Paola Flores: El nido

La presión es rítmica e imponente. Un enjambre de avispas enfurecidas que se deja caer en mi coxis. Colapsan mis rodillas y me diluyo en un arroyo de agua tibia. Estoy sola, sola, solísima. Mis hombros derrotados abrazan la sangre y el dolor. Mis empeines sostienen mi peso, la fuerza de sus raíces se detona y de un solo movimiento revienta el azulejo frío. Coloco mis manos temblorosas en la entrada de mi vagina. El tiempo se detiene, sólo existe el nido que se desprende de mi útero, se desliza paciente hasta llegar a mis manos. Estoy desposeída, una espectadora indefensa, que se deja llevar por los cantos colectivos de las mujeres que ya lo vivieron. El nido abarca cada espacio, se hace presente. Siento su tibieza, su peso y densidad. Está envuelto en flores, hojas y semillas que encontró en las paredes internas de mi cuerpo. Las arrancó de manera fulminante y las volvió cobijo. El nido es de un rojo tan brillante que pareciera que aún aloja vida. De él se desprenden destellos de futuros posibles, ninguno de estos prenden fuego. Todo mi cuerpo sigue la música que entona, prevalece el suave fluir que aligera mi pelvis. 

 Las ancestras llegan de horizontes varios. Me guían hacia la ventana, con sus gestos dulces. Se quedan conmigo, ya no estoy sola. Me toman de la mano y me acompañan con una taza de infusión de manzanilla. De donde ellas vienen lo caliente sana, la compasión reina. Las ancestras saben de la tristeza que siento, del miedo y mi cuerpo devastado. Saben que estoy sola y mi vientre vacío. Saben que hubo muerte en lugar de vida.

Colaboración entre la ilustradora Camila Paz @camiladanielapaz y la autora, la primera versión se publicó en el fanzine, @lafeminafanzine

Paola Flores. Educadora popular, feminista y amante de caminar por la ciudad.

Camila Paz. Ilustradora.

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