Llegó la muerte contenta
y la encontró igual de risueña
bordando tranquila y sabia
a mi querida cigüeña.
Era sabia y de buen corazón,
daba todo sin pedir,
curaba enfermos y traía bebés,
solo por vernos reír.
Y al irse con la muerte
dejó en su largo caminar,
pétalos de florecitas
y semillas por sembrar.
Semillas de sus enseñanzas,
de la gente que ayudó,
a mi mamá a su lado bordando.
en el pueblo que tanto amó.
Anette Kaory: Escribo las palabras que me cuesta decir en voz alta

