Melissa Nungaray: Aprendizaje

Entre las cuatro paredes de avalanchas  estoy llamando al Yeti. Wislawa Szymborska  En ausencia de las flores el jardín hace del verde follaje un camposanto. Cada cosa está en su lugar después de dejar ir. Las noches son más claras, y la naturaleza sigue su curso. La espera de los mil soles borra en el cielo su brillo eterno. Basta volver a ver las ruinas en el mazo de diablo  para saber que en el ayer nada construimos. La necesidad de una voz, la razón de un poema. En todas las pantallas, en cada ventana, se advertía: El miedo olía … Continúa leyendo Melissa Nungaray: Aprendizaje

Giovanna Tovar: Jérémie, el pez malabarista

Francia, año de 1649 Jérémie Alphonse Rousseau, hijo de Bertín Rousseau el mejor nadador contra corriente de la ciudad, y Margot Bernard, escritora y ganadora del premio literario en conmemoración al natalicio de Jaime V, pez de familia real. La familia Rousseau pertenecía a las costas francesas al norte del arrecife, viviendo en una modesta casa construida de conchas y plantas acuáticas de la mejor calidad.  La vida en los mares franceses era tranquila, los habitantes se dedicaban a la recolección de crustáceos y a la crianza de caballitos de mar. Todo transcurría normal, como todos los días, hasta que … Continúa leyendo Giovanna Tovar: Jérémie, el pez malabarista

Sirena Celeste: Deseo

Soy más animal que mujer en mi desnudez solar y mis piernas abiertas mis labios se tensan en sonidos rituales de humedades secretas me presiento escondida más allá de la tinta el autoconocimiento es un camino de piedras filosas profundas oscuridades a plena luz rugen en el sacro soy naranja ardiente fuego de mediodía desgranando en el maíz ¿poema u orgasmo lucido? Soy Sirena Celeste, heterónimo de Glenys (Gill) Arévalo Fontalvo, nacida frente al Caribe en 1988 con luna llena y mar de leva. de esa fascinación por el territorio y el deseo de plasmar verdades en palabras. Colombia, tierra … Continúa leyendo Sirena Celeste: Deseo

Cecilia Mogollón Villar: Delicia

Me gusta un café tranquilo; el café de las tardes de lluvia recién tostado en el comal de mi abuela después de que el sol, el agua y el mortero hicieron su trabajo. Así, mientras el crujir de la leña de encino seduce al comal y el petricor inunda los poros del patio, la maquinita de acero sucumbe a la pasión ardorosa que su bronceado suscita y besa cada grano, lo aprieta contra sí y lo suelta transformado. La lluvia arrecia y la lumbre ha puesto el agua a punto tan encendida de pasión que lanza besos, borbotones de besos … Continúa leyendo Cecilia Mogollón Villar: Delicia

Jasmín Cacheux: Fibonacci

“Todos estamos rotos, así es como entra la luz.” Ernest Hemingway Aída mira al espejo, toca el vidrio, la sensación de calor que le provoca. “¿Quién eres?”, pregunta con la voz entrecortada. No busca una respuesta, porque sólo tiene preguntas. Ahí, a solas con el espejo, Aída piensa en las figuras cóncavas que puede recordar, una cueva, una cuchara, el tazón de su infancia, los brazos de su madre. La boca abierta de su primer amor, el deseo contenido que se le escapara entre las piernas; los “te amos” en susurros que se resbalaron por su pecho, espalda, vientre. Toda … Continúa leyendo Jasmín Cacheux: Fibonacci

Desirer Sanchez: Donde nacen las alas

Lynn estaba de pie en la cima de la colina más alta de su aldea, mirando hacia el horizonte donde las luces de Telysia, la ciudad flotante, danzaban en el cielo como estrellas atrapadas en una red. Su resplandor azul y dorado era visible incluso desde la distancia, un recordatorio constante de lo que estaba fuera de su alcance. —¿Sigues soñando con Telysia? —preguntó Kade, su hermano menor, mientras trepaba torpemente la colina para alcanzarla. —No es un sueño, Kade. Es una meta. —Lynn apretó los puños. Kade se dejó caer en la hierba, sacudiéndose el polvo de las botas. … Continúa leyendo Desirer Sanchez: Donde nacen las alas

Mariana Palma Navas: ¿Te acuerdas?

¿Cómo es posible que haya pasado tanto tiempo estando tan sola? Ya no recuerdo mi cara frente al espejo, ni mis ojos, ni mi sonrisa, ni mi hermoso cabello… Solo el tacto de mis manos es la memoria viva de quien soy ahora, paso con delicadeza mis palmas por mi rostro y solo siento más arrugas que antes, unos nudos gigantes en mis crespos, suciedad en mis dientes. No entiendo por qué la vida se me está pasando en este espacio tan pequeño, donde no entra siquiera la luz de las habitaciones aledañas. Con amargura y una pena que me … Continúa leyendo Mariana Palma Navas: ¿Te acuerdas?

Monse Chávez: Aquella vez en que la noche se convirtió en día

Se había cansado de intentar. Siempre fue una lucha perdida, se repetía para sí misma. Una lucha que sólo la muerte podía terminar. Pero ¿cuándo llegará? Se preguntaba a diario. Si él no lo hacía durante una de esas madrugadas, entonces ella misma tendría que encargarse. Pasaba el día repasando sus opciones, pero ¿qué opciones tenía? Si las puertas con candado no se abren de un fácil empujón, si nadie al otro lado de la pared escucha, si el cuerpo golpeado es débil para escapar. Una noche soñó que se iba. Que su cuerpo, ya sin hematomas, se levantaba del … Continúa leyendo Monse Chávez: Aquella vez en que la noche se convirtió en día

Mónica Urbina Lagunas: Prohibido zambullirse

La playa El Caiman estaba abarrotada de familias que les había parecido muy buena idea pasar el domingo lejos de las obligaciones domésticas. El cielo se había empezado a llenar de nubes como el mar de bañistas que, sin temor a la temperatura del agua, se zambullían en ruidosos clavados. El viento sacudía las sombrillas, las mujeres sujetaban sus sombreros, se quitaban los lentes y miraban amenazantes al cielo como si así lo obligaran a despejarse. El ruido de las bocinas, las carcajadas y el crujido de las papitas se volvieron una especie de conjuro colectivo para espantar el pronóstico … Continúa leyendo Mónica Urbina Lagunas: Prohibido zambullirse

Gabriela EG: Soledad

Antes de que todo se oscureciera, recuerdo como limpiaban mis manos delgadas de las cuales solo tenía ya cuatro uñas, mis antebrazos estaban llenos de rasguños por aquella defensa que di, como en la guerra, cuya pelea por la vida debe ser permanente para sobrevivir de los ambientes más hostiles, de la maldad, en este caso de mi peor enemigo, un demonio disfrazado de amor. Esa persona que decía amarme más que a nadie, mi pareja, mi tormento hasta el último minuto, hasta el último suspiro de mi existencia. Ese mismo que algún día me prometió los más grandes y … Continúa leyendo Gabriela EG: Soledad