Anilu Zavala Alonso: Querida Adela

Ciudad de México, octubre 27 de 2021.

Quiero decirte querida Adela, —espero que me permitas llamarte así: “querida”—, que hace unos días me topé con un anuncio sobre un círculo de lectura sobre ti, y dudé, porque en mi ignorancia extrema no sabía que tú escribías. Días antes, había llegado a mi cabeza el recuerdo de tu casa, la que fue de tu padre, que te dejó como herencia, además de dos mil pesos. Enganchada en el recuerdo busqué qué había sido de ti y de la casa en Dulce Oliva. Cuando vi el anuncio del círculo literario me atrapó la ansiedad de leerte, de acercarme a ti. Así que muy ávida me asumí especulativa y sin dudarlo me sumé.

No fue fácil encontrar tus textos, no entiendo cómo no te han reeditado. Por qué no te han vuelto a publicar. Sin embargo, la tecnología nos ayudó y gracias a Especulativas pude tener el material.

El primer día en mi presentación les conté entre apenada y orgullosa que por ahí de inicios de los noventa había estado en tu casa y que te había conocido. Claro, seguro que tú nunca te acordarías de mí.

Conté que había ido de forma asidua a tomar café, té y tequila de la mano de un agreste novio bukovskiano, producto del espíritu noventero, época de mi temprana juventud.

Pienso, querida Adela, que muchas veces desperdiciamos grandes oportunidades en nuestras vidas, y el haberte conocido fue, sin duda, una oportunidad desaprovechada.

Haciendo un profundo acopio de fuerza para adentrarme en mis recuerdos cierro los ojos y veo las enormes paredes de bloques negros en la coyoacanense Dulce Oliva. Y recuerdo la entrada a la cocina, los ventanales y el ambiente de humedad. Y me dejo ir así, escarbando en los recuerdos, la taza de café, la cucharilla sobre la mesa-barra de talavera. Y tu voz aguardentosa y tu mediana figura tosca. Y tu risa ronca. Tú, cubierta de jeans y camisola, con botas, disculpa el anacronismo, querida Adela, hoy diríamos, estilo Caterpillar.

¿Cómo seguir esta carta? ¿Cómo hacerla llegar a tus mundos fantásticos? Ahí donde hay ojos y lugares imaginarios, donde habitan personajes humanos, extraños y perfectamente configurados.

Pero sabes, Adela, quiero ir al grano. Quiero decirte que he leído tus cuentos. Que tu narrativa es soberbia, que me encanta cómo esconde esa tímida pero exigente necesidad de ser reconocida. Y te imagino tú tan tosca pero a la vez tan frágil. Tan excéntrica y a la vez tan patriarcal. Eso sí, tu risa me resuena. Tu risa rasposa. No recuerdo lo que me habrás dicho en aquel momento, yo joven, desde mi imberbencia, permíteme el uso de esta palabra creada.

Yo sé que, para ti, qué más te da mi pobre opinión. Sin embargo, me siento tocada por la complicidad de haberte leído a fondo y varias veces. Que tus letras son potentes, que tus cánones impecables. Sí, claro, lo sé. No me lo preguntaste, pero te lo digo.

En la búsqueda de tus libros me topé con Híbrido y entonces hiciste que me volara la cabeza. Te encontré enorme y potente. Impetuosa y profunda. Compleja y poderosa. Sí, ya sé, tampoco me lo preguntaste pero te diré que es… es… creo que no tiene, o no encuentro, adjetivo para describir algunos tramos, algunos versos. Las palabras intensas y desbordadas, así como me gusta a mí la palabra. Una palabra que asombra y maravilla, y que también me sobrecoge y me impresiona.

Lamento si exagero un poco en el elogio, pero puedo decirte, querida Adela, que hoy por supuesto, te admiro, te conozco más y me siento profundamente agradecida con eso.

Íntima y cariñosamente,

Anilú

Anilu Zavala Alonso. Soy mujer derivante, amante de letras y buscadora de narrativas. Hija y nieta de Luisa. Mamá de Matías. Gestora cultural. Fundadora de la comunidad Somos Disruptivas en el que imparto diversos talleres. Mis textos han sido publicados en diversas antologías y plataformas digitales. Conductora del programa semanal Somos Disruptivas Radio y comentarista en Las Personajas, ambos en Violeta Radio 106.1 FM CDMX. Tímida practicante de StandUp Feminista con la rutina #malamamá. Habitante asombrada de la ciudad. Incómoda e incomodante. Estudiante perenne.

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