te piensas valiente, y quieres arreglar las cosas, pegar las piezas que lo más probable es que nunca se vuelvan a juntar, y aun así, decides quedarte y ver qué pasa. Me adelanto a mi suerte. Todo sigue igual, quizás peor, porque cada día te drenas; gota a gota, tu esencia se va. La vasija no tenía una belleza especial, pero había algo que la … Continúa leyendo Dulce Maow: La vasija de nadie