Candy Risco: Mariposas rojas

En un pueblo rodeado de bosques y ríos murmurantes Alba, una joven de doce años, conocida por su conexión profunda con la naturaleza, despertó en su habitación sintiendo el palpitar del mundo en su vientre. 

“¿Que me sucede?” se preguntó, sin atreverse a compartir este misterioso acontecimiento con nadie por temor a la incertidumbre que rodeaba su cuerpo.

La primavera trajo consigo un cambio dentro de Alba, un cambio que resonaba con el pulso mismo de la tierra. Sentía que mariposas rojas danzaban en su estómago, presentía que este era un anuncio a un nuevo inicio, el flujo de la vida que las mujeres comparten con la tierra.

En una exploración por los rincones secretos del bosque, Alba tropezó con un manantial escondido rodeado por flores rojas. Mientras se acercaba, emergió una anciana envuelta en telas tejidas con hojas y raíces.

—¿Por qué las mariposas me persiguen? —preguntó Alba.

Y la anciana respondió con una sonrisa llena de sabiduría:

Bienvenida, Alba. Veo que has descubierto el manantial de las mariposas rojas.

—¿Qué es este lugar? ¿Por qué hay mariposas rojas a mi alrededor? Conozco a la perfección este bosque, y nunca antes había visto este manantial. ¿Por qué me siento diferente a las demás niñas de mi pueblo?

Con gracia, la anciana le contó la historia de un antiguo pacto entre las mujeres del pueblo y la naturaleza. Cada vez que una joven mujer iniciaba su ciclo a una nueva era, el bosque las guiaba a un manantial lleno de mariposas rojas, ellas bailaban en honor a la joven escogida, creando así un vínculo protector.

Intrigada por la revelación, Alba decidió sumergirse en el manantial. Las mariposas rojas danzaron a su alrededor. Al salir del agua, Alba sintió una renovación profunda, como si su conexión con la tierra se hubiera intensificado. Luego vio unas manchas rojas que emergían de su interior. 

—No tengas miedo Alba, eres muy fuerte —le dijo la anciana,

Después de ese acontecimiento, Alba corrió y compartió su experiencia con las mujeres del pueblo. Ellas le confesaron que todas las mujeres ya sabían que existía ese manantial. Pero no se lo mencionaron, porque era la responsabilidad de la anciana, la guardiana del bosque.

Al descubrirse este secreto, todas las mujeres decidieron convertirse en guardianas y así poder guiar a las jóvenes en su recorrido hacia su cambio y que no se sintieran solas como una vez ellas se sintieron. 

Con el tiempo, las mujeres encontraron fortaleza en su conexión con la naturaleza y los hombres, al comprender la importancia de estos ciclos, se unieron como aliados en su defensa.

Cada primavera, las jóvenes del pueblo iniciaban su viaje hacia el manantial guiadas por las mujeres. La anciana les contaba la historia, transmitiéndoles la conexión sagrada entre sus ciclos y el flujo de la naturaleza. Así, las mariposas rojas continuaron danzando en el estómago y alrededor de las jóvenes, recordándoles que sus ciclos menstruales eran parte de la vida. 

Candy Risco. Soy una profesional graduada en Marketing, apasionada por la escritura, la creatividad, el aprendizaje continuo y el voluntariado. He publicado cuentos y poemas en libros digitales para incentivar la lectura en mi comunidad. Mi lema de vida es: «Todos tenemos una historia que compartir».

Deja un comentario