Fabiola Morales Gasca: Mi otra yo

En tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo; el futuro, dudoso; el pasado, cierto. Lucio A. Séneca

A la otra Fabiola, que gusta saltar tiempos, siempre le ocurren cosas interesantes.  Ella camina por el boulevard Cinco de Mayo rumbo a la calle Juan de Palafox y Mendoza  de forma segura, sonriente. A ella siempre la voltean a ver. Deshace con su sonrisa a la hosquedad más fuerte y el lento servicio de cualquier empleado malhumorado, transformándola en alegre presteza. Es a ella a quien le ocurren las cosas positivas. En cambio, yo estático en este mundo y tiempo, camino entre el gris tráfico y el negro humor de gente mal refugiada en esta ciudad de crecimiento incontrolable e incapaz de amar.

Acá arrecia un aguacero; acelero el paso y anhelo llegar al trabajo lo más temprano posible para desmoronarme de forma mecánica y contemplar de forma silenciosa la antigua piedra del edificio que me albergará bajo la lluvia como cachorro perdido sobre el regazo de un león semidormido. Mi yo tendrá noticias virtuales de los próximos trabajos por entregar. Me pregunto ¿qué se sentirá tener en las manos cartas correctamente selladas, con firmas? ¿Cómo se sentirá mi nombre escrito en el papel? ¿Qué redondez tendrán las letras escritas a mano, a puño y letra? Apenas lo recuerdo. La otra Fabiola disfrutará de la mañana soleada, abrirá lento los sobres de las cartas, olerá las hojas y saboreará lentísimo su taza de café mientras mira con serenidad y condescendencia la protesta de cientos de comerciantes que cierran a beneplácito las calles principales del centro histórico de la ciudad. Esta yo va a lidiar con la humedad, el exceso de autos, transeúntes molestos y tal vez, en el peor de los casos, como ya ocurrió una vez, seré atropellada por un ciclista que huye del caos vial. Aún  no adivinaré la edad del ciclista con su voz falsa de «¡Disculpe, disculpe! ¡No la vi venir!» Me sacudiré el lodo de la falda, recogeré mi cabello; apenada y cojeando diré que no pasó nada, que tenga cuidado para la siguiente vez. Por supuesto, mi otra yo se librará esa siguiente vez y el ciclista apenado le sonreirá.

Aún no hay reconciliación entre nosotras; ella vive allá, saltando dimensiones temporales: extrovertida, feliz. Yo acá, sin amigos, taciturna, gris. Pero coincidimos en lo básico sin importar las líneas paralelas del tiempo ni los universos alternos. Ambas amantes de los libros y de la buena Literatura, ambas miramos la ventana y contemplamos la silueta desafiante de los volcanes. Ambas luchamos por evadir lo superfluo, lo banal del lenguaje, de no ceder a lo que nos devore nuestro tiempo de vida, a caer en lo que nos agobie y limite. Ambas esperamos lo que no vendrá. Ambas luchamos cada día por nuestras metas; utopías que se alejan alegres a cada paso que damos y, sin embargo, lento nos permiten avanzar. —Lentísimo avanzamos—. Ella, tocando guitarra, bailando, apasionada domadora de gatos y tigres e hipnotizadora de piedras eternas que como serpientes se enroscarán en los pensamientos, alegres saltarán en bosques de blancas hojas, para llenar extensas bibliotecas que siempre anheló escribir. Ella se dirá autora de incontables obras. Yo apenas escribiré pocas hojas a la semana. Apenas me reconoceré en sus cuentos, en sus poemas, apenas seré un renglón entre sus innumerables libros. No obstante, apenas puede librarse de mí y yo de ella. Soy una ficción en fuga entre sus piruetas de tiempo. Mi otra yo me buscará; yo disfrutaré ocultarme. Me esconderé entre sus remembranzas y fases. Tal vez ella encuentre el amor y yo cuide a los gatos. Universos paralelos floreciendo. Y aunque no toque excelsa la guitarra ni embruje cascabeles ni cobras, y a duras penas llene una hoja, ella regresará a mí una y otra vez como su fuente inagotable de creatividad. Así ambas cuidaremos este jardín regalado de Minerva y Afrodita. Ambas concluimos que Tiempo y Espacio son superfluos. Por supuesto, ahora yo redacto, mientras  ella camina cerca de la fuente de los sapos, con hermoso vestido y zapatillas de suela roja, pero llegando a casa no sé cuál de los dos escribirá la siguiente página.

Maestra en Literatura Aplicada en la Universidad Iberoamericana Puebla. Diplomada en Creación literaria de SOGEM. Exalumna de la Casa del Escritor y Escuela de escritores IMACP. Autora de Para tardes de Lluvia y de Nostalgia (2014), Crónicas sobre Mar, Tierra y Aire (BUAP, 2016). Eclipses (Bitácora de vuelos, 2022). Rueda del Dharma (Chicatana Ediciones, 2024) La llave plateada de la Noche (BS Editorial, 2025). Participante en antologías de Argentina, Chile, Colombia, España, Estados Unidos, México, Paraguay, Perú y Venezuela.

Deja un comentario