Selvia Vargas: La mujer que no está dormida

Todos pensaron que había muerto de tristeza, pero jamás se había sentido tan libre. Le pidió a la luna que le enseñara a vivir en su inmensidad y así encontró, en sus propios valles, el placer que nadie más le había podido dar. Aunque la lava no ha surgido en siglos, su deseo arde en cumbres y acantilados. La piensan inactiva, pero, aunque yace blanca, no está dormida. Soy habitante de la CDMX, tengo 33 años, estudié psicología y soy una feminista que busca formas de habitar y resistir desde la cultura y el arte de mujeres. Trabajo como consultora … Continúa leyendo Selvia Vargas: La mujer que no está dormida

Yessika María Rengifo Castillo: Soneto para un deseo

Con las voces del tiempo. Porque las luchas endulzan el corazón. Y hallaría los campos de la sororidad. Luceros de la memoria. Anhelando luces de la paz. Como la Luna de la equidad. Como las estrellas de la mágica verdad. Frente a los recuerdos sin olvido. Sueños de la pureza del alma. Con la alegría y la nostalgia. Que son los himnos de la vida. Un deseo tan grande. Tan indeleble como los cielos y la tierra. ¡Cumpliéndose! El legado de las ausentes. Los clamores de las presentes. Cada día. Yessika María Rengifo Castillo. Soy poeta, narradora, articulista, e investigadora. … Continúa leyendo Yessika María Rengifo Castillo: Soneto para un deseo

Viviana Padilla Marquezo: Aniquilino

8 de septiembre Nada sucede en esta sofocante ciudad de techos de zinc y amplias terrazas. Aquí no pasa una puta mierda. A veces, uno que otro muerto; alguna puñalada que atraviesa la piel de algún desdichado, comprometiendo sus órganos. Entre hemorragias internas y externas, se nos escapa la vida en este viejo pueblo olvidado de la mano de Dios y de las autoridades. Me gusta escribir de noche, aunque no me guste lo que escribo. Me gusta esta hora, porque a esta hora uno anda cansado… cansado de vivir mientras los demás duermen, contemplando directamente  el rincón sombrío donde … Continúa leyendo Viviana Padilla Marquezo: Aniquilino

Fabiola Morales Gasca: Dendrofilia

Su temblorosa mano tocó el recio muslo mientras la boca buscaba con ansiedad los labios rojos de la mujer. Ella lo deseaba tanto como él, lo sabía; era imposible ocultar el deseo. Tocó su pecho y sintió los pezones erectos, bajó la ropa que los cubría y llevó sus labios para poder succionar de ellos la ansiedad de la espera. Ella gimió ante el placer de sentir la humedad de su lengua. Subió con mayor ansiedad la falda y buscó con avidez retirar la panti de la muchacha, quien lo ayudó a deslizarla, entonces bajó el zíper de su pantalón. … Continúa leyendo Fabiola Morales Gasca: Dendrofilia

Karla Gabriela Barajas Ramos: A la opinión pública

Nos acusaron de incestuosos; pero nuestros tiempos eran otros. Para mí, él es más que un hermano; nacimos del Caos. Aunque me representan como alguien sin sentimientos y fría, lo amé en los bordes del mundo y en los sombríos lugares del inframundo. ¿Cómo no hacerlo? Era poseedor de umbraquinesis, una capacidad psíquica que permite la manipulación de las sombras, con las que me regala ramos de flores oscuras e historias negras.  ¿Quién, en mi situación, se resistiría al llamado de Érebo? Al final, me entregué a él y no fui una sombra más en su colección. Fue mi paredro; … Continúa leyendo Karla Gabriela Barajas Ramos: A la opinión pública

Gabriela Andrade Lucero: Sirenas

No temes bajar a las profundidades. Escuchas los sonidos de la casa a lo lejos. Despiertas húmeda. No te levantas, no te mueves. Sientes que una ola ha llegado a la playa y te ha mojado hasta el bajo vientre. Afuera de la recámara suenan los pasos de la familia. Tienes un sueño del que no quieres desprenderte y te aferras a él para no abandonar el espacio de tus deseos. Te esfuerzas por permanecer en él, aunque el mundo de fuera quiera quebrarlo con su violenta normalidad. Desde abajo llega el olor de los huevos fritos y el café. … Continúa leyendo Gabriela Andrade Lucero: Sirenas

Lucia Helena: Perfume de geranio

Deseo ser tantas mañanas tantas ventanas humanas tantas naranjas para ríos azules tantas distancias de higos crueles. Deseo ser mariposa de luna besarte en tus fases tristes en mi lecho de lagunas colorear tus formas grises. Deseo ser como la hierba no para pisarme como sierva si no en cada incendio tuyo purificar tu energía capullo. Deseo ser como la madera que nace cada temporada regada de amor y belleza con un corazón de nobleza. Deseo ser como Minerva la rosa de la poesía que con su sabiduría enfrenta la roja travesía. Deseo ser la diosa indígena del Amazonas sin … Continúa leyendo Lucia Helena: Perfume de geranio

Karla Ruiz: Los edificios Frontera

Apenas me senté en el alféizar de la pequeña ventana de mi departamento —mentira, estoy en un pequeño rinconsito en el piso—, escuché el crepitar de la noche sobre las láminas de zinc y el cemento agrietado. El Complejo Frontera se componía de veinte edificios idénticos al mío: cuatro pisos, dos departamentos por planta y una extraña sensación de que, bajo esas capas de polvo, cada estructura respiraba en un mismo latido. Había un murmurar continuo que se filtraba entre las paredes, como un roce de pasos ajenos, como si los muros se comunicaran en un idioma que sólo aprendías … Continúa leyendo Karla Ruiz: Los edificios Frontera

Joan Malinalli: Experiencia panacota

Bastó una vez para enamorarme de ella. Sentirla en mi boca. Probarla. Hacerla mía en cada bocado. La deseaba todo el tiempo. Estaba obsesionada. No sé si se debía a su sabor o a su textura. Pero la amaba. Dios. Realmente era deliciosa. La conocí en un café a principios de año y desde que la vi quedé fascinada. Su densidad. Su aroma. El tamaño de su cuerpo. Era distinta a las otras. Ninguna como ella, quiero decir, ninguna. Y no es que sea yo de tener favoritas. ¿Era posible desear algo con tanta altivez? ¿Con tanta enjundia de niña … Continúa leyendo Joan Malinalli: Experiencia panacota

Susana Torres Cabeza: Violetas

Me urge. Me urge atravesar esa coraza de ropas que acarician su piel. No hay nada que desee más que oler ese delicioso sudor de violetas, clavar los colmillos en su cuello, largo y esbelto y beber hasta reventar de éxtasis. El suyo y el mío. Hay sangres de muchos tipos. La mayoría apenas merecen ser recordadas. Circulan muchos cuellos almizclados, hombres y mujeres con perfumes horteras que tratan de ocultar su falta de clase.  Esas sangres sacian de forma momentánea la sed, pero después aburren rápidamente. Los suelo abandonar la misma noche de la caza, durante su embriaguez. Al … Continúa leyendo Susana Torres Cabeza: Violetas