Susana Torres: El último Salto

Caminaba por la acera despacio, con miedo de tropezar, consciente de que había hecho mi noveno salto y de que era el último. Me pregunté cómo podía haber sido tan tonta. Carlos me la había jugado bien. Por su culpa ya no tendría más oportunidades de volver atrás. Si enfermaba o resultaba herida de gravedad, la historia de mi vida llegaría a su fin.

Empecé a sudar. No era raro. Después de retroceder en el tiempo, el cuerpo tarda uno o dos días en equilibrarse, pero esta vez, la ansiedad me carcomía. Imaginé que las bacterias y los microorganismos que proliferan en los gusanos temporales estaban invadiendo mi cuerpo. Nunca he sido una persona cobarde, pero tenía la espada de Damocles encima y todo se me antojaba un peligro.

Metí la mano al bolsillo y toqué algo. La papelina con los restos de SONA, la droga necesaria para aguantar el viaje al pasado, todavía estaba allí.

Me vino a la cabeza la cara de Carlos en la fiesta.


—Vas a alucinar con este lote de SONA, Sonia. Va a ser tu mejor salto. —Sacó un sobre de una caja y me lo ofreció.

—Esta vez paso, Carlos. Prefiero esperar un poco para el próximo viaje —contesté mientras rellenaba la copa.

—¿De qué estás hablando? ¿Esperar? ¿Tú? —rio sorprendido.

Era normal que no se creyera mi prudencia. Observé mi reflejo en la copa. Había bebido la vida demasiado deprisa.


—He retrocedido ocho veces—contesté. —Algunos de los saltos fueron para tratar de cambiar cosas importantes, como el resultado de un examen, pero otros fueron inconscientes, para revivir experiencias, y algunos fueron incluso absurdos, como el que hice para tratar de no vomitar tras una borrachera. He desperdiciado muchas vidas. Quiero llegar a vieja y tener familia.


—Lo entiendo, —dijo y se puso serio —pero este lote no te lo puedes perder. Mira, por todos estos años de amistad, te lo regalo. Cuando decidas dar tu último salto, hazlo con esto—me puso el sobre en la mano. —No te arrepentirás.

Maldito Carlos.

Dijo que era potente. Mucho más que todo lo que nos había vendido hasta entonces. Y yo pensaba que la droga me haría viajar muchos años atrás. Me sedujo la idea de volver a empezar, de subsanar errores, cumplir sueños…

Todo mentira. Carlos me había engañado, apenas había retrocedido tres meses. Ahora caminaba por la acera de siempre, del barrio de siempre, rodeada de los problemas de siempre. Mareada por los efectos del SONA. Y sin más oportunidades.

Harta de todo, miré el canal que serpenteaba junto a mí y, con rabia, tiré la papelina al cauce.

Qué gran error.

En cuanto el SONA tocó el agua, se produjo una reacción química enorme. Una nube amarillenta se expandió rápidamente y formó un arco. Un gusano temporal gigantesco avanzó. Se abalanzaba sobre la ciudad.

Tras unos segundos de incredulidad, me tapé la boca y eché a correr. “No respires”. Mi cuerpo no podría aguantar un décimo salto.

Sonó la sirena de peligro biológico.

Corrí hasta casa. Cerré la puerta y las ventanas. Apagué las luces y me escondí bajo unas mantas con una linterna y una radio a pilas que guardaba para posibles apagones.

Recordamos a todos los ciudadanos que no salgan de sus casas.

Había pasado un día desde la última retransmisión. En la calle se oían alaridos. Aterrada, me asomé a la ventana y lo que vi me dejó sin respiración. Dos reptiles demasiado grandes competían a muerte por el último bocado de un perro callejero. A su lado, un monstruo de cuello alargado se comía las hojas de un árbol. “Pero qué…”

De repente, la radio volvió a transmitir:

—La ciudad ha retrocedido al periodo cretácico. Por favor, no salgan de sus casas. Estamos trabajando para solucionarlo.

Sonreí ante la ironía, Carlos tenía razón después de todo. Su lote de SONA era muy potente.

Escribo géneros fantásticos, sobre todo terror y ciencia ficción, y me gusta definirme como una narradora de historias. Soy licenciada en psicología y me encanta leer, pero también el cine, la música y los cómics.
Soy autora de la novela corta de ciencia ficción distópica, SINFORMA (Diversidad literaria, 2024).
También tengo numerosos relatos cortos publicados en revistas, webs y en antologías corales.

Deja un comentario