Dulce Maow: El tiempo que fui y soy

¿Recuerdas la sensación de tener su mano entre la tuya y luego desvanecerse cada día, hasta que dejaron de tomarse de la mano?

Sus manos estaban tan cerca que rozaban su piel, percibiste el ligero nerviosismo que tenía en la punta de sus dedos, pequeñas palpitaciones que alteraban nuestra habla cuando intentábamos mirarnos a los ojos. Palabras que no tenían sentido pero las  dejamos pasar como los segundos de nuestra vida.

En su sangre había un vaivén de vida que ella desconocía y relucía cuando dormía en la profundidad de su ser, esperaba cada luna llena para cortarse el cabello, se piensa maldita, nunca ha pensando en un don inesperado.

Un don inesperado como su propia existencia, arrojada al mundo sin explicación y sin esperanza, la supervivencia es su único motivo, y su sangre que se desplaza desde el centro de sus venas, hierve cada vez que lo piensa. ¿Sobrevivir?, ¿para qué?

Cuando esto sucede, debe tranquilizarse no por el espacio-tiempo sino por ella, aún quiere saber lo que es vivir sin depender del calor de su sangre.

Prefiere tener la sangre fría para evitar saltar en el tiempo y regresar a esos momentos que le dieron una felicidad bastante cara por el precio de su paz mental.

Recuerda que le fue difícil liberarse de ese círculo vicioso, no lo quería romper porque aún pensaba que podrían mejorar; pero él regresaba a aquellos lugares que le hicieron daño y la arrastraba con él, a su infierno, a su desesperación de volver a ser lastimado pero admirado. Heridas que no eran visibles para nadie ni para ella, pero se encarnaban  en la profundidad de su piel hasta llegar a su torrente sanguíneo. Las toxinas de estas heridas intentaban propagarse por el cuerpo de ella, pero su sangre comenzó a despertar aquel don, la energía que evocaba era de gran impacto que quedaba desmayada.

Al despertar, se sentía agotada pero liberada. No sabía por qué tenía los desmayos, pero eran como sueños lúcidos. No eran los clásicos sueños lúcidos donde llegas o apareces en una determinada escena, no, era más como transportarse en una máquina del tiempo. No, tampoco eran así, era como si te subieras en un avión, o cuando te desconectas un rato de tu vida cotidiana, te pones a leer o ver una película; y de pronto, en un determinado tiempo, estás en tu destino sin preocuparte mucho.

Aquí es un poco distinto. Ella se preocupaba por el destino, llegaba a los momentos más dolorosos que vivió junto a él, escenas de constantes rechazos y humillaciones; sin poder irse. Al principio pensó que, si no eran sueños lúcidos, eran como los déjà vu, sentía como si estuviera en el momento presente aunque ya lo hubiera vivido. En otras ocasiones, algo que sabía que ya había vivido lo sentía extraño, alejado de ella y su conciencia.

En varias de aquellas escenas realistas estuvo a punto de encontrarse con ella misma, no estaba segura de si eran ciertas las hipótesis de las historias de ciencia ficción, y que por temporadas era una ávida lectora; prefería ser precavida y sólo mirarse de lejos. Sin embargo, conforme viajaba más seguido a su doloroso pasado, era más la rabia que sentía por salvarse; tampoco estaba segura de si podría servir de algo para su presente o sólo sería una ligera alteración en aquel espacio-tiempo, y que en pocos minutos regresaría a lo que había sucedido.

Recordaba la película “Efecto mariposa”, estaba dispuesta a alterar su pasado, pero en cada ocasión se detenía; no quería alterar su presente, le costó mucho —más que desmayos y una sangre alterada de toxinas—, la tranquilidad que disfruta cada día.

Muchas veces pensaba: ¿Para qué me puede servir este don si no quiero cambiar cosas tristes?…

Se le olvidaba que así como en sus historias de ciencia ficción, hay personajes que viajan al futuro.

¿Qué tal si ella pudiera viajar al futuro de otras personas?

Le arrancaría los ojos, cada uno de sus dedos, sesos y hasta la piel, el corazón es lo único que no tocaría porque nunca tuvo un lugar ahí.

Sueña con hacerlo, pero cuando viaja en la vida de él, se pregunta: ¿qué momento será adecuado para deshacerme de él?

Quiere que él vea lo que ella le hace, no será una metáfora de lo que le hizo, sentirá el dolor que penetró en cada célula por años.

Eligió como primeras apariciones, los momentos que vivieron juntos. Después conocería más de sus otras vidas con otras personas, con otras mujeres; como una vez le dijo: yo tengo otra vida, no es mi culpa...

Quizás eso le daría una señal, cuando en su presente coincidieran en algún lugar, la viera a los ojos y sintiera un miedo irreconocible; ella le regresará la mirada y seguirá su camino, inmutable.

Sin volver la mirada atrás, esboza una ligera sonrisa, es la mujer de sus pesadillas.

Algunas noches, antes de dormir profundamente, decide ir a la vida pasada, presente y futura de aquel hombre, destroza cada miembro y trozo de su ser.

Él pensará que su mala suerte es a causa del destino o alguna maldición, quizás algún día vaya a hacerse una limpia.

Pero su vida fue, es y será como él, detestable.

Ella regresa a su cuerpo, descansa tranquilamente, sabe que su alma y cuerpo sanan un poco más con cada sueño, aunque para él sean pesadillas.

Sabe que algún día dejará de visitar la vida en cada tiempo de este hombre, no porque su venganza haya terminado; en casa la esperan, tiene otras vidas que disfrutar.

Mira a su gatita y gatito acurrucarse junto a ella, se preparan para dormir. Cada noche amasan la cobija azul, se alistan para viajar a través de los eones junto a su mamá.

Soy comunicóloga de lunes a viernes, lectora y autora en mi tiempo libre. Comparto mi vida con mis dos gatos: Parkour, una gatita gris, y Chester, un gatito gris con blanco. Me interesan las historias de terror y aquellas historias que dejan un rompecabezas. Mantengo la esperanza de compartir mis cuentos; cuando escribo, me siento libre y deseo que perciban esa libertad.

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