Me pregunto, ¿quién inventó la expresión
“ganarse la vida” como sinónimo de “trabajar”?
¿En dónde está ese idiota?
Alejandra Pizarnik
Mis ojos tristes en el fondo del retrete. Mis ojos turbios que devoran vacíos. Ávidas aguas estremecen mi carne. Aromas siniestros que revelan el hastío. Llega la noche extasiada de flores. Mi amor se tiende lejos de este mar cautivo. No pido al sol que sea más tiempo amable. La luna sabe de la soledad y el sueño. Estoy cansada de todo lo malo. Hombres que juegan a ser exorcistas. Beben alcohol como si fueran liendres. Hablan de mí con sus bocas podridas.
El día transcurre de manera simple: ellos me miran mientras bailo y limpio. Alguien se ha vomitado esta tarde. Alguien más le ha respondido el saludo. Tiemblan las sombras en la inmensidad del techo. El café está viejo y está amargo. Nadie bebe café en esta tierra de lobos. Nadie pide un pan ni un huevo. Canto en voz baja para no pensar en nada. Tarareo una melodía que alguna vez me tarareó un flautista. Era hermoso, el flautista, era grande. Su barbilla en punta me arrullaba por las noches.
El cansancio me tiene agobiada. Mi espalda se ha arqueado por la escoliosis. Una mujer me obsequió una moneda por mi buen trabajo. La moneda no vale más de cinco pesos. ¿Qué tan hondo debe una caer para elevarse con altivo orgullo? ¿Cuántos retretes se deben limpiar para descubrir la verdad oculta en los ojos? Ojos que duermen tras el velo de la noche. Ojos de sal que conocen la muerte.
“¡Tierra sobre mi cuerpo!”, diría Dolores Castro. “Tengo la boca llena de tierra”, destacaría Juan Rulfo. “Tierra que me pertenece”, diría una muchacha tonta. “Tierra, oh, tierra a la vista”, entonaría un pirata ensangrentado…
Mis ojos tristes revelan el caos. Limpiar retretes blancos no es trabajo digno para una chica de mi clase. Sin embargo, aquí me tienen, aseando la mierda en silencio. Sin embargo, estoy aquí como una vez lo estuvo mi madre. Los exorcistas piden alcohol para saciarse. Los exorcistas son idiotas, no conocen la belleza del demonio. ¿Por qué me quieren arrebatar a mi niña? Mi mosca de cardumen sigilosa como un potro tibio. Ella me habita de noche y de día. Ella me enseña de los gajes del oficio.
Tiembla la mosca-niña cuando canto. Tiemblan sus alas que son alas de ensueño. La noche arropa el malestar-abismo. La noche llena mi boca de tierra. Estoy sirviendo alcohol, estoy bailando. Estoy limpiando el vómito de una mujer poeta. Soy un fantasma que ansía de vez en cuando ser mirado. Soy la mujer que trabaja para ganarse la vida. Mis alas no caben en estos cuatro muros. Mi cabello crespo se demuda ante el maltrato y ante el miedo. Soy una luna que gira sobre el campo. Soy la princesa del retrete que juega a ser reina desde su lecho vacío.

Egresada del Colegio de Estudios Latinoamericanos por la FFyL, UNAM. Ha publicado cuentos, poemas y artículos académicos en revistas como Círculo de Poesía, Punto de Partida, Primera Página, Espejo Humeante, Especulativas, Penumbria, etc… Sus líneas de investigación giran en torno al existencialismo, la mística, lo demoníaco y las literaturas de irrealidad.He sido activista social, soy mamá y administradora de empresas.

